Reflexión 11 de marzo, IV Domingo de Cuaresma

Jesús y el Nico
Juan 3, 14-21

Cierto doctor de la ley, un hombre muy religioso,
se acercó haciéndose el oso de noche a nuestro Señor
y con dos preguntas zonzas su ingorancia reveló.

¿Sos maestro de la ley y te asombra que te diga
que, aunque tengas mucha vida, debés volver a nacer,
nacer de agua y espíritu para al Padre poder ver?

Pues de tal manera amó a este mundo papito Dios
que a su propio chaval dio
para todo aquel que crea no se pierda en esta vida
sino tenga vida eterna.

Pues no vino Dios al mundo para que el mundo se pierda.
Todo cristiano recuerda su gran entrega de amor
para que el mundo se salve: ¡A eso vino el salvador!

Los religiosos la pasan criticando a todo el mundo,
a todos tratan de inmundo y sin embargo el Señor
se hizo hombre y vino al mundo para entregarle su amor.

Porque la luz vino al mundo y hay quienes soplan la vela,
pues amaron las tinieblas por eso están condenados,
pues hacen obras muy malas ¡y no creen los dundos!

El que ama y hace el bien tiene la luz encendida,
nadie apaga en esta vida la luz que viene de Dios
iluminando más vidas pues luchará con amor.
Y no es cuestión de liturgias ni de una simple teoría,
la verdad se la practica y todo el que anda en la luz
ilumina todo el mundo caminando con Jesús.

(adaptación)Claudio Cruces, Argentina

IVdom