MOVIMIENTO CATOLICO MUNDIAL POR EL CLIMA

Nos unimos , como SME Honduras, al movimiento católico mundial por el clima, por la creación, los mas pobres y las futuras generaciones MCMC.

¿De que se trata?

Misión del MCMC

Estamos unidos por nuestra fe Católica y por el imperativo moral de responder y crear conciencia sobre el cambio climático. Animamos activamente la renovación de nuestra relación con la creación de Dios, para las generaciones actuales y futura

Objetivos 

  • Crear conciencia dentro de la Iglesia acerca de la urgencia de la acción climática a la luz de las enseñanzas sociales y ambientales de la Iglesia
  • Abogar por nuestros hermanos y hermanas en la pobreza, quienes están en la primer línea entre los más afectados por los efectos del cambio climático
  • Apoyar la solidaridad mundial por la crisis ecológica actual y restaurar nuestra relación con todas las especies
  • Promover la conversión ecológica a través del cambio personal y organizacional, para reducir nuestras emisiones de dióxido de carbono
  • Avanzar en la relación de los católicos entre la Fe y la razón, especialmente en lo que se refiere a la toma de decisiones de adaptación en las áreas de la política de cambio climático
  • Instar a políticos, empresarios y líderes sociales a comprometerse ambiciosamente con la acción climática para resolver esta crisis urgente y mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1,5 grados centígrados (respecto a niveles preindustriales)

Te invitamos a ingresar en este enlace y firmar esta petición!

FIRMA LA PETICION DE MOVIMIENTO CATOLICO MUNDIAL POR EL CLIMA DIRIGIDA A LOS LIDERES MUNDIALES

Para conocer mas e involucrarte puedes entrar a la pagina en español del movimiento haciendo click en MCMC

Equipo de Redacción Blog SME Honduras

«NADIE TIENE MAYOR AMOR QUE EL QUE DA LA VIDA POR SUS AMIGOS»

kolbeHoy  14 de Agosto  quisiéramos recordar a un hombre bueno, compartiéndoles que en esta misma fecha pero en el año 1941, Moría Maximiliano Kolbe, sacerdote franciscano polaco, conocido por dar la vida por otro compañero en un campo de concentración nazi, sin embargo su historia de amor y entrega a Dios y su devoción a la Virgen Inmaculada no se limita ese grandioso hecho, él también fue  misionero en su propia Polonia y en  Japón donde  fundó un monasterio en los alrededores de Nagasaki, y donde Kolbe tenía una de sus imprentas.

Cuatro años mas tarde de su pascua, fue lanzada la bomba atómica sobre Nagasaki (09/08/1945) todos los trabajadores fallecieron, sin embargo el monasterio milagrosamente sobrevivió a ese brutal ataque.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis invadieron Polonia y bombardearon la Ciudad de la Inmaculada, ciudad fundada por Kolbe,  llevándose prisionero al padre Maximiliano y a todos sus colaboradores. Él había fundado una radiodifusora y estaba dirigiendo la revista El Caballero de la Inmaculada. Todo se lo destruyó la guerra. Fue llevado al campo de exterminio de Auschwitz  , donde se le adjudicó el número 16.670.

A fines de julio de 1941 frente a la fuga de un prisionero del campo de concentración. Se cuenta que por la noche el  coronel Karl Fritzsch volvió a pasar lista y anunció que diez de ellos serian asesinados. A la mañana siguiente, Franciszek Gajowniczek fue uno de los diez elegidos por el coronel Fritzsch para ser ejecutados en represalia por el escapado. Cuando Franciszek salió de su fila, después de haber sido señalado por el coronel, musitó estas palabras: «Pobre esposa mía; pobres hijos míos» Maximiliano Kolbe, afectado por una tuberculosis desde bastante antes, estaba cerca y lo oyó. Enseguida, dio un paso adelante y le dijo al coronel: «Soy un sacerdote católico polaco, estoy ya viejo. Querría ocupar el puesto de ese hombre que tiene esposa e hijos». El oficial nazi, aunque irritado, finalmente aceptó su ofrecimiento y Maximiliano Kolbe, que tenía entonces 47 años, fue puesto, junto con otros nueve prisioneros, en ayuno obligado para que muriera. Los diez condenados fueron recluidos en una celda subterránea el 31 de julio de 1941. Pero , tras padecer tres semanas inanición, aún sobrevivía junto a otros tres condenados y los oficiales a cargo del campo querían dar otro destino a la celda, Kolbe y sus tres compañeros de celda fueron asesinados administrándoles una inyección letal. Los cuerpos fueron incinerados en el crematorio del campo.

