Día de la no violencia contra las mujeres

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Cada 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Pero, ¿por qué se eligió esa fecha? Ese mismo día, del año 1960, fueron asesinadas de manera brutal tres hermanas en la República Dominicana. Treinta y nueve años más tarde, la Asamblea General de la ONU decidió marcar ese día en su memoria.

Las hermanas Mirabal: Minerva, María Teresa y Patria, asesinadas el 25 de noviembre de 1960.

Patria, Dedé, Minerva y María Teresa Mirabal eran cuatro hermanas que nacieron en Ojo de Agua (República Dominicana). Todas ellas eran activistas políticas, símbolos de la resistencia a la dictadura de Rafael Trujillo. En una de las ocasiones en las que Minerva, María Teresa y Patria volvían de visitar a sus maridos encarcelados, se toparon con unos agentes del Servicio Militar de Inteligencia en un lugar solitario. Fueron golpeadas repetidas veces y estranguladas hasta la muerte. Para tratar de encubrir el crimen y simular un accidente, los agentes metieron sus cuerpos ensangrentados en el vehículo en el que viajaban y las arrojaron por un precipicio.

Hace unos días nuestro país lloraba a la miss Honduras asesinada junto a su hermana, esto es tremendamente terrible y ha conmovido a much@s, sin embargo este caso de connotación pública podría ayudarnos a salir de nuestro adormecimiento y obligarnos a mirar la realidad hondureña que nos supera por su violencia, pero una gran porción de violencia en Honduras se ejerce hacia las mujeres, la fallecida miss Honduras pasa a engrosar un vergonzoso numero de femicidios que asciende a mas de 300 en lo que va de este año, evidenciando la situación de violencia generalizada hacia la mujer  y la poca o casi nula respuesta de el Estado en cuanto a prevenir la violencia, investigar los crímenes y hacer justicia. Mas de 300 mujeres han muerto por causa del machismo en Honduras, y en este mismo momento hay mujeres en todo nuestro país que están siendo violentadas fisica, sexual y/o psicologicamente.

*Debemos exigir responsabilidades de forma individual y colectiva, al agresor, a quienes rechazan educar en igualdad, a las instituciones que no dotan de los recursos necesarios, a todas las personas que con sus palabras perpetúan comportamientos machistas, a la gente que no incluye sino excluye, a quienes restan y no suman, a las políticas miopes, a esa parte de la iglesia que aún no denuncia con suficiente firmeza y rotundidad todas y cada una de las agresiones que sufren las mujeres. Desde aquí pido a la iglesia que se convierta en la voz de las maltratadas, de las víctimas, que tome las riendas de este fenómeno que atenta contra los más básicos derechos humanos, que incorpore un registro en sus web institucionales, que desde los púlpitos condene con energía cada caso de violencia, que establezca líneas de apoyo, que dote de ayudas específicas, que visibilice todas las prácticas y situaciones que trasgredan su dignidad.

25 de noviembre, hay que prevenir y proteger, la sociedad ha contraído una deuda con las mujeres. Y este es el mensaje revolucionario del evangelio, la piedra angular, iguales: «Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús » Gálatas 3:28.*

*texto extraído de eclesalia Informativo

LA FIESTA DE CRISTO REY

Cuando el papa Pío XI instituyó la fiesta de Cristo Rey en 1925, todos los poderes terrenos de la Iglesia se estaban desvaneciendo y la Iglesia necesitaba reafirmar sus poderes espirituales. Más allá de estas motivaciones inconscientes un tanto teñidas de la mentalidad triunfalista de la época, debemos reconocer la asertividad de este título aplicado a Jesús despojándolo de todo triunfalismo, tentación siempre actual para nuestra Iglesia que sueña con extender su influencia y su poder, y liberándolo de la imagen que nos hemos hecho con la monarquía. Entonces ¿En qué sentido y cómo podemos hablar de Jesús como Rey?

En primer lugar, es preciso decir que en su vida terrenal, Jesús nunca aceptó ser nombrado rey y rechazó con fuerza esta propuesta como una tentación del diablo. Este rechazo se debe a que el reinado de Jesús no coincide con el que han ejercido y siguen ejerciendo los que detienen poderes en nuestro mundo: presidentes, príncipes, reyes y gobernadores. Jesús no ha conquistado el Reino con ejércitos, con armas, con violencias y guerras, sino con amor. “Saben que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre ustedes, sino que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor, y el que quiera ser el primero entre ustedes, será su esclavo” (Mt 20, 26-27).

