UN NUEVO MUNDO

YessicaPasó un año ya desde mi llegada a tierras camboyanas. Fui recibida por mi comunidad con los brazos abiertos y con alegría a pesar de la perdida invaluable que había sufrido con la muerte de nuestro compañero Denis Carrier. «Hemos confiado y nuestra vida  está en manos de Dios». Así que, con tristeza y pesares, ellos me fueron dando un lugar en sus vidas y yo me fui abriendo espacio para vivir en esta nueva realidad.

A lo largo de este tiempo de estudio del Idioma, me dediqué a conocer nueva gente, adaptarme y conocer la cultura. Puedo decir que después de todo este primer año no ha sido tan estresante como alguna vez pude haber imaginado.

Estando aquí, las primeras cosas que hice fue observar, callar y esperar. Haciendo eso me di cuenta de lo difícil que era para mi entender la cultura y mentalidad de un pueblo que sufrió una guerra tan cruel (1975-78) y ver que lo que para nosotros significa abuso, violencia y valores morales para ellos no tiene demasiada importancia. Aparentemente todo es tranquilidad, pero es porque la gente no se atreve a mencionar lo que sufre dentro de sus propias familias o trabajos. Aquí hay miles de tabúes que muchas veces llegan a sorprenderme e indignarme, muchas cosas que no han sido tan agradables saber. El tiempo pasa y parece que estamos viviendo aun en una época desconocida.

A este punto y con este sentimiento comencé a preguntarme: ¿Dios está realmente aquí?  Empecé a observar más profundamente y sin juzgar. Fue una maravilla ver la presencia de DIOS vivo en cada persona aunque no sean Cristianos.

En una ocasión visité una familia y me di cuenta que no tenían refrigerador, horno, microondas o helera. Sólo tenían una pequeña estufa. En una ciudad como ésta y pensando en el clima tan caluroso de aquí, me pregunté qué hacían para guardar su comida y que no se les arruinara para el siguiente día. En unos pocos minutos me di cuenta que ellos viven al día. Es decir,  consumen lo poco que encuentran en el día, y mañana será un nuevo día. Ellos no se preocupan por guardar para mañana, y son completamente libres y felices así. Tal vez no conocen el evangelio pero lo viven: «Mira las aves del cielo : no siembran  ni cosechan, no tienen granero ni despensas, y Dios los alimenta» (Lc 12, 24) «CADA DÍA TIENE SU AFÁN» ¿Para qué preocuparnos tanto si con Dios lo tenemos todo? Incluso ellos siendo budistas lo saben.

Y así he aprendido a admirar cada día los pequeños y hermosos regalos que DIOS  nos trae. Algo que no es diferente a lo que vivimos en Honduras, pero tuve que venir aquí para que mis ojos se abrieran.

Si me preguntan :  ¿qué haces en Camboya? Diré como un buen amigo me dijo: Al igual que Jesús, este es mi tiempo de vivir mi vida oculta, en la cual me estoy preparando para lanzarme a mi vida pública. Soy sincera al decir que no hago nada. Simplemente observo, me deleito, me alegro con los demás y me entristezco con las situaciones no tan buenas. Vivo, acompaño, acepto, soy yo misma, espero pacientemente y me dejo guiar por Dios hacia el corazón del pueblo al que me envió y al trabajo que debo realizar.

Este es mi mundo ahora. Esta es mi tierra prometida.

Esto es Camboya.

Jessica Guzmán

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