DOMUND

EL DOMUND ES EL DÍA EN QUE LA IGLESIA INVITA A AYUDAR A LOS MISIONEROS


La Jornada Mundial de las Misiones, conocida como DOMUND, es una llamada de atención sobre la responsabilidad de todos los cristianos en la evangelización e invita a amar y apoyar la causa misionera. Los misioneros dan a conocer a todos el mensaje de Jesús, especialmente en aquellos lugares del mundo donde el Evangelio está en sus comienzos y la Iglesia aún no está asentada.

Estos lugares son conocidos como Territorios de Misión, están confiados a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y dependen en gran medida de la labor de los misioneros y del sostenimiento económico las Obras Misionales Pontificias de todo el mundo. 

El DOMUND, es una jornada universal que se celebra en todo el mundo el penúltimo domingo de octubre para ayudar a los misioneros en su labor evangelizadora desarrollada entre los más pobrespero durante todo el año se promueven y realizan actividades de animación misionera y de cooperación con las misiones.

Invitamos a todos nuestros amigos a ser solidarios en este día en especial con las misiones y saludamos a todos nuestros misioneros que han salido de su tierra para ir a ser testigos de esperanza allá donde el Señor les ha llamado.

Evangelio según San Juan 3, 8

Llegué al Perú sin ningún plan bajo el brazo. Era la primera vez que salía de casa para vivir en un país que sólo conocía por fotografías.

La aventura comenzó cuando conocí el proyecto Ad Gentes en mi ciudad natal Tegucigalpa. Dios me sorprendió y fue un despertar que revolucionó mi vida despacito y con determinación. Durante todos esos años de formación y servicio en Honduras pensaba con un poco de soberbia que tenía vocación misionera. Más ahora después de dos años de misión reconozco que no tengo vocación, la vocación me tiene a mí y me lleva por nuevos caminos.

Decir sí a la misión implicó decir sí a ser extranjera, a  otra familia y amigos, a realidades diferentes  y decir sí a una constante invitación a trascender, esto último es lo más desafiante. En ocasiones me siento justo a la orilla de una piscina con el deseo de saltar y al mismo tiempo el miedo al chapuzón.

En mi país estudie y trabaje en el área de mercadotecnia y diseño gráfico, más estando en el Perú las motivaciones y la intuición me llevaron lejos de esa tierra segura y conocida. Comencé a colaborar como voluntaria con un centro del gobierno en el salón de niños y niñas entre 6 a 8 años. Gran parte en situación de pobreza o conflictos familiares serios.

Al inicio no tenía idea de qué hacer ni cómo emprender, y en mi corta concepción creí que debía enseñar valores, ayudarlos a cambiar, a ser mejores. Probé todas las técnicas y hasta inventé otras para lograr los objetivos, pero con el tiempo obviamente ellos ganaron y yo quede agotada y sin más opciones. Sólo entonces comprendí mi papel en ese salón: amarlos. Lo primero es amarlos tal y como son y entre más rebeldes más amor. Lo demás era secundario. Tenía que lanzarme al agua.

Recuerdo la sabiduría de mi mami: “hija a la gente le gritan y los tratan mal en la calle, en la casa, en el trabajo, los estudios, hasta en la iglesia. Pero cuando se acerquen a usted encuentren alguien diferente.”

La misión con los niños es que puedan encontrar en mí una persona diferente. Alguien que los tome en serio, que los escuche viéndolos a los ojos, que cumpla su palabra y fortalezca su confianza en sí mismos. Mis niños no necesitan que yo los cambie según mis conceptos, necesitan que los ame y crea en ellos.

Este itinerario también me llevo a compartir con la gente de los cerros. Despertó en mí un gran deseo de compartir con ellos y no sabía cómo, me sentía limitada por no tener experiencia en un área social, casi no conocía la zona y tantas otras excusas, más la motivación no salía de mi cabeza ni de mi corazón. Y allí estaba yo, una vez más frente a la piscina…salto o me quedo. Sí, me di el chapuzón.