Muchas veces vemos representado a Cristo Rey con una corona de oro… Esta imagen no corresponde a la de los evangelios. La palabra de Dios nos habla del nacimiento pobre de Jesús  entre los pobres y marginados. Tocaba a los leprosos y prefería la gente normal a los poderosos del pueblo. No tenía dinero. Lavó los pies de los suyos. Murió desnudo en una cruz y abandonado por los suyos. Jesús crucificado es un rey extraño: su trono es la cruz y su corona de espinas.

Pablo lo retrata así: “El cual, siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo  semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que, al nombre de Jesús, toda rodilla  se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos. Y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre” Filipenses 2, 6-11

Así éste que,  al final del año litúrgico, proclamamos como Rey victorioso es el mismo que se hizo servidor de los pequeños, de los que necesitan ayuda, de los pobres y marginados, hasta sufrir hambre y sed, ser rechazado, encarcelado, hasta morir en la cruz.  El Rey que celebramos fue víctima de los poderes civiles y religiosos injustos, y se identifica con los que sufren bajo el poder opresor y con las víctimas de la violencia: los hambrientos, los sedientos, los desnudos, los encarcelados, los perseguidos, los extranjeros, los enfermos.  “Tuve hambre, estuve desnudo, estuve en la cárcel, enfermo…” “Me dieron de comer, me vistieron, me visitaron, me fueron a ver”. (Mateo 25, 35-36) Este es el rey que Juan en el Apocalipsis no duda en presentarnos con pleno poder: “Tuve una visión. He aquí que una puerta estaba abierta en el cielo… Vi que un trono estaba erigido en el cielo, y Uno sentado en el trono”. (Apoc. 4, 2)

Para entrar en esta lógica de Dios, es preciso romper nuestros viejos esquemas mundanos de “Una Iglesia que solo piensa en los triunfos, en los éxitos, que no se sabe aquel método de Jesús: el método del triunfo a través del fracaso, el fracaso humano, el fracaso de la Cruz”… “el triunfalismo frena a la Iglesia: es la tentación del cristianismo sin Cruz, la Iglesia tiene que ser humilde” (Papa Francisco, Misa en Santa Marta).

Delegado Honduras

En este día de la festividad de Cristo Rey, queremos saludar y felicitar a tod@s l@s delegad@s de la Palabra de Dios, que hoy celebran su día y les deseamos ser testigos vivos de Jesús humilde y pobre sirviendo a la manera de Jesús y contemplándolo en los más pequeños.

André Dionne pmé

Hoy se conmemoran los 25 años de la convención de los derechos de los niños y niñas, valoramos los esfuerzos de cuant@s trabajan por que estos derechos se cumplan en pos del bienestar de nuestr@s niñ@s, Sin embargo vemos a diario como muchos de estos derechos son vulnerados en nuestro país y alrededor del mundo. Hacemos eco de esta fecha, sin embargo queda mucho por hacer, los derechos de nuestr@s niñ@s deben ser mas que palabras en un papel, debe ser una realidad! Tod@s, debemos trabajar por garantizar estos derechos!ddniñxs

“En la Dulce alegría de evangelizar”

En mi misión en Chile,  realmente Dios me permite vivir en fraternidad con quienes formamos el grupo: Yanina, Padre Eduardo, Frida, Padre Denis, Natividad, Padre Marcelo y su servidora.  Aquí cada uno con sus dones tratamos de convivir la alegría del evangelio en comunidad y con los demás y  aunque aveces no es fácil, gracias a Dios y a mi comunidad fraterna me he ido adaptando, haciendo presencia misionera en dos capillas la Inmaculada y San José que pertenecen a la parroquia Buen Pastor.

¿Quién me mostró el camino? Mi querido Padre Francisco Bélec, que ya ha regresado a Canadá.¿Cómo lo hago? pues en bicicleta voy y vengo en 2 horas a la capilla Inmaculada y a la capilla San José voy y vengo en 1 hora.

Hasta hoy mi trabajo  ha sido cocinar todos los días para personas de la calle,  además de escucharles y curar sus heridas por que  no son atendidos en la posta, muchas veces me toca levantar al que está tirado en la calle, congelado de frió y llevarlo al centro de salud para que sea atendido y la mayoría de la veces debo  insistir y hablar 3 veces para ser escuchada. Para mi es un gran desafío ya que son personas que están en el mundo de la droga , junto con ellos se trata de quitar el pasto de las capillas  y  varios colaboran, ellos se sienten agradecidos conmigo por la atención que les doy,   me dan las gracias y  me colman de bendiciones. Yo soy feliz de ser y estar en esta misión en tierras chilenas.