Incluso en prisión y también en la celda de hambre, celebró, mientras pudo, todos los días la  Santa Misa,  distribuyendo la  Comunión a otros prisioneros: el pan dado a los prisioneros era  ácimo (sin levadura), utilizado muchas veces para la Eucaristía  ; guardianes que simpatizaban con él le hacían llegar el vino.

El papa  Pablo VI lo declaró beato en 1971; a la fiesta asistió Franciszek Gajowniczek (de 70 años), el hombre por el cual Kolbe había ofrendado su propia vida treinta años antes. El 10 de octubre de 1982  Maximiliano Kolbe fue canonizado.

Algunos días después de recordar la bomba atómica sobre Nagasaki y toda la muerte sembrada, hoy celebramos la vida de Maximiliano. Alguien escribió…En Agosto de cada año, se nos da una semana para reflexionar sobre lo mejor y lo peor que los seres humanos son capaces de hacer.

Equipo de Redacción Blog Smé Honduras

Testimonio Misionero de Ever Amador

Crecí en una familia cristiana católica, por lo que desde mi infancia fui  parte de grupos infantiles y juveniles en mi parroquia, ya a la edad de 15 me convertí en uno de los coordinadores de la pastoral juvenil. Mi parroquia “Madre Dolorosa” se encuentra en la salida a oriente, de Tegucigalpa, y su territorio comprendía en aquel momento 3 colonias y 2 aldeas, estas colonias se encuentran entre las más pobres de la ciudad. Aquí es donde empecé mis primeros pasos misioneros.

A los 17 años, empecé la universidad, y debido a los estudios no tenía tiempo suficiente para continuar con el trabajo pastoral en mi parroquia. Pasaba la mayor parte de mi tiempo en las aulas universitarias. Aquí es donde empecé a sentir la necesidad de hacer algo más por la Iglesia, sentía que había dejado de lado mi misión como cristiano.

Cuando estaba en tercer año de ingeniería, uno de mis compañeros de clase (Félix Reyes) me invitó a participar en las reuniones de pastoral universitaria. Comencé a participar en la reunión de la comunidad de estudiantes de ingeniería, además participaba en la misa una vez a la semana con los estudiantes de todas las facultades y, ocasionalmente en retiros y vigilias.

El sacerdote encargado de la pastoral universitaria era el Padre Robert Bigras, PME. Un día él me invitó a participar en el grupo de formación ad gentes para comenzar el proceso de discernimiento con el fin de llegar a ser un misionero más allá de mis fronteras … También debo decir que el sacerdote de mi parroquia era también un PME: Jean-Louis Nadeau, PME. A menudo recibíamos la visita de misioneros laicos, por lo que ya tenía una idea de lo que significaba la misión ad gentes.

En 1998 Honduras sufrió las consecuencias del paso del huracán Mitch, que causó mucha muerte y destrucción. Recibimos mucha ayuda del exterior. Cientos de personas de otros países vinieron a ayudar a reconstruir el país. Eso me impresionó mucho y me hizo pensar en hacer lo mismo y servir a los demás… “Nadie es demasiado pobre como para no tener nada que compartir.”

Terminé la universidad en junio de 1999 y empecé a trabajar, pero el fuego misionero encendido en aquellos años anteriores aún estaba vivo, por lo que en septiembre de 2000 solicité integrarme en la segunda etapa de formación en el Centro Internacional de Formación Misionera para continuar mi formación con la SMÉ.