Comencé a subir sólo para conversar con las mujeres, jóvenes y niños ya que los hombres en su gran mayoría trabajan y llegan a su casa entrada la noche. Las historias que escuchaba tocaban mi corazón y me cuestionaban. Me di cuenta que a pesar de realizar apostolados en zonas deprimidas de mi ciudad viví en una burbuja segura, amable y estable por muchos años.

Para comprender mejor la realidad de la violencia me uní a un grupo de apoyo para Mujeres que Aman Demasiado*. Ha sido una excelente puerta de entrada a ese mundo desconocido para mí. Poco a poco me fui involucrando más, me convertí en el vínculo entre grupo de personas que deseaban realizar proyectos sociales y la gente en el cerro que lo necesitaba. Con el tiempo elegí una zona para acompañar, entre en contacto con la dirigente y comenzamos encuentros y talleres con las mujeres. Estoy aprendiendo a caminar con ellas, a su ritmo.

Actualmente sigo colaborando como voluntaria con los niños y además visito aquellos que han abandonado el programa, comenzando por los que eran más inquietos, para dar un seguimiento y conocer su realidad. También continúo acompañando los encuentros del grupo de apoyo Mujeres que Aman Demasiado, así como  a las mujeres en el cerro ahora con la iniciativa de organizarse para generar fondos que  financien su propia educación y la de sus hijos.

Doy gracias a Dios por regalarme cada día esta vocación tan bonita. Por invitarme a trascender. Tengo la certeza que el pone los medios y los tiempos.

El viento sopla donde quiere y tú oyes su silbido; pero no sabes de donde viene ni a dónde va. Así sucede al que ha nacido del Espíritu.” Jn. 3, 8.

 foto1Elsa Lidia Izaguirre Madrid

Misionera laica Asociada a la Smé en Perú desde 2014

Originaria de la Diócesis de Tegucigalpa, 

 

 

 

 

*Mujeres que aman Demasiado, (aunque también existen Hombres que Aman Demasiado) es un grupo de apoyo anónimo y gratuito basado en el libro de Robin Norwood “Mujeres que Aman Demasiado” y en el programa de doce pasos para la recuperación. Dirigido a las mujeres que no pueden manejar adecuadamente sus relaciones afectivas. Presentan fuertes apegos a relaciones que no satisfacen sus necesidades emocionales, le causan sufrimiento y humillación incluso pueden poner en riesgo su propia integridad personal por una relación amorosa.

 

Nuevo miembro temporal en la Smé

juan-ramonMi nombre es Juan Ramon Moncada, originario de Tegucigalpa, Honduras. El día 26 de Junio de 2014 llegué a Kenia, en África del Este —lugar en el que toma lugar la formación teológica de la SME— y para ser sincero jamás pasó por mi mente la posibilidad de vivir aquí. Lo que me trajo aquí fue mi vocación por la vida sacerdotal. Si bien es cierto, yo tenía la posibilidad de hacerlo en Honduras, la idea de ser misionero llegó un día y se grabó en mi mente y mi corazón. Después de un proceso de 4 años —tres de formación Ad Gentes y uno en el centro misionero CFAM— fui enviado para mis estudios en Filosofía y Teología, tiempo en el que he tenido la oportunidad de crecer en muchas áreas de mi vida, espiritual, humana, apostólica, comunitaria y académica. Pero para poder crecer en todo esto un proceso ha sido necesario: este comenzó en Honduras ha continuado aquí. El primer paso fue revisar y reforzar mi nivel de Inglés porque al inicio me era muy difícil incluso seguir una conversación, muchos acentos, diferentes expresiones, muchas culturas, y es por eso que tome un curso de seis semanas en conversación. Luego me sentí como un niño que está aprendiendo a nadar y es tirado de una vez al agua; sin mucha explicación mis formadores pensaron que lo mejor era sumergirme de lleno en el ambiente y me enviaron a estudiar cultura Africana a la universidad. Fue muy duro debido al idioma pero ahora creo fue lo mejor. Hice muy buenas amistades y sobre todo empecé a familiarizarme con la que sería y la que por el momento seguirá siendo mi universidad de estudios teológicos. Al terminar el semestre de cultura africana tome unos cursos en espiritualidad que me ayudaron a profundizar en la metodología y espiritualidad de San Ignacio de Loyola, espiritualidad que sigue nuestra SME. Luego continué con mis estudios de Filosofía y ahora estoy cursando el primer año de Teología.