Entre ambas capillas atendemos a mas de 120 personas, en la parroquia dan algunas cosas para cocinar y otras se  obtienen de bienhechores, sin embargo para estos últimos meses no tenemos plata para el pan, pero algo haremos!!!

Estoy contenta y agradecida con los amigos de la SME que aprobaron el mini proyecto para comprar ollas y vasos.

Es un gran desafío hoy en día ser misionera. Sin embargo, en todos quienes me encuentro cada  día veo a Jesús .

Abrazos y Bendiciones

Lilian SanchezLilian Azucena Sánchez Herrera, Misionera laica en Chile desde mayo 2014, originaria de la Diócesis de Choluteca,Honduras.

25 Aniversario de los mártires de la UCA

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LA EXIGENCIA DE UN CAMBIO PROFUNDO EN LA IGLESIA CATÓLICA

El Padre Joseph Moingt S.J. tiene 99 años, pero se muestra siempre joven de espíritu e incisivo. Ante la situación de crisis que viven las Iglesias de Europa y de América del norte, él  está convencido que es necesario volver al evangelio más que a la religión para que el espíritu  evangélico pueda ser entendido en el mundo actual.

Queremos compartir sus reflexiones con ustedes.  Ellas están en el corazón de los temas que circulan en la Iglesia católica actual y nos pueden ayudar a comprender mejor nuestra vocación misionera.

RESUMEN  DE LA CONFERENCIA DE JOSEPH MOINGT, ”FAIRE BOUGER L´EGLISE CATHOLIQUE »  (DDB, p. 47- 66)

  1. ¿Es necesario y es posible cambiar las estructuras de la Iglesia?

La reforma de las estructuras de la Iglesia tiene su fundamento “en argumentos serios sacados del evangelio, de la práctica y la enseñanza de la Iglesia apostólica, de la situación contemporánea de la Iglesia, del mundo y de sus relaciones recíprocas, de las necesidades y las condiciones de la misión en el contexto actual”; no hay que “reducir esta reforma a una cuestión de poder y de poder sagrado, como si se tratara de quitar poder a los que tienen demasiado, Papa, obispos y sacerdotes, para dárselo a los que no lo tienen, es decir a los laicos”.

 “Se adivina la amplitud de las reformas que hay que hacer cuando constatamos  que la Iglesia se construyó desde los siglos más lejanos sobre el solo principio de autoridad, de la autoridad sagrada, absoluta, jerárquica y monárquica; por lo tanto, si se trata de hacer un espacio a la libertad de los laicos, lo que no se hará si no se les reconoce ciertos poderes, el problema será de soltar el engranaje del poder eclesiástico en cada uno de sus niveles organizacionales”

 Pero, ¿Cómo? En primer lugar, tenemos que admitir que es imposible una reforma venida de arriba. “Empecemos por abajo. En el nivel geográfico y administrativo más bajo de la pirámide eclesial, se encuentra la parroquia, organizada en vista de las necesidades religiosas del territorio que abarca. La falta de sacerdotes ha llevado a un movimiento general de agrupación de parroquias que no se termina ni se terminará en los años venideros hasta hacer de ellas entidades más y más grandes, con esta consecuencia que ya no hay comunidades cristianas en los campos y en muchas colonias urbanas. La reorganización en vista de la misión va a exigir el término y la inversión de este movimiento de agrupación cuya única finalidad es asegurar el culto”.  La comunidad de los cristianos nacerá y se formará en el lugar más cercano y propicio  al territorio o ambiente donde ellos asumen una presencia misionera y en función de ella y no de la disponibilidad de  sacerdotes para el culto.

El mantenimiento de la estructura jerárquica centrada en  lo cultual necesita la trasmisión del sacerdocio ministerial. “Existe vida y poder en la Iglesia sólo gracias a la transmisión del Sacerdocio. Si éste viene a faltar, la Iglesia está destinada a morir. Se entiende por qué los obispos, preocupados, van a buscar sacerdotes a los cuatro rincones del mundo, mientras otros sueñan con la ordenación de hombres casados, sin embargo, son remedios “parches”. Una sociedad que ya no produce sacerdotes es una sociedad que no desea reproducirse sobre el modelo de su pasado religioso.  Aunque no tenga alternativa, no desea repetir más de lo mismo.

