EL PAPA A LOS JÓVENES, XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos

Con ocasión del encuentro por el Sínodo, Francisco se dirige a los jóvenes de todo el mundo.

Entre los videos y las notas al piano de Giovanni Caccamo, la voz del actor romano Giovanni Scifoni y la breve exhibición de un cura ecuatoriano bailarín. Bergoglio escuchó los fragmentos de vida de algunos chicos de los 20 a los 30 años: historias principalmente de sufrimiento y renacimiento gracias a la fe, de quienes eran esclavos de las drogas o del sexo (buscado en chats o en la pornografía), de quienes eran víctimas de acoso escolar o de un cáncer, de quienes tuvieron una infancia difícil, quienes festejaron su cumpleaños número 18 en la cárcel o que viven en un campo de prófugos de Siria, como refugiados o voluntarios.

Los mismos chicos (uno con un brazo enyesado, en el que el Papa dejó su firma) le entregaron simbólicamente un sobre blanco con preguntas sobre cómo afrontar los desafíos de la sociedad, de la política, de la Iglesia. Francisco, que tomó la palabra al final del “festival”, responde completamente improvisando y abandonando el discurso preparado por escrito. Comenzó inmediatamente con una broma: «Aquí están las preguntas escritas, la respuesta la darán los padres sinodales, porque, si yo diera aquí las respuestas, ¡anularía el Sínodo! La respuesta debe venir de todos: de nuestra discusión. Sobre todo, deben ser respuestas hechas sin miedo».

Después el Papa pidió a los jóvenes valentía, coherencia y concreción. Pero antes advirtió sobre los peligros de los populismos que hacen ver en el otro, en el extranjero, el mal, un enemigo que debe ser alejado: «Hoy están de moda los populismos, que no tienen nada que ver con lo “popular”. Lo popular es la cultura del pueblo, que se expresa en el arte, en las ciencias, se expresa en la fiesta: cada pueblo hace fiesta a su manera. Pero el populismo es lo contrario: es la cerrazón en un modelo: “Estamos cerrados, solo estamos nosotros”. Y cuando se está cerrados no se va adelante». ¿Cómo derrotar esta mentalidad de cerrazón, esta mentalidad que lleva a «esclavizar a los más débiles», que lleva a «cerrar no solo las puertas, sino también las manos»? «Se derrota con el abrazo, con la acogida, con el diálogo, con el amor que es la palabra que abre todas las puertas», afirmó Bergoglio.

Con el mismo vigor, advierte sobre los peligros de la red: «Es cierto —afirma—, la interconexión con lo digital es segura, rápida, pero si tú te acostumbras a esto, acabarás como esas familias en la mesa, en la comida o en la cena, cada uno con el teléfono en la mano, hablando con los demás con el teléfono, sin una relación concreta, real». Esto no funciona, repitió Francisco. «Cada camino que tomen, para ser seguro, debe ser concreto», porque la concreción es lo que «saca adelante». Por lo tanto, «si los medios, el uso de la red te lleva fuera, te vuelve “líquido”, ¡córtalo!».

En relación con la concreción, el Pontífice invita, como siempre en los encuentros con la juventud, a recuperar y reforzar las propias raíces mediante el diálogo con los ancianos. Casi conmovido por la foto de un chico con su abuelo, mostrada durante el propio testimonio («es el mensaje más bello de la tarde», dice), Francisco exhorta: «Hablen con los abuelos, hablen con los viejos, esto los hará felices. Ellos son las raíces de su concreción, de su crecer, florecer y dar fruto. Y todo lo que el árbol tiene de florecido viene de lo que está enterrado. Esto no lo he dicho yo, lo ha dicho un poeta».

El Pontífice, también habló sobre la «coherencia de vida», diciéndose entristecido porque los jóvenes se escandalizan justamente al «ver una Iglesia incoherente, que te lee las Bienaventuranzas y luego cae en el clericalismo más principesco y escandaloso». «Si tú eres cristiano, toma las Bienaventuranzas y ponlas en práctica. Y si eres un hombre o una mujer que ha dado la vida, la has consagrado, aunque seas un sacerdote (o un cura que baila) y quieres vivir como cristiano, sigue el camino de las Bienaventuranzas, no de la mundanidad, del clericalismo, una de las perversiones más feas de la Iglesia».

Fuente: www.lastampa.it

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