Hay unos pocos versículos del Evangelio, que resumen la llamada que Jesús nos hace  a todos:

“Porque tuve hambre, y me dieron de comer; Tuve sed, y ustedes me dieron de beber; Fui forastero y me recibiste; desnudo y me vistieron; Estuve enfermo y me visitaste; Estuve en la cárcel, y viniste a mí … “En verdad les digo que cuando lo hiciste a uno de estos  hermanos, es a mí  que lo hicieron. ” “Mt 25, 35-36, 40

Mi primer envío misionero fue a Tailandia. Vivía en Bangkok, junto a tres compañeras misioneras laicas: Erica Foschiatti de Argentina, Arlene Sale y Sofia Diez de Filipinas. Después de estudiar el idioma durante 7 meses, comencé a trabajar con la Comisión Nacional Católica para Migrantes, Refugiados y Prisioneros. Vivíamos cerca del lugar donde se recibía a los refugiados procedentes de muchos países, especialmente de África (Sudán, Egipto, Marruecos, Ruanda, etc.), Sudeste asiático (Camboya, Birmania, Vietnam, etc.) y del Medio Oriente (Irak, Irán).

Durante la semana visitaba los prisioneros y prisioneras recluidos en las cárceles de Bangkok, uno de los sistemas penitenciarios más severos del mundo. Hay mucha gente presa por tráfico de drogas, lo que se les conoce con el nombre de “mulas” y que son víctimas de redes de narcotráfico que les ofrecen el cielo y la tierra para transportar pequeños paquetes de droga de un país a otro.

Tailandia no es parte del tratado  internacional en donde un grupo de países se compromete a aceptar refugiados en su territorio, por lo que si la policía tailandesa encuentra a uno de ellos en la calle lo considera una persona ilegal y lo envía inmediatamente a los centros de detención para inmigrantes ilegales. No falta más decir que estos centros son casi una prisión, y dichas personas pueden pasar recluidas allí por años hasta que obtienen un boleto de avión para salir de Tailandia ya que el gobierno tailandés no se compromete a enviar a nadie de vuelta.

Después de dos años, solicité continuar la misión en China, con la persona que me había robado el corazón durante mi estadía en Canadá. Me casé con Silvia Pucheta, misionera laica argentina en el 2005 y comenzamos la nueva misión como matrimonio misionero. China, es un país donde el cristianismo es minoría, la Iglesia está dividida por razones políticas y muchos cristianos son perseguidos por no seguir las ordenanzas del partido comunista; allá no se puede proclamar nuestra fe de manera abierta o realizar un trabajo social concreto debido a la prohibición del gobierno a la injerencia extranjera en asuntos religiosos y sociales,  por lo que nuestro testimonio se enfocaba sobre todo en la presencia como pareja cristiana en el vivir de cada día, resumiendo nuestras actividades al estudio del  chino, a la enseñanza del español y al encuentro de personas que no necesariamente comparten nuestras mismas creencias pero si los mismos valores humanos.

Trabajé en una compañía de autopartes como traductor de Inglés y Español al Chino y viceversa y luego en otra pequeña fábrica de partes plásticas para los vehículos como ingeniero de proyectos. Silvia enseñaba español en una escuela secundaria de la ciudad. Además, como grupo colaborábamos con el Padre Rhéal Desy, PME. en un hogar para personas con capacidades diferentes que él había fundado.

Después de más de 6 años en China, fuimos enviados a Honduras a colaborar con el Centro de Formación y Animación Misionera junto a Beatriz Medina y el Padre Juan Greffard, PME. Fue un tiempo para discernir nuestro futuro. Gracias al acompañamiento del Padre Andrés Dionne, PME. y luego de mucha oración, decidimos continuar la misión en Asia, y solicitamos ir a Japón.