Lo más impactante para mí ha sido mi vida apostólica. Inicialmente comencé a visitar un proyecto llamado Mirror of Hope o Espejo de la Esperanza el cual es una organización que se dedica principalmente a servir a los niños afectados por el SIDA en el barrio de Kibera en Nairobi, Kenia. También este organismo ofrece atención psicosocial y apoyo a los huérfanos y niños vulnerables que han perdido uno o ambos padres. Al quedar uno de ellos sobreviviente infectado con el VIH, también este recibe apoyo de parte de este organismo. Allí se les proporciona educación y habilidades para la vida que los aleja de vagar por las calles pidiendo comida y dinero, ver pornografía, oler pegamento y usando otras drogas. Este proyecto también es apoyado por la SME.

Después de casi dos años, empecé a compartir mi tiempo con el grupo de jóvenes. Acompañado por un equipo multidisciplinario —Religiosas, seminaristas, laicos y sacerdotes— estamos reestructurando los procesos de formación para la juventud de la parroquia “Nuestra Señora de Guadalupe” la cual es atendida por los Misioneros Mexicanos de Guadalupe y en la cual nosotros colaboramos. Para tal fin, me paso los fines de semana atendiendo sus actividades tales como estudio bíblico, festivales artísticos, retiros, talleres, y muchas más que me hacen recordar mis días en la pastoral juvenil.

Este primer día de Octubre he sido aceptado como miembro temporal de la SME, lo cual agradezco a Dios ante todo, a los formadores y al Consejo Central por la confianza depositada en mí. Este es un pasito más a mi vida vocacional que me recuerda que ser sacerdote es ante nada ser un servidor. Pido mucho sus oraciones para que pueda llegar a la meta y mantenerme siempre con la mirada en Dios.

Antes que Yo te formara en el seno materno, te conocí, Y antes que nacieras, te consagré; Te puse por profeta a las naciones” (Jeremías 1:5).

 

ACTUALIDAD DE TERESA DE LISIEUX

TeresaDios en la experiencia de una mujer

La mujer está llamada a ser “una señal de la ternura de Dios con el género humano”, y a enriquecer la humanidad con su “genio femenino”. Y ambas cosas realizó nuestra santa en su vida y en sus escritos.  El feminismo de Teresa de Jesús desembocaba en un compromiso mayor con el Evangelio, por encima de los prejuicios que marginaban a la mujer de su época.

Ella misma escribe con claridad y sentido del humor lo que vivió durante el viaje a Roma antes de entrar al Carmelo:  “No puedo comprender todavía porque las mujeres son tan fácilmente excomulgadas en Italia, cada momento nos decían: “¡No entren aquí.., no entren allá , serán excomulgadas!”… ¡Ah! las pobres mujeres, cómo son menospreciadas!… Sin embargo, ellas aman a Dios en mayor número que los hombres y durante la pasión de nuestro Señor las mujeres tuvieron más coraje que los apóstoles ya ellas enfrentaron los insultos de los soldados y tuvieron la osadía de enjugar la cara adorable de Jesús”.

