Acoger y acompañar al migrante

Desde Enero  de 2017, mi ministerio ha sido apoyar la casa de migrante en la ciudad de Ocotepeque. La casa está situada en el área del trifinio donde los países de El Salvador, Guatemala y Honduras se unen. Históricamente esta es una de las rutas que los migrantes usan en su viaje hacia Estados Unidos. La casa sirve como un lugar donde pasan una noche de descanso. En ella, se les ofrece comida, un lugar para ducharse y tener una noche en seguridad. Muchos de los migrantes han pasado muchas dificultades hasta de llegar hasta aquí y les esperan muchos peligros en el camino que les falta en recorrer. Es parte de mi ministerio darles información donde están situadas las casas de migrantes en Guatemala, México y Estados Unidos y también informarles de los peligros que puedan correr en la ruta migratoria. Estos peligros van desde la trata de personas, los robos, los secuestros y muchos otros.  Es también parte de mi ministerio escuchar y acompañar espiritualmente a los que lo necesitan, pero al mismo tiempo cocino, limpio la casa, lavo la ropa de cama, y ayudo con reportes al final del mes para nuestros donantes. El ministerio con migrantes es un ministerio que nos llama a acompañar a nuestros hermanos/as que están buscando una vida mejor en otros países. La mayoría de los migrantes son forzados a salir de sus países de origen por necesidades económicas, y violencia en su contra. El apoyo que nosotros les damos en la casa de migrante es simplemente un momento de paz en un viaje lleno de peligros. La mayoría de nuestros hermano/as que pasan por la casa del migrante no llevan mucho más que la esperanza y la confianza de que un día tendrán una vida mejor y que Dios les ayudará en el futuro incierto al que se afrentan.

Luis Lopez SFM,  sacerdote misionero, miembro de la Sociedad de Misiones extranjeras Scarboro, ha sido misionero en Camboya, Guyana y Honduras.

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Un montón de testigos… Domund 2017

Leí el mensaje del Papa Francisco para la Jornada mundial de las misiones. Voy a resaltar sólo algunos puntos que me llamaron la atención. El Papa busca expresar cuáles son los fundamentos, el corazón y las actitudes de la misión que define como anuncio del Evangelio del amor de Dios Padre hecho con la fuerza del Espíritu Santo.

Todo comienza, dice, con un encuentro. Encuentro con un acontecimiento o una persona que da un nuevo horizonte a la vida. Tiene que ver con lo que llamamos ser testigo. Ser testigo es ser impresionado por algo o por alguien, a tal punto que uno desea ser o vivir algo parecido. ¿Quiénes son esas cosas que han marcado mi vida? Probablemente personas como mis padres, un familiar, abuela o tío, amigos, Rogelio, Etty, o grandes personajes de la historia, del deporte… o de la Iglesia como Monseñor Romero o doña Rosita de mi comunidad, etc.

Se trata de un conocimiento adquirido por experiencia: yo lo ví, lo oí, lo escuché, lo entendí… y eso ha cambiado algo dentro de mí. Ha dado un sentido a mi vida, un horizonte, un rumbo. Hasta me ha salvado, me ha devuelto la paz, la alegría.  Yo llevo dentro de mí el fruto de ese encuentro. El testimonio primero me ha servido a mí. Llegó a ser referencia de vida. Y yo sé cómo hablar de esa experiencia que ha cambiado. Puedo comunicarla a otros cuando la ocasión se da. De palabra o de vida.