Llegamos a Japón en Enero 2012, casi un año después del terremoto y tsunami que azotaron la costa este del país. La región de Sendai en la provincia de Miyagi fue una de las más afectadas. Nuestra primera misión fue evidentemente, estudiar el idioma. Pero mientras estudiábamos japonés, nos integramos a algunas actividades en la catedral de Sendai. Ayudamos en el ministerio de la Eucaristía y comenzamos a ser parte de un equipo de voluntarios que se encarga de preparar comida, ropa y otros artículos de necesidad para las personas que viven en la calle. El grupo está conformado por personas de diferentes religiones y no cristianos u hombres de buena voluntad como suele decir nuestro Papa Francisco. Esta actividad la realizamos dos veces al mes. Los miércoles nosotros vamos a los lugares donde pasan la noche estas  personas: cerca de la estación de tren, en los parques, debajo de los puentes. Y los sábados nos juntamos todos en un parque de la ciudad y también se da comida, ropa, etc.

Para nosotros es una gran alegría el encuentro con cada uno de ellos, pero no por la material que se pueda dar, sino por el encuentro mismo, hablarles, sonreírles, hacerles sentir que para nosotros son personas, son dignas y que por más que estén fuera del sistema de  beneficios del gobiernos japonés, y tal vez se sientan nada, ignorados o no tenidos en cuentas por la sociedad japonesa para nosotros no es así, ellos para nosotros son importantes, alguien con nombre y rostro. El contacto con cada uno de ellos nos ha transformado, a ser personas más desapegadas, no tan aferradas a nuestras seguridades materiales u emocionales, a tratar de llevar una vida más simple pensando y tratando de estar en comunión con todos aquellos que tienen necesidades ya sean materiales u espirituales. Dios actúa siempre en los dos sentidos, y eso es lo hermoso de la misión.

En el año 2014, decidí parar un poco el estudio del idioma, y me trasladé a la región de Minami Sanriku para vivir una experiencia de tres meses como voluntario en una base de Caritas creada para dar soporte a las personas que fueron desplazadas de su hogar por el tsunami. Allí se colabora en las actividades de limpieza del sector (los campos de arroz quedaron llenos de restos de todo lo que arrastró el mar), reconstrucción, mano de obra para las pequeñas industrias familiares, visita a las residencias temporales, etc. Cabe destacar que más allá del trabajo físico, lo más importante es estar al lado de estas personas, acompañarles y hacerles sentir que no están solos y que no nos olvidamos ni nos olvidaremos de todo lo que sufrieron.

Éste año logramos obtener un pequeño trabajo en la universidad como asistentes de los profesores que enseñan español a los estudiantes de primer y segundo año. Es una nueva experiencia para mí, y una gran oportunidad para compartir con la nueva generación de jóvenes japoneses que preparan su futuro.

Que la alegría y el amor del evangelio sigan llenando sus corazones y se reflejen siempre en sus rostros como signo de esperanza para aquellos que están a nuestro alrededor. Que sigamos imitando a la virgen María en humildad y caridad ¡Un abrazo en Cristo Misionero!

Ever Y silviaEver Amador y Silvia Pucheta, Misioneros Laicos asociados a la Smé, El hondureño, Ella argentina, viven su vocación misionera desde el año 2002 y como matrimonio desde hace 10 años.

DIA INTERNACIONAL DE LOS PUEBLOS INDIGENAS

pueblos indigenasEl  Documento de Aparecida sigue en  plena actualidad  y tal y como recoge este Documento, contemplar los rostros de quienes sufren es contemplar “a las comunidades indígenas, que, en muchas ocasiones, no son tratadas con dignidad e igualdad de condiciones” (nº 56). Y es que “hoy, los pueblos indígenas y afros están amenazados en su existencia física, cultural y espiritual; en sus modos de vida; en sus identidades; en su diversidad; en sus territorios y proyectos. Algunas comunidades indígenas se encuentran fuera de sus tierras porque éstas han sido invadidas y degradadas, o no tienen tierras suficientes para desarrollar sus culturas. Sufren graves ataques a su identidad y supervivencia, pues la globalización económica y cultural pone en peligro su propia existencia como pueblos diferentes. Su progresiva transformación cultural provoca la rápida desaparición de algunas lenguas y culturas. La migración, forzada por la pobreza, está influyendo profundamente en el cambio de costumbres, de relaciones e incluso de religión” (nº 90)