….¿Cómo podríamos dar prioridad al anuncio del evangelio en el mundo secularizado cuando la Iglesia sólo está preocupada de su sobrevivencia y parece condenada a corto plazo?…

Entonces,

“… Es vano pensar que la Iglesia pueda cambiar sus estructuras… lo que podemos esperar es que, cuando esté ya sin recursos, el Espíritu Santo le hará ver que tiene en el evangelio toda posibilidad para innovar sin tener que renegarse. … El cristianismo está fundado sobre la debilidad y la locura de la cruz, que se revelan al creyente como la fuerza y la sabiduría de Dios (1 Cor. 1, 21, 25). Esperanza sin ilusión, porque la vida sólo puede salir de la muerte que se debe aceptar de antemano”…. Es vano pensar que la Iglesia pueda cambiar sus estructuras, “porque toda reforma parece excluida de antemano, ya que la Iglesia quiere “mantener a toda costa un status sacerdotal nacido de la edad Media” y manifiesta una “voluntad de auto conservación casi suicida”; cuando ninguno pone su esperanza en la re-vivencia de lo religioso…. Si hay un motivo de esperar contra toda esperanza, es apostar sobre el evangelio, no sobre la religión.

 Para iniciar un cambio. 

  • Con paciencia, hacer pequeños desvíos con respecto a las reglas habituales
  • Dejar morir algunas tradiciones “añejas”
  • Tomar iniciativas para algunas innovaciones audaces…
  • “La primera cosa será: hacer que exista una comunidad aunque está se reduzca a algunos cristianos”, una comunidad donde sus integrantes encuentra un “terreno” a evangelizar. Este “terreno” no es necesariamente territorial como la parroquia. Puede ser ambiental. En estos terrenos, en estos ambientes los cristianos desean dar visibilidad al evangelio.

La pequeña comunidad se organiza en función de su especificidad, su razón de ser: el compartir del evangelio, la oración comunitaria y la vida espiritual.

  • La segunda etapa será: afinar y activar el perfil misionero de la comunidad. “Habrá que discernir a la luz del evangelio los problemas que deben movilizar prioritariamente su actividad misionera, no problemas religiosos, sino humanos”… Estas comunidades circulares trabajarán en la restauración del sentido de lo humano en el mundo.  Por eso, tendrán que discernir donde hay más injusticias que reparar, más incomprensiones entre la gente, donde hay heridas de humanidad que sanar”. No serán misioneros quedándose siempre en el círculo de la comunidad, sino participando y reflexionando con otros,  practicantes o no,  creyentes o no, que trabajan en el mismo terreno o ambiente.
  • La tercera característica y etapa de esta comunidad misionera será de multiplicarse o de suscitar la creación de otra y otras comunidades para extender su zona de influencia  y enriquecerse con el aporte de otros. En la medida  del crecimiento de estas comunidades diversas por sus actividades y su naturaleza, surgirán problemas que exigirán soluciones;  ¿cómo asegurar la coordinación y la dirección? ¿Cómo evolucionar hacia nuevas formas de celebraciones eucarísticas? La resolución de estos problemas será como tantas brechas de un cambio necesario en nuestras estructuras físicas, mentales y espirituales.

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Joseph Moingt, nacido en Salbris (Francia) en 1915, ha dedicado su vida a la enseñanza de la teología en el Centro Sèvres y en el Instituto Católico de París. Pertenece a la Compañía de Jesús.

Clausura Cfam-Cemac 2014

GRUPO2014

Hemos llegado al final de nuestro año de formación en Cfam-Cemac este 2014, donde  hubo seis jovenes: cinco  mujeres y un varón. Estos son: Argentina Saavedra  (Filipinas); Angi  Linares (Venezuela); Fany  Moradel  y  Gabriela  McCarthy s (Honduras); Carolina  Romero  y  Oliver Carranza (Costa Rica).

Este grupo de seis jóvenes supo desarrollar, desde el principio del año fuertes lazos de amistad y de ayuda mutua realmente dignos de mencionar. La alegría y la integración de cada cultura han sido las monedas de nuestro vivir y compartir cotidiano

Hubo, por supuesto, momentos de discordia, de disgustos y de pequeños enfrentamientos. Pero todo se resolvió con un diálogo sincero y espíritu de fraternidad.