“Seguramente esta es la razón por la cual permite que el desprecio sea su lote en la tierra, ya que Él lo eligió para sí mismo … En el cielo, Él va saber mostrar muy bien que sus pensamientos no son los de los hombres, porque entonces las últimas serán las primeras…. “

Dios en la experiencia de una joven

El lenguaje de Teresa de Jesús es juvenil. Ella responde a la exigencia de la juventud que busca una experiencia espiritual profunda. Hablando de su encuentro con Jesús en el día de su primera comunión Teresa comentó: “desde mucho tiempo, Jesús y la pobre pequeña Teresa se habían mirado y se habían comprendido… Él era el maestro, el Rey”.

Los y las jóvenes encuentran en Teresa un camino para superar el divorcio entre lo humano y lo divino, entre la fe y la vida. La vida espiritual de Teresa se vivía en las circunstancias pobres y monótonas de cada día con la grandeza de la sencillez.

Teresa de Lisieux habla a los  y las jóvenes para mostrarles, desde su sensibilidad juvenil, el verdadero sentido de la libertad entendida como don de si mismo(a) en el amor. Se busca el bien de los y las demás en el olvido de sí mismo(a), sin las ataduras del egoísmo y la esclavitud de la pasión: “Todo nos lleva a Él, las flores que crecen a orilla del camino no se apoderan de nuestro corazón, las  miramos, las amamos porque nos hablan de Jesús, de su poder, de su amor, pero  nuestras almas quedan libres” .

Las enseñanzas de Teresa tienen frescura, entusiasmo y sentimiento sin caer en sentimentalismos y falsas ilusiones. Ella misma decía: “Entrando en el Carmelo, Dios me dio la gracia de no tener ninguna ilusión. Encontré la vida religiosa tal como me la figuraba, ningún sacrificio me sorprendió, y sin embargo, Madre querida, mis primeros pasos han encontrado más espinas que rosas”.

Su corazón grande deseaba abarcar a todo el mundo

“¡Ah!  A pesar de mi pequeñez, quisiera iluminar las almas como los profetas, los doctores, tengo la vocación de ser apóstol….quisiera recorrer toda la tierra, predicar tu nombre y plantar  la cruz gloriosa en el suelo infiel, pero, oh amado mío, una sola misión no alcanzaría,  quisiera al mismo tiempo anunciar el evangelio en las cinco partes del mundo y hasta en las islas las más alejadas… Quisiera ser misionera no sólo durante algunos años, sino quisiera haberlo sido desde la creación del mundo y serlo hasta la consumación de los siglos”.

El oro purificado en el crisol 

Su vida contemplativa con dimensión apostólica y misionera pasó por la purificación, el sufrimiento y la oscuridad de la fase dolorosa del misterio pascual. La enfermedad por un lado y la noche oscura de la fe, por otro, realizaron en ella la obra de Dios que la quería transformar y unir a El: “Dios permitió que mi alma fuera invadida por tinieblas oscuras y que el pensamiento del cielo que me era tan dulce no sea más que un sujeto de combate y tormento… Hay que pasar por este túnel sombrío  para comprender la oscuridad”.

A ese sufrimiento interior, el mayor, sin duda, se añadió el dolor de la enfermedad: la tuberculosis que la fue destruyendo físicamente y de manera especial al agravarse en los tres últimos meses de su vida.

Esta situación no la apartó de la fidelidad a las exigencias del amor a Dios y a los demás. “No teniendo el gozo de la fe, trato al menos de hacer las obras que me dictan esta fe. Creo haber hecho más actos de fe desde un año que  en toda mi vida pasada”.

Estos rasgos de Santa Teresa del niño Jesús nos permiten ver que ella no fue una niñita ingenua y beata como tantas veces nos fue presentada. El camino de la infancia espiritual no es un camino para niños, sino para maduros. El caminito a la santidad que nos sugiere recorrer es exigente porque implica coherencia total.

Feliz Fiesta de Santa Teresita a todos los misioneros y  misioneras.

Equipo de Redacción Blog Smé Honduras