Por eso desde la Iglesia y a través de numerosas asociaciones, ONG  “acompañamos a los pueblos indígenas y originarios en el fortalecimiento de sus identidades y organizaciones propias, la defensa del territorio, una educación intercultural bilingüe y la defensa de sus derechos. Nos comprometemos también a crear conciencia en la sociedad acerca de la realidad indígena y sus valores, a través de los medios de comunicación social y otros espacios de opinión.” (nº 530)

Nuestra labor misionera, no debe estar ajena al rostro y sufrimiento de nuestros pueblos indígenas. Por toda Honduras, Tolupanes, Garifunas, Lencas y otros claman Justicia y Respeto por sus derechos ancestrales, no podemos hacer oídos sordos, no podemos dejar de diferenciar legalidad de  LEGITIMIDAD,  si somos indiferentes, no estamos del lado del Reino que proclamamos, estamos del lado del opresor!. 

Equipo de Redacción Blog Smé Honduras

JESÚS, PAN BAJADO DEL CIELO

Al regresar a Cafarnaúm, la gente vuelve a acosarle, y Jesús vuelve a situar el tema donde debe estar, no en el entusiasmo por el rey que reparte pan gratis, sino en la aceptación de Jesús como Enviado de Dios. Jesús se presenta expresamente como tal, y afirma su superioridad sobre Moisés, aprovechando el signo del pan y del maná en el desierto.

El texto de hoy añade otros dos matices al anterior:

  • el rechazo de la gente, que no puede admitirle como superior a Moisés, ni mucho menos como enviado de Dios
  • y la pregunta “¿cómo puede éste darnos a comer su carne?”, tan cerril como actual.

Si Jesús pronunció realmente las palabras “Yo soy el Pan vivo bajado del cielo” (ya sabemos que el cuarto evangelio suele poner en boca de Jesús sus propias profesiones de fe), el desconcierto de sus interlocutores es absolutamente lógico, y su conclusión sería que se había vuelto loco.

Lo expresan muy bien las primeras líneas del evangelio de hoy. Es el hijo de José, conocemos a sus padres (el cuarto evangelio repite esa expresión, “hijo de José” en 1,45 y 6,42), ¿cómo dice que ha bajado del cielo?

Se trata, como vemos, del mismo tema que apareció ya en el domingo 14º, a propósito de Marcos 6. Parece evidente que el cuarto evangelio ha recogido aquella misma escena de rechazo y escándalo de sus convecinos y la ha aprovechado para hacer una catequesis sobre “quién es Jesús”.

El domingo pasado nos preguntábamos: ¿Qué motivos pudieron tener los que conocieron a Jesús para seguirle, hasta el extremo de abandonar costumbres tan seculares y sagradas? Y en estos párrafos se muestra algo que hemos olvidado: Jesús está pidiendo una superación tan completa de la Ley de Moisés que producirá escándalo y rechazo. Hoy está de moda insistir en el judaísmo de Jesús olvidando la terrible ruptura que lo de Jesús supuso. (¡Estamos olvidando lo del vino nuevo y los odres viejos!)

Esto producirá el alejamiento de la gente. No solamente la estupidez de comerse la carne y beberse la sangre de Jesús, sino el significado de esta imagen: no buscar alimento en la Ley de Moisés sino en Jesús.

El hecho de que este mensaje cobre tal importancia precisamente en el cuarto evangelio dice mucho de la evolución de la fe en las comunidades llamadas joanneas y del posicionamiento “anti judío” del cuarto evangelio. Hemos hablado mucho del significado de Pablo para la apertura de la Iglesia a los no-judíos, pero deberíamos recuperar la importancia del mundo “de Juan” en la comprensión de la novedad del mensaje de Jesús respecto a la antigua Ley.

La fuerza de este mensaje nos lleva a comprender que su reducción a la eucaristía (aun siendo válido) no es suficiente. Es un gran símbolo acerca de Jesús: Jesús pan, Jesús agua, Jesús luz, son los tres grandes símbolos de Jesús en el cuarto evangelio, en la misma línea metafórica de los evangelistas y del estilo personal de Jesús, que se expresa en parábolas, no en conceptos.

