LA FIESTA DE CRISTO REY

Cuando el papa Pío XI instituyó la fiesta de Cristo Rey en 1925, todos los poderes terrenos de la Iglesia se estaban desvaneciendo y la Iglesia necesitaba reafirmar sus poderes espirituales. Más allá de estas motivaciones inconscientes un tanto teñidas de la mentalidad triunfalista de la época, debemos reconocer la asertividad de este título aplicado a Jesús despojándolo de todo triunfalismo, tentación siempre actual para nuestra Iglesia que sueña con extender su influencia y su poder, y liberándolo de la imagen que nos hemos hecho con la monarquía. Entonces ¿En qué sentido y cómo podemos hablar de Jesús como Rey?

En primer lugar, es preciso decir que en su vida terrenal, Jesús nunca aceptó ser nombrado rey y rechazó con fuerza esta propuesta como una tentación del diablo. Este rechazo se debe a que el reinado de Jesús no coincide con el que han ejercido y siguen ejerciendo los que detienen poderes en nuestro mundo: presidentes, príncipes, reyes y gobernadores. Jesús no ha conquistado el Reino con ejércitos, con armas, con violencias y guerras, sino con amor. “Saben que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre ustedes, sino que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor, y el que quiera ser el primero entre ustedes, será su esclavo” (Mt 20, 26-27).

Muchas veces vemos representado a Cristo Rey con una corona de oro… Esta imagen no corresponde a la de los evangelios. La palabra de Dios nos habla del nacimiento pobre de Jesús  entre los pobres y marginados. Tocaba a los leprosos y prefería la gente normal a los poderosos del pueblo. No tenía dinero. Lavó los pies de los suyos. Murió desnudo en una cruz y abandonado por los suyos. Jesús crucificado es un rey extraño: su trono es la cruz y su corona de espinas.

Pablo lo retrata así: “El cual, siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo  semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que, al nombre de Jesús, toda rodilla  se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos. Y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre” Filipenses 2, 6-11

Así éste que,  al final del año litúrgico, proclamamos como Rey victorioso es el mismo que se hizo servidor de los pequeños, de los que necesitan ayuda, de los pobres y marginados, hasta sufrir hambre y sed, ser rechazado, encarcelado, hasta morir en la cruz.  El Rey que celebramos fue víctima de los poderes civiles y religiosos injustos, y se identifica con los que sufren bajo el poder opresor y con las víctimas de la violencia: los hambrientos, los sedientos, los desnudos, los encarcelados, los perseguidos, los extranjeros, los enfermos.  “Tuve hambre, estuve desnudo, estuve en la cárcel, enfermo…” “Me dieron de comer, me vistieron, me visitaron, me fueron a ver”. (Mateo 25, 35-36) Este es el rey que Juan en el Apocalipsis no duda en presentarnos con pleno poder: “Tuve una visión. He aquí que una puerta estaba abierta en el cielo… Vi que un trono estaba erigido en el cielo, y Uno sentado en el trono”. (Apoc. 4, 2)

Para entrar en esta lógica de Dios, es preciso romper nuestros viejos esquemas mundanos de “Una Iglesia que solo piensa en los triunfos, en los éxitos, que no se sabe aquel método de Jesús: el método del triunfo a través del fracaso, el fracaso humano, el fracaso de la Cruz”… “el triunfalismo frena a la Iglesia: es la tentación del cristianismo sin Cruz, la Iglesia tiene que ser humilde” (Papa Francisco, Misa en Santa Marta).

Delegado Honduras

En este día de la festividad de Cristo Rey, queremos saludar y felicitar a tod@s l@s delegad@s de la Palabra de Dios, que hoy celebran su día y les deseamos ser testigos vivos de Jesús humilde y pobre sirviendo a la manera de Jesús y contemplándolo en los más pequeños.

André Dionne pmé

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