Tercer domingo de Cuaresma

“Necesitamos cambio”

Hoy como ayer, seguimos cayendo en la tentación simplista de dividir a las personas en buenos y malos situándonos nosotros, obviamente, en el grupo de los buenos.

El evangelio de hoy nos ayuda a desmontar el argumento simple de los dos bandos y, a estar alerta, ante la tentación de mirar en menos a los demás. Las personas con las que habla Jesús en el evangelio de hoy  pensaban que  “los que habían sufrido la muerte, sea por la orden de Pilato o por el derrumbamiento accidental de la torre de Siloé,  se la merecían por no haber sido buenas personas”  como ellas.

Jesús desmonta esa argumentación.  Nadie puede ceder a la tentación de creerse ya convertidos, de creer que los malos son los otros. Todos necesitan realizar un cambio en su manera proceder, de lo contrario pueden correr a la ruina y a la autodestrucción.

 Es probable que el peor enemigo de nuestro camino cuaresmal sea la soberbia de creer que nosotros no necesitamos ajustarnos y adecuarnos al Reino.  Al mirarnos al espejo de Jesús, vemos que tenemos muchos aspectos a mejorar.  A la higuera sin frutos se le dio una nueva oportunidad. Aprovechemos ahora la que nos es regalada.

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Primera Asamblea Regional SME, América Latina

Hoy hemos dado inicio a la Primera Asamblea Regional  de la Sociedad de Misiones Extranjeras  en  América Latina, con la participación de los países donde tenemos presencia misionera y que forman la región, Perú, Brasil, Honduras y el país que nos recibe para este encuentro, Chile.
Animados por la experiencia del retiro espiritual del pasado sábado y domingo, que nos ayudó a reflexionar sobre nuestra casa común y sobre la misericordia de Dios y el año de la misericordia decretado por el Papa Francisco. Queremos renovar nuestro espíritu misionero creciendo como verdaderos animadores y formadores con espíritu siendo misericordiosos los unos con los otros viviendo la misión en comunión.
Como representantes del grupo de Honduras, nos sentimos muy contentos de participar en esta primera Asamblea, en la que nos acompañan nuestros compañeros Gilles Poirier pmé y Marie Laure Joly.
Equipo de Redacción del Blog

Segundo domingo de Cuaresma

¿Transparentas a Jesús?

El evangelio de la transfiguración nos presenta el final del camino, el horizonte que va jalonando nuestros esfuerzos de cambio y que no es otra cosa que estar plenamente configurados con Cristo  glorificado.  Es poder experimentar el triunfo de la vida sobre las fuerzas contrarias a ella.

Para que se ilumine nuestra humanidad, es necesario morir a todas las situaciones que nos opacan, que nos quitan el brillo y el esplendor: Estamos llamados a morir a todo aquello que hace que perdamos el valor de la vida. Estamos llamados a morir a la globalización de la injusticia, la corrupción, la mentira, el engaño, el individualismo, la indiferencia, el afán de poder y la superficialidad.

transfiguracion

“Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo”.  Él nos enseña el camino, Él es el camino para que la vida se llene de luz. Sólo cuando nos tomamos en serio a Jesús somos transfigurados y somos testigos de la vida, somos hombres y mujeres que lo transparentamos y por eso somos asociados a su gloria. ¡Dejémonos transfigurar por Él! ¡Abramos grandes espacios en nuestra vida para que acontezca el Dios que ha vencido a la muerte.

 

Primer domingo de Cuaresma

tapa-cuaresma-2016Entrar en la cuaresma es  iniciar un gran retiro que nos prepara a la celebración de la Pascua donde tenemos la oportunidad de renovar nuestro compromiso bautismal.  En el bautismo hemos sido sumergidos en la muerte de Cristo para resucitar con Él.  Por lo tanto, se trata de ir configurándonos con Cristo.

El primer domingo nos pone frente a la opción de Cristo. El camino de Jesús es el camino de la cruz; pasa por ella inevitablemente. Dios no nos salva ni por la facilidad, ni por las riquezas, ni por el poder y la fuerza, sino por su amor gratuito que espera de nosotros un corazón humilde y sencillo.

Contemplar las tentaciones de Jesús debería abrirnos los ojos. Para alcanzar la vida nueva, hemos de bajar, siguiendo al que “se despojó de su rango” y “pasó por uno de tantos”.

“Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt 9,13)

Mensaje del Papa Francisco para la cuaresma:  Las obras de misericordia en el camino jubilar

LA PECADORA

  1.  María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada

En la Bula de convocación del Jubileo invité a que «la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios» (Misericordiae vultus, 17). Con la invitación a escuchar la Palabra de Dios y a participar en la iniciativa «24 horas para el Señor» quise hacer hincapié en la primacía de la escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra profética. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio. Por eso, en el tiempo de la Cuaresma enviaré a los Misioneros de la Misericordia, a fin de que sean para todos un signo concreto de la cercanía y del perdón de Dios.

María, después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arcángel Gabriel, canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido. La Virgen de Nazaret, prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En la tradición profética, en su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada, precisamente con las entrañas maternas (rahamim) y con una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales.

  1. La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia

El misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel. Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad. Aquí estamos frente a un auténtico drama de amor, en el cual Dios desempeña el papel de padre y de marido traicionado, mientras que Israel el de hijo/hija y el de esposa infiel. Son justamente las imágenes familiares —como en el caso de Oseas (cf. Os 1-2)— las que expresan hasta qué punto Dios desea unirse a su pueblo.

Este drama de amor alcanza su culmen en el Hijo hecho hombre. En él Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la «Misericordia encarnada» (Misericordiae vultus, 8). En efecto, como hombre, Jesús de Nazaret es hijo de Israel a todos los efectos. Y lo es hasta tal punto que encarna la escucha perfecta de Dios que el Shemà requiere a todo judío, y que todavía hoy es el corazón de la alianza de Dios con Israel: «Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt 6,4-5). El Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella.

Es éste el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es «la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado» (Exh. ap. Evangelii gaudium, 36), el primer anuncio que «siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis» (ibíd., 164). La Misericordia entonces «expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer» (Misericordiae vultus, 21), restableciendo de ese modo la relación con él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así, finalmente, enternecer el corazón endurecido de su Esposa.

  1. Las obras de misericordia

La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales. Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo. Por eso, expresé mi deseo de que «el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina» (ibíd., 15). En el pobre, en efecto, la carne de Cristo «se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga… para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado» (ibíd.). Misterio inaudito y escandaloso la continuación en la historia del sufrimiento del Cordero Inocente, zarza ardiente de amor gratuito ante el cual, como Moisés, sólo podemos quitarnos las sandalias (cf. Ex 3,5); más aún cuando el pobre es el hermano o la hermana en Cristo que sufren a causa de su fe.

Ante este amor fuerte como la muerte (cf. Ct 8,6), el pobre más miserable es quien no acepta reconocerse como tal. Cree que es rico, pero en realidad es el más pobre de los pobres. Esto es así porque es esclavo del pecado, que lo empuja a utilizar la riqueza y el poder no para servir a Dios y a los demás, sino parar sofocar dentro de sí la íntima convicción de que tampoco él es más que un pobre mendigo. Y cuanto mayor es el poder y la riqueza a su disposición, tanto mayor puede llegar a ser este engañoso ofuscamiento. Llega hasta tal punto que ni siquiera ve al pobre Lázaro, que mendiga a la puerta de su casa (cf. Lc 16,20-21), y que es figura de Cristo que en los pobres mendiga nuestra conversión. Lázaro es la posibilidad de conversión que Dios nos ofrece y que quizá no vemos. Y este ofuscamiento va acompañado de un soberbio delirio de omnipotencia, en el cual resuena siniestramente el demoníaco «seréis como Dios» (Gn 3,5) que es la raíz de todo pecado. Ese delirio también puede asumir formas sociales y políticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran hoy las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar. Y actualmente también pueden mostrarlo las estructuras de pecado vinculadas a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatría del dinero, como consecuencia del cual las personas y las sociedades más ricas se vuelven indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, negándose incluso a mirarlos.