Nosotros hemos olvidado su estilo, hemos preferido invertir el sentido de las palabras de Jesús para afirmar que el pan eucarístico es Jesús, cuando el sentido original es que Jesús es pan.

Debemos unir también la imagen de Jesús/pan con la imagen Jesús/grano de trigo que se siembra y muere para poder ser fecundo. Deberíamos sacar provecho de las imágenes del cuarto evangelio desde su significado primitivo, tan válido y significativo.

Es una catequesis que necesitamos también nosotros. Jesús, el hijo de José y María (según la expresión que usa el cuarto evangelio), ha venido del cielo. Y nosotros, empecinados en convertir los símbolos en fenómenos físicos, nos imaginamos al Verbo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, viajando por el espacio infinito y aterrizando en el seno de María para fecundarla y dar origen a Jesús, que así puede decir que ha bajado del cielo.

Sería muy recomendable que usáramos la frase completa: Jesús no dice que es alguien que ha bajado del cielo, sino EL PAN BAJADO DEL CIELO. Y de la misma manera que Jesús no es un pan, exactamente igual no ha bajado de ninguna parte. Las dos expresiones son igualmente simbólicas, y en eso radica su fuerza. Reducir el sentido simbólico es fuertemente insatisfactorio.

Jesús es pan. Jesús, el hijo de José y María, es pan. Si entendemos esto, podremos entender lo de “bajado del cielo”. Si no, no. Lamentablemente, reducimos el significado de las dos expresiones y las convertimos en “sucesos mágicos”: el pan es Jesús; en María se obró un milagro biológico.

Estas reducciones son muy satisfactorias: volvemos a tener a Dios encerrado en el templo, en una presencia que muchos imaginan como física, y hacemos de la humanidad de Jesús un disfraz de su divinidad, que es “su verdadera naturaleza”.

Era muy lógico que los contemporáneos de Jesús, especialmente sus vecinos y sus parientes, se resistiesen al mensaje. Y es muy lógico que nosotros nos resistamos a salir de nuestras concepciones mítico-mágicas.

La religión de Jesús supera en tal medida nuestras religioncillas razonables o míticas, que sentimos vértigo al creer en él. Porque hay que creer en un hombre, no en una divinidad disfrazada, hay que creer que la acción de Dios está verdaderamente hecha carne, no vestida de carne.

Hay que alimentarse del pan que es Jesús, no del que nosotros inventamos. A veces el cuarto evangelio se toma como una aventura gnóstica, en la que Jesús se presenta como un ser sobrenatural con apariencia humana. Pero, si lo leemos correctamente, está insistiendo machaconamente precisamente en lo contrario.

Jesús es la tienda de Dios entre nosotros, el pan que Dios nos da, el agua de la que hay que beber: Jesús, el hijo de José y María, carpintero de Nazaret, el que fue crucificado ante el escarnio de sus enemigos que le echaban en cara que no podía bajar de la cruz.

Sus vecinos no podían creer en Jesús. Ni sus ojos ni su fe anterior se lo permitían. La fe que profesamos no nos ha de impedir el acceso a Jesús. Nuestros ojos deberían ser capaces de descubrir en el carpintero hijo de José y María el pan del cielo, el pan que puede alimentar nuestro espíritu.

Este evangelio nos está acercando por tanto a una situación dramática de las primeras comunidades de creyentes en Jesús, y nos enfrenta hoy a un desafío radical: ¿cuál es mi luz, mi alimento, mi agua? Dicho de otra manera ¿quién es el Señor de mi vida?

Solemos caminar a la luz de valores que dirigen nuestras elecciones. Se nos propone otra luz, otros valores para iluminar el camino.

Solemos alimentarnos de las satisfacciones que encontramos en lo que llamamos éxitos, personales, económicos, sociales. Solemos tener sed de poseer, de gastar, de comprar, de prosperar, de destacar… Pero ese hambre y esa sed no se sacian nunca. En todos esos ámbitos la satisfacción del deseo no lo sacia sino que despierta otro deseo mayor.

