La Iglesia y las migraciones, Día del migrante

FAMMIGRANTES

Para la Iglesia, poner un rostro humano al fenómeno migratorio, significa superar los paradigmas que, en forma desproporcionada, han centrado dicha gestión en el control  migratorio y en la administración de las fronteras.

Humanizar la migración de nuestros países fronterizos, como son: las entradas clandestinas con mayor peligrosidad, implica comprender que el proceso migratorio de una persona no concluye con la llegada de ésta a su lugar de destino o de retorno, sino que continúa hasta el momento en que la persona logra integrarse  a la sociedad de destino o reintegrarse a la de retorno.

Las migraciones son: vías de encuentro entre los seres humanos, entre las culturas, entre las sociedades  y hoy entre el mundo moderno-globalizado. Los migrantes puede derribar prejuicios, madurar comprensiones y crecer en fraternidad, en vista de la unidad de la familia humana.

Bajo esta perspectiva, las migraciones han de considerarse como la punta avanzada de los pueblos en camino hacia la fraternidad universal.

La Iglesia que, en su estructura de comunión, acoge a todas las culturas sin identificarse  con ninguna de ellas, se pone como signo eficaz de la tensión unitaria en acto en el mundo. Una Iglesia que está con y por el pobre, que defiende y habla en su nombre.

Las migraciones plantean a los cristianos nuevos compromisos de evangelización y de solidaridad.

En cualquier país existe el problema de los alojos, de la hospitalidad, de los rechazos, de la xenofobia, de la indiferencia y del asentamiento; y, por otro lado, existen ofertas de trabajo y seguridad social. Por tanto, la situación de precariedad del migrante engrandece enormemente aquellos problemas comunes.

Los rostros en el que viene acompañado son; el ánimo y la decepción; la melancolía y la desesperanza; la vida y la muerte, llevando en su mente  un solo objetivo, el de “sobrevivencia”.

Los rostros sufrientes , la mayoría de las veces están llenos de polvo, de amargura, de desesperación, de lágrimas y de tristeza.

Existen seres humanos sin escrúpulos que cazan a otros seres humanos y los mantienen atrapados en sus redes. A merced de las mafias que trafican con la carne y la consciencia de los más desprotegidos, las víctimas dejan de ser personas y se convierten en mercancías.

A los migrantes y refugiados les es negada la fraternidad, la tierra, el suelo bajo sus pies. Sin pestañar persiste la locura y la desvergüenza en que convergen injusticia, crueldad, desprecio, agravio y muchas veces encubrimiento. Pero, en muchas ocasiones, nadie sabe de verdad cuántos son, dónde o cómo están, en donde se quedan literalmente en la calle convertidos en “sin papeles”, permanentemente amenazados por la expulsión, sin posibilidad de trabajar o de conseguir un vida digna.

La Iglesia como defensora de derechos humanos está llamada a proponer y a solicitar justas soluciones en nombre de Dios y en nombre del ser humano. Hasta el día de hoy, no contamos con leyes que favorezcan el bien de las personas, lo que sí es cierto, es que estas leyes están procurando inestabilidad en el mundo de la migración.  Para la Iglesia, los migrantes son considerados parte esencial de su evangelización. Ningún país puede ser indiferente, insensible a los problemas que la migración presenta en sus diferentes etapas.

La Iglesia tiene una precisa propuesta: que nuestros países que experimentan día a día el fenómeno migratorio, sean de verdad más unidos, más solidarios y más hospitalarios. (Autor, P. Cesar Cañaveral).

ORACIÓN POR LOS MIGRANTES

Oh Jesús, te pido por aquellos que andan lejos de su patria y bien la experiencia de la emigración. Ellos son hermanos nuestros en búsqueda de una vida mejor, refugiados que huyen de la violencia, familias en camino a causa de la pobreza, sin saber a dónde llegar. ¡Todos ellos necesitan de tu ayuda!

Tú mismo te puedes identificar con ellos, habiendo experimentado, por voluntad del Padre, la dura prueba del exilio junto con María, tu madre, y con José.

Nuestros hermanos migrantes necesitan tu luz para descubrir las promesas vacías que frecuentemente los atraen. Ellos necesitan de tu Iglesia, para que les recuerde sus obligaciones, que muchas veces son olvidadas por sus diarios sufrimientos. Ellos necesitan tu sobrenatural ayuda para ennoblecerlos y confirmarlos como cristianos en su trabajo.

Corazón de Jesús, bendice a los migrantes, guárdalos junto a tu corazón. Llena sus vidas con el amor de Dios, quien es el principio de todo bien.

Defiéndelos del peligro y fortalece su fe, para que busquen la felicidad no solamente en este mundo sino también para la vida eterna.

Que como peregrinos de la Iglesia de Dios, puedan alcanzar la ciudad celestial y disfrutar la vida eterna contigo para siempre.

 

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