Transfigurados con Cristo

En el evangelio de esta fiesta leemos: “Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos” (Mc 9, 2). ¡Qué dicha tuvieron ellos por haber sido testigos oculares de su grandeza! (cf. 2 Pedro 1, 16). Ver a Cristo en su gloria les dio mucho ánimo para enfrentar después la Pasión de su Maestro.  A nosotros también nos hace mucho bien experimentar la cercanía del Resucitado.

El sábado pasado, estuve en una predicación y una Hora Santa animada por Mons. Rómulo Emiliani, obispo auxiliar de San Pedro Sula, en una comunidad rural situada a 15 minutos de Choluteca. La luna brillaba. Las 500 personas cercanas al escenario guardaban un silencio total. Jesús Eucaristía los atraía y los transformaba. Podíamos decir con Pedro: “Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas” (Mc 9, 5). Al terminar la actividad nos teníamos que ir, pero la gente se quedaba esperando, no tenía prisa de volver a su casa, había sido alcanzada por Cristo.

La voz que salió de la nube tenía un mensaje para los tres apóstoles y para nosotros: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo” (Mc 9, 7). Una de las prioridades de la vida misionera es la escucha de la Palabra de Dios. Esto está al alcance de todos, sacerdotes, religiosas y laicos, con la Lectio Divina y otros métodos de lectura. La Palabra de Dios contenida en la Biblia es transmitida por el Magisterio de la Iglesia y es vivida en la comunidad cristiana. ¡Qué tesoro inestimable!

La fiesta de la Transfiguración tiene bastante sentido para mí. Mientras estudiaba en Francia, el Papa Pablo VI falleció el 6 de agosto de 1978. Yo pensé dentro de mí: me gustaría morir el día de la Transfiguración. El Papa Juan Pablo II estableció los misterios luminosos del Santo Rosario, para el jueves de cada semana. El cuarto misterio luminoso es el de la Transfiguración: siempre le pido a la Virgen esta gracia de ser transfigurado con Cristo: que me ayude a ver a Cristo en los demás y que me ayude a ser otro Cristo para los demás. ¡Es todo un proceso!

Este 6 de agosto, estaré en el Centro Penal de Choluteca. Desde este año, la quinta comunidad neocatecumenal de Choluteca está evangelizando a los privados de libertad que aceptaron la invitación de la Pastoral Penitenciaria. Se está formando una comunidad neocatecumenal entre los presos. Nada es imposible para Dios. El jueves tendremos la celebración de la entrega de la Biblia. Cada uno de las 30 personas que siguieron las catequesis recibirá la Biblia. Diré a cada uno: “Recibe las promesas hechas a tus antiguos padres. Recíbelas cumplidas en nuestro Señor Jesús. Que esta Palabra, por ti aceptada, te lleve a la vida eterna.” Presiento que voy a ver muchos rostros transfigurados. Otros van a quedar impactados o cuestionados. La Palabra de Dios se va a seguir difundiendo (cf. Hch 6, 7) en uno de los lugares más necesitados de evangelización en la Diócesis.

¿Cómo ser testigo auténtico de Cristo en nuestra vida misionera? Sin ninguna pretensión, he aquí algunas sugerencias. Saluda con alegría a los feligreses antes o después de la misa. Para tu carro para dejar que una señora anciana cruce la calle. Sonríe a la gente que te dice “Gringo” o “Chinita” o “Abuelo”. Agradece al vigilante del banco cuando te dice: “Pase un buen día. Que Dios lo bendiga”. Da señal de vida a alguien que te envía un WhatsApp. Felicidades en este día!

+Guido Charbonneau, Obispo de Choluteca

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