El pan y el agua del Reino son otros valores, ante los cuales los valores habituales pierden su encanto. Cuando Jesús llama “dichosos” a los pobres, a los que saben sufrir, a los misericordiosos, a los limpios de corazón…, está diciendo que su modo de vida hace desaparecer el hambre y la sed de otras cosas de tierra.

 José Enrique Galarreta

http://www.feadulta.com

Transfigurados con Cristo

En el evangelio de esta fiesta leemos: “Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos” (Mc 9, 2). ¡Qué dicha tuvieron ellos por haber sido testigos oculares de su grandeza! (cf. 2 Pedro 1, 16). Ver a Cristo en su gloria les dio mucho ánimo para enfrentar después la Pasión de su Maestro.  A nosotros también nos hace mucho bien experimentar la cercanía del Resucitado.

El sábado pasado, estuve en una predicación y una Hora Santa animada por Mons. Rómulo Emiliani, obispo auxiliar de San Pedro Sula, en una comunidad rural situada a 15 minutos de Choluteca. La luna brillaba. Las 500 personas cercanas al escenario guardaban un silencio total. Jesús Eucaristía los atraía y los transformaba. Podíamos decir con Pedro: “Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas” (Mc 9, 5). Al terminar la actividad nos teníamos que ir, pero la gente se quedaba esperando, no tenía prisa de volver a su casa, había sido alcanzada por Cristo.

La voz que salió de la nube tenía un mensaje para los tres apóstoles y para nosotros: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo” (Mc 9, 7). Una de las prioridades de la vida misionera es la escucha de la Palabra de Dios. Esto está al alcance de todos, sacerdotes, religiosas y laicos, con la Lectio Divina y otros métodos de lectura. La Palabra de Dios contenida en la Biblia es transmitida por el Magisterio de la Iglesia y es vivida en la comunidad cristiana. ¡Qué tesoro inestimable!

La fiesta de la Transfiguración tiene bastante sentido para mí. Mientras estudiaba en Francia, el Papa Pablo VI falleció el 6 de agosto de 1978. Yo pensé dentro de mí: me gustaría morir el día de la Transfiguración. El Papa Juan Pablo II estableció los misterios luminosos del Santo Rosario, para el jueves de cada semana. El cuarto misterio luminoso es el de la Transfiguración: siempre le pido a la Virgen esta gracia de ser transfigurado con Cristo: que me ayude a ver a Cristo en los demás y que me ayude a ser otro Cristo para los demás. ¡Es todo un proceso!

Este 6 de agosto, estaré en el Centro Penal de Choluteca. Desde este año, la quinta comunidad neocatecumenal de Choluteca está evangelizando a los privados de libertad que aceptaron la invitación de la Pastoral Penitenciaria. Se está formando una comunidad neocatecumenal entre los presos. Nada es imposible para Dios. El jueves tendremos la celebración de la entrega de la Biblia. Cada uno de las 30 personas que siguieron las catequesis recibirá la Biblia. Diré a cada uno: “Recibe las promesas hechas a tus antiguos padres. Recíbelas cumplidas en nuestro Señor Jesús. Que esta Palabra, por ti aceptada, te lleve a la vida eterna.” Presiento que voy a ver muchos rostros transfigurados. Otros van a quedar impactados o cuestionados. La Palabra de Dios se va a seguir difundiendo (cf. Hch 6, 7) en uno de los lugares más necesitados de evangelización en la Diócesis.

¿Cómo ser testigo auténtico de Cristo en nuestra vida misionera? Sin ninguna pretensión, he aquí algunas sugerencias. Saluda con alegría a los feligreses antes o después de la misa. Para tu carro para dejar que una señora anciana cruce la calle. Sonríe a la gente que te dice “Gringo” o “Chinita” o “Abuelo”. Agradece al vigilante del banco cuando te dice: “Pase un buen día. Que Dios lo bendiga”. Da señal de vida a alguien que te envía un WhatsApp. Felicidades en este día!

+Guido Charbonneau, Obispo de Choluteca

Icono escrito por Andrés Dionne pmé
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