La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. Por tanto, nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales. Precisamente tocando en el mísero la carne de Jesús crucificado el pecador podrá recibir como don la conciencia de que él mismo es un pobre mendigo. A través de este camino también los «soberbios», los «poderosos» y los «ricos», de los que habla el Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos. Sólo en este amor está la respuesta a la sed de felicidad y de amor infinitos que el hombre —engañándose— cree poder colmar con los ídolos del saber, del poder y del poseer. Sin embargo, siempre queda el peligro de que, a causa de un cerrarse cada vez más herméticamente a Cristo, que en el pobre sigue llamando a la puerta de su corazón, los soberbios, los ricos y los poderosos acaben por condenarse a sí mismos a caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno. He aquí, pues, que resuenan de nuevo para ellos, al igual que para todos nosotros, las lacerantes palabras de Abrahán: «Tienen a Moisés y los Profetas; que los escuchen» (Lc 16,29). Esta escucha activa nos preparará del mejor modo posible para celebrar la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte del Esposo ya resucitado, que desea purificar a su Esposa prometida, a la espera de su venida.

No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión. Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez (cf. Lc1,48), reconociéndose como la humilde esclava del Señor (cf. Lc 1,38).

Vaticano, 4 de octubre de 2015

Fiesta de San Francisco de Assis

 

27-pNuestraSenoradeSuyapa“Hoy se cumplen 269 años de presencia mariana en Honduras. La Virgen María se hizo catracha en el Cerro El Piligüín, ahí donde su venerada imagen fue encontrada por Alejandro Colindres y Lorenzo Martínez”.

En este día tan especial para nuestros hermanos catrachos, queremos desearles un feliz día. Que esta celebración, nos permita a todos encontrarnos viviendo los valores de la pequeña de Nazaret.

El equipo de redacción del Blog de nuestra Sociedad Misionera les desea muchas “Felicidades”.

 

 

95° Aniversario de la Sociedad de Misiones Extranjeras de Quebéc

Hace 95 años, nacía nuestra Sociedad Misionera, en la provincia de Quebec, Canadá. La SME fue fundada en 1921 por los obispos de la Iglesia del Canadá de habla francesa para contribuir al anuncio del Evangelio a todas las naciones y para solidarizarse efectivamente con otras Iglesias y otros pueblos, compartiendo con ellos sus recursos espirituales y humanos con los más pobres.

LA SOCIEDAD DE MISIONES EXTRANJERAS DEL QUEBEC es una Sociedad misionera internacional formada por miembros que son sacerdotes, y por asociados que son sacerdotes, laicos y laicas.

ESTAMOS AL SERVICIO DEL EVANGELIO para anunciar la Buena Nueva a los pueblos del mundo, para que tengan en Jesús la vida en abundancia.

ANUNCIAMOS LA BUENA NUEVA DE JESÚS

  • acogiendo los valores culturales y religiosos de los grupos y de los pueblos cuya vida compartimos,
  • dando testimonio del Evangelio,
  • formando comunidades cristianas vivas y misioneras,
  • comprometiéndonos en la promoción de la justicia y del respeto de la dignidad humana.

Hoy nos encontramos en distintos países de Asia como son Las Filipinas, Japón, China y  Camboya, en América Latina tenemos presencia en  Honduras, Perú, Chile y Brasil, en África estamos en Kenia donde se encuentra el seminario y desde 2017 el Centro de formación para misioneros y misioneras. Y tenemos nuestra casa central en Canadá.

Damos Gracias al Señor por tantos años de vida en la misión, que es suya, sin embargo Él ha impreso en nuestros corazones el anhelo de vivir esta misión junto a otros y otras en distintos rincones de este mundo, primero invitando a sacerdotes canadienses a viajar a tierras lejanas con el mensaje de la buena nueva y años después integrando a hombres y mujeres,  laicos y laicas a compartir esta misión. Damos Gracias en este día por tantos y tantas que han formado parte de esta familia misionera y hoy ya no se encuentran, pero cuyo aporte ha sido fundamental para el anuncio del Reino.

En este mundo siempre cambiante y que  es muy diferente al de hace 95 años anhelamos seguir al servicio del Evangelio, siendo testigos de la esperanza en medio de los pueblos en que vivimos la misión del Señor, rescatando el espíritu inicial de nuestros fundadores de solidarizarnos con las Iglesias y otros pueblos.

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Obispos Fundadores de la Sociedad de Misiones Extranjeras de Quebec

 

“Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” (Concilio Vaticano II. La Iglesia en el mundo actual, 1).

“Así como el Padre me envió a mí, así los envío a ustedes” (Juan 20,21).

FELICES 95 AÑOS A NUESTRA SME Y A TODOS NUESTROS MISIONEROS Y MISIONERAS.

Equipo de Redaccion del Blog SME Honduras