Cuarto domingo de Cuaresma

El camino de la Cuaresma, como lo hemos reflexionado en varias ocasiones, nos invita a pasar de la muerte a la vida y de las situaciones que rompen nuestra relación con Dios, con los otros y con nosotros mismos a unas relaciones de armonía basadas en la justicia, el amor, la verdad y el perdón entre otras. Ese itinerario implica el reconocimiento humilde de nuestra condición de pecadores, de ser personas que tenemos puntos a mejorar. Pero no podemos quedarnos en el reconocimiento de nuestra fragilidad, hemos de dar el paso a leer esta realidad, profundamente humana, con el corazón misericordioso del Padre Dios que sigue apostando por el ser humano.
En la parábola, la figura del Padre representa a Dios mismo. Cuando Dios ve venir a su hijo descarriado, no escatima ningún gesto de acogida y, como diríamos en lenguaje coloquial, pierde los papeles ante la emoción de abrazar al hijo que ha vuelto. Su corazón desborda de misericordia y de perdón y hace que la vida renazca para que, como el ave fénix, surja de las cenizas y se levante como sacramento de un Dios que no se cansa de perdonar, que no se cansa de amar. El Padre no nos espera con reproches y sanciones cuando regresamos a casa, nos espera con un abrazo lleno de nuevas oportunidades para que volvamos a empezar nuestro camino y una vez más la vida brille a pesar de los titubeos de nuestra noche. Ser abrazados por el Padre es una experiencia maravillosa que no podemos dejar pasar. Todos podemos decir con el hijo menor “volveré a mi Padre” con la certeza de que Él nos espera para cubrirnos de besos y abrazarnos para vivir. La generosidad de Dios.
hijoprodigoLa última escena la protagoniza el hijo mayor que, desde nuestra concepción de justicia, se enfada con razón pues el Padre se desborda en cariño y misericordia ante el menor que ha dilapidado su fortuna y su vida. Pero la justicia del Padre no se mide por la equivalencia sino por la desmesura del amor. Aunque el menor no le haya dado nada, el Padre le da todo para que éste pueda volver a vivir. Su amor es tan generoso que rompe todos los cánones de nuestra justicia, por ese le dice al mayor que debe alegrarse pues (el hijo menor) “estaba perdido y lo hemos encontrado, estaba muerto y ha vuelto a la vida”. Queda poco para la celebración de la Pascua, no desaprovechemos la oportunidad que nos da el Padre y corramos a recibir su abrazo.

 

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