Todos terminamos este año de formación 2014 diciendo al unísono: Que se haga en mí, en nosotros, según Tu Voluntad.

Marcos Michaud pmé, Director de  CFAM-CEMAC

Les invitamos a leer los testimonios de Gabriela y Fanny, acerca de lo vivido en este proceso de formación, haciendo click en los enlaces siguientes:

A CORAZON ABIERTO

EL ESPÍRITU DE LA MISION ARDE EN MI CORAZÓN

El Misterio de la Muerte

A continuación les presentamos la Homilía de Monseñor Raul Corriveau en la misa funeral de nuestro compañero Pierre Drouin pmé, quien falleció el pasado 26 de octubre en Canadá. 

Dicha misa se realizó en la parroquia La Guadalupe, en Tegucigalpa, con la presencia de varios pmé y asociad@s, asi como también de muchas personas cercanas al padre Pedro.

 

Lecturas:

1 Ts 4, 13-14, 17b-18

Jn 11, 17-25

 “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá” (Jn 11, 21). En estas palabras de Marta, la hermana de Lázaro, se expresan dos sentimientos que nos embargan en estos momentos: dolor por la separación de un ser querido y, a la vez, esperanza firme de que se trata efectivamente de una separación, pero no de una pérdida. La vida humana es demasiado valiosa para desaparecer sin dejar huellas.

Los cristianos creemos que la muerte no es término, sino tránsito; no es ruptura, sino transformación. Y esto aparece muy claramente en un prefacio de la misa de difuntos: “Para quienes creemos en ti, Señor, la vida no se acaba, se transforma”. Creemos pues que, cuando nuestra existencia temporal llega al límite extremo de sus posibilidades,  en ese límite se encuentra no con el vacío de la nada, sino con las manos del Dios vivo, que acoge esa realidad entregada y convierte esa muerte en semilla de resurrección.

La muerte es ciertamente la crisis radical del hombre. Alguien ha dicho irónicamente que la muerte es la expropiación forzosa de todo ser y todo el haber de los humanos. Es además una crisis irrefutable, a la que difícilmente podemos responder; quitándoles el ser,  la muerte les quita también la palabra; es muda y hace mudos.

Sólo Dios puede responder a esa interpelación. Si realmente es Dios fiel y veraz, el Padre misericordioso, el amigo y aliado del hombre, no puede contemplar indiferente lo que le ha ocurrido a su hijo. Dios está ahí para responder por él; y su respuesta es el cumplimiento de la promesa de vida y de resurrección.

Pablo decía a los fieles de Tesalónica, en una situación parecida a la que ahora estamos viviendo: “No se aflijan como los hombres sin esperanza” (1 Ts 4, 13). El Apóstol no prohíbe a los cristianos su tristeza; pero les advierte que la suya no tiene por qué ser una tristeza desesperada. A la separación sucederá el encuentro, en un plazo más o menos próximo, pero en todo caso seguro y ya a salvo de toda contingencia.

El cristiano, como Cristo,  no muere para quedar muerto, sino para resucitar. La vida no cae en el vacío, en la nada. El cristiano  la devuelve a su Creador y en Él alcanza esa plenitud de ser y de sentido que es la vida verdadera y que llamamos vida eterna. Porque, notémoslo bien, no hay dos vidas, ésta y la otra; lo que se suele designar como “la otra vida” no es, en realidad, sino esta misma vida que alcanza su plenitud, la que había comenzado con el bautismo y la fe (“quien cree posee la vida eterna”, cf Jn 5, 24) y que ahora se consuma en la comunión inmediata con el ser mismo de Dios.

Por otra parte, estamos reunidos aquí también para rezar por nuestro hermano Pedro. La separación que la muerte representa no significa que Pedro queda ahora fuera del alcance de nuestro amor. Nuestro amor le llega, en la medida que lo necesite, en forma de oración. Y es toda la Iglesia la que ahora se une a nosotros, avalando, con su intercesión, a este hijo suyo en el momento crítico de su comparecencia ante Dios.

No comparece en solitario; nosotros estamos con él, la Iglesia está con él, y evoca para él las palabras consoladoras del evangelio: “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; pasa al banquete de tu Señor” (Mt 25, 21).

Con estos sentimientos de dolor esperanzado, de amor solidario, participemos en la Eucaristía que ofrecemos ahora en sufragio de nuestro hermano Pedro, Una Eucaristía que es celebración de su encuentro con Cristo y a la vez expresión de nuestra fe profunda en la resurrección.