SER MAESTRO ES UNA VOCACIÓN

Muy pocas veces me he puesto a reflexionar acerca del servicio que desempeño. Es probable que no sea el mejor de los guías y maestros, sin embargo trato de hacer las cosas con el mejor amor del mundo. Siempre he creído que Dios me ha llamado servir. Así lo creo y así es. Hace casi dos años atrás comencé mi labor como facilitador, no me gusta hacerme llamar maestro porque no poseo todo el conocimiento y porque ellos (mis educandos) también me enseñan grandes cosas.

Si alguien me preguntara que significa para mí lo que hago, le diría que no hay mayor recompensa que ver sonreír una cara, o ver a una persona cambiar de actitud. No me importa caminar casi dos horas para ejercer mi labor, aunque humanamente me canso, me agoto, y no quiero caminar más. Entrar al salón de clases me devuelve el ánimo, el amor a lo que hago, hace florecer en mí fuerzas de donde no las hay.

Algo muy curioso, es cuanta influencia puedo ejercer sobre ellos,  lo que quiero es que ellos sean capaces de salir de sus pequeñeces, que sean capaces de poder observar que existe un universo de posibilidades, y cada uno tiene la capacidad de poder alcanzar aquello se propone.

A veces,  sus ingenuidades me hacen reír, pero luego recuerdo que yo pasé por ahí y me pongo en su lugar. Sé cuanto un maestro puede marcar la vida de un estudiante porque yo fui marcado por algunos de los que tuve.  No sé cuanto pueda ayudarles a crecer, pero sé que un día me recodarán por aquello que hice en sus vidas. Quisiera verlos volar y sentirme dichoso de haber sido parte de ese vuelo. Para mí lo más importante no es cuanto puedan memorizar, sino que el aprendizaje que vayan a obtener les sea útil y funcional para sus vidas.  No sólo importa que aprendan conceptos, sino practicarlos. No  es mejor el que saca la nota más alta, sino quien hace de su aprendizaje un pilar para su vida. Así soy, en eso me enfoco.

¿Y Dios está presente en este trabajo del educador? Claro que sí. Lo veo en los rostros de mis educandos, es Jesús que me ve. Es Jesús quien me acompaña. Solamente Él, me ha llamado a servir de esta manera. Puede ser que para muchos sea esta vocación de educador sea una forma de ganarse la vida. Para mí no hay un salario que le pague a aquel que educa, enseña, y ayuda a crecer a otros.

Por eso, las felicitaciones se quedan cortas en un día tan especial como lo es el Día de Maestro. Yo diría “ Larga vida para ellos”.

Carlos Mejía G.Carlos Mejía G. es originario de la Aldea Agua Blanca Sur,  Yoro, Estudiante de Pedagogía, trabaja como facilitador en C.E.B IHER Espíritu Santo, El Mineral.  Colabora con el equipo misionero de la Smé en Agua Blanca y es Coordinador General de Cevas ( centros de vacaciones solidarios)

 

 

 

 

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