En el testimonio, no se trata de imitar completamente al otro. Lo que me ha tocado pertenece al otro, es único. Yo vivo otra vida, en otro tiempo, lugar, contexto, cultura. Lo que transfiere el testimonio va más allá de las circunstancias. Se comunica lo que está en el corazón de las cosas, el espíritu, el alma, el Dios escondido de repente revelado, la fuente de todo, lo permanente, lo vital, el fuego, la fuerza, la alegría. Este encuentro con un testigo, uno lo puede haber vivido en vivo y directo. Pero hay encuentros que se hacen en forma indirecta. Yo no conocí a Monseñor Romero, pero he escuchado grabaciones de sus homilías. No he conocido a Jesús, pero he oído hablar de él por sus amigos de ayer y de hoy. Estamos rodeados por una nube de testigos de Dios. Y uno puede ser testigo para otros. En el mundo de la fe, de la misión cristiana, todo acontece de la misma manera: testimonio de vida, de palabra que me revela al Dios Amor presente en el testigo Jesús, que me llega hoy en directo por montón de testigos, y que me dan ganas de comunicarlo yo también.

Juan Greffard pmé. Sacerdote misionero miembro de la Sociedad de Misiones extranjeras de Québec, ha sido misionero en Chile, Canadá, Brasil  y Honduras.

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La misión en familia

En estos dos últimos años, mi esposa Runy y yo, hemos estado acompañando un grupo de Infancia Misionera en la aldea de Urraco de la Parroquia Santa Rita, Yoro. Lo hemos nombrado  “Misioneros de Cristo” con su lema “Siempre Listos”. Como familia , este trabajo nos ha llevado por un camino lleno de  muchos retos,  muchas tristezas y  también satisfacciones. Hemos aprendido a conocer cada una de las realidades de estos niños y niñas que viven  en situaciones de mucha  pobreza. La mayoría vienen de hogares con un alto grado de desintegración familiar. Muchos de ellos no viven con sus dos padres, algunos  viven  sólo con su madre y otros con algún pariente cercano. Quiero comentarles que hay niños que por el trabajo y ocupaciones  de las personas con quienes viven quedan prácticamente solos en sus hogares. Así es el caso de dos de una niña de   9 años que  va a la escuela por la mañana, mientras su  hermano de 5  años queda solo hasta el mediodía hasta que le llega la hora de  ir a clases en el kinder de la comunidad. En otra familia, la mamá tiene que dejar a cargo de su hija de 7 años a  los dos más pequeños cuando ella debe ir a trabajar o realizar cualquier otro mandado e ir al médico. No todos los niños de Infancia Misionera cuentan con esta realidad, pero estos casos son los  más relevantes y hemos decidido compartirlos ya que esto nos llena de mucha compasión y sobre todo nos impulsa a seguir con la misión.

Contamos con el apoyo del consejo de la Iglesia Católica Virgen del Carmen que se ha convertido en esa alianza fuerte para llevar a cabo este proceso de la infancia en esta comunidad.

Para nosotros como animadores, no ha sido fácil debido a la variedad de  compromisos con los que ya contamos, como lo son: los compromisos  familiares, de trabajo y eclesial.

En algunos  momentos hemos sentido cansancio y desánimo. Pero al ver la acogida de los niños y niñas en nuestra llegada a cada encuentro. Al verlos cuando salen corriendo hacia nosotros con mucha emoción,  mencionando nuestros nombres, nos llenamos de mucha alegría, satisfacción  y deseos de seguir acompañándoles, motivándoles para que sean pequeños grandes colaboradores de la Iglesia y puedan crecer en amistad con Jesús.

Agradecemos a Dios, a los padres y madres de familia, por dejar que acompañemos a sus hijos e hijas, a las jóvenes que se encargan de ir a traer y dejar a los niños en sus casas el día del encuentro, al padre Andrés,  a las misioneras Yanira y Grisel que siempre nos apoyan y acompañan en este importante trabajo y hermoso proceso misionero.

antonio y runyAntonio Cruz y Runy Banegas, matrimonio que trabaja en colaboración con los misioneros de la Sociedad de Misiones Extranjeras en la Parroquia Santa Rita,  viven junto a sus dos hijos en la comunidad de El Bálsamo. Antonio  acompaña a la comunidad de Urraco  como Delegado de la palabra, allí junto a Runy y con la colaboración de algunos jóvenes  animan los encuentros de Infancia Misionera.