Campamento Misionero Descubre Tu Camino Costa Rica 2019

Escrito por Danye Abarca Mora

El pasado 13 y 14 de Julio, en la Zona de los Santos, Costa Rica se vivió el primer campamento misionero organizado por la Sociedad de Misiones Extranjeras de Quebec, como parte del programa vocacional “Descubre tu camino”.

Cada persona tiene una necesidad innata de descubrir su espacio en la humanidad, o en otras palabras de definir su propósito y pasar de verlo como una idea intangible a una realidad. Para mí era urgente reconocer esa vocación para la cual Dios me trajo hasta acá, pues esta pregunta existencial se había intensificado a medida que pasaba el tiempo y sentía que no avanzaba en esa búsqueda, en caso contrario me consideraba en retroceso.

Tuve la dicha de participar de esta maravillosa experiencia que me permitió obtener un enriquecimiento espiritual y social, en donde alejada de la rutina, viví un encuentro con Dios en el silencio de la naturaleza y en la calidez humana, cosas tan importantes pero sutiles como trabajar en equipo para armar las tiendas de campaña, encender la fogata, el compartir las experiencias previas en la misión y los ideales futuros, marcaron definitivamente un antes y un después en mi vida, estos momentos bastante amenos generaron una base de aprendizaje que traspasaba más allá de mis expectativas.

Estaba muy equivocada al considerar que mi búsqueda respecto a mi “propósito en la vida”, estaba en retroceso, lo vivido en el campamento me hizo comprender que verdaderamente existe una vocación inherente a la condición humana, la cual trasciende cualquier barrera física o imaginaria porque es a lo que todos como habitantes del planeta estamos llamados.

El padre Andrés Dione mencionó esta frase que caló en mi corazón: “Nuestra vocación es ser pleno”. Cada uno de nosotros busca sentirse feliz en lo que hace: el trabajo, las relaciones familiares, sentimentales, la amistad, en la espiritualidad, etc. Para mí no cabe duda que en ellas el factor común es el verbo más preciado de todo lenguaje “amar”, el amor nos conduce al respeto y a la sana convivencia, a buscar el bienestar común, a luchar colectivamente y  aunque parezca utópico, es el objetivo del amor, la felicidad.

De nuevo cito una frase del Padre Andrés, “El amor es vivir el misterio de Dios”. Ahora puedo comprender que mi interacción social bajo este principio ha conducido mi vida al propósito más maravilloso por el cual fuimos creados, a pesar de que en momentos flaqueamos la idea de amar nos ha sumergido en el proyecto de Dios, el mismo Jesús lo demostró en la cruz, la cual cargó únicamente por amor, cada uno de nosotros lo hará a su manera pero siempre representando esa vocación humana.

El campamento impactó mi discernimiento en muchos aspectos el principal fue ese. Entender que además de esclarecer mi vocación cristiana o mi llamado como tal es necesario reconocer mi vocación humana y conjugarlas.

Comprendí que el proceso puede ser lento porque es fundamental prepararse en muchos aspectos, la paciencia debe de mover mi discernimiento esto podría decir que lo experimenté con el testimonio de los compañeros que han salido fuera de sus países de origen para vivir la misión en tierras extranjeras, inclusive al compartir con los compañeros que ejercen la vocación matrimonial o el sacerdocio, todos ellos fueron en su momento pacientes en ese discernimiento.

Esta experiencia definitivamente le trajo luz a mi confusión y me ayudó a orientar mi pensamiento hacia este proceso que estoy iniciando, la búsqueda de mi vocación cristiana porque trataré de vivir con mayor intensidad mi vocación humana. 

¿Y si Jesús fuera un hondureño?

Escrito por Elsa Lidia Izaguirre Madrid

En Honduras las últimas semanas hemos vivido una serie de protestas que han convulsionado nuestro país en toda su extensión: tomas de carreteras, huelga de la policía, manifestaciones estudiantiles, abusos por parte de la autoridad, saqueos y criminalidad entre otros. Ante estos acontecimientos hacemos nuestras las palabras de la conferencia episcopal:

<< La situación actual es consecuencia de una crisis, por eso se hace aún más compresible y dolorosa la indignación de la mayoría de la población, el sufrimiento de los más pobres, la decepción de los jóvenes, el miedo de los migrantes, la angustia de los enfermos, la impotencia frente a la corrupción y la impunidad, el cansancio de quienes luchan por una Honduras mejor sin ver resultados.>>

Esta crisis se traduce en cifras del Banco Mundial: <<En Honduras más del 60% de la población vive en pobreza y en las zonas rurales uno de cada 5 hondureños vive en pobreza extrema (menos de un US$1.90 al día). A pesar que las perspectivas económicas son positivas, Honduras enfrenta los niveles más altos de desigualdad económica en Latinoamérica…, además de las tasas de crimen y violencia más altas del mundo[1].>> Esto sin mencionar la crisis en el sector salud, educación, el agro y la lista sigue.

Los hondureños no tenemos una vida mejor, y este hecho se refleja en la migración. Para el 2014, 1.2 millones de compatriotas ya vivían en el extranjero, en su mayoría indocumentados[2]. Cinco años después, el fenómeno de la migración ha incrementado exponencialmente y es aún más alarmante ya que se ha registrado un aumento en niños y niñas migrantes no acompañados, así como la movilización de unidades familiares[3].

Las personas no huyen de su patria, huyen de la pobreza, el desempleo y la violencia.

Frente a este panorama la pregunta para usted y para mi es ¿Por qué existe tanta desigualdad en un pueblo que, en su mayoría, se identifica como practicante de la fe en Dios?, ¿por qué permitimos tanta iniquidad?

Oramos por la paz en Honduras pero nos mantenemos al margen, viviendo “en la otra Honduras” en la que todavía existen algunas oportunidades, para algunas personas… en la que todavía se come.

Nos adaptamos para vivir en medio de la inestabilidad, la incertidumbre e injusticias, en muchas ocasiones como pueblo asumimos que las crisis no tienen remedio y hasta se consideran “normales”. Ajenos al resto, ocupados en lo propio, olvidamos que los derechos y libertades que gozamos hoy son frutos de luchas sociales libradas en las calles del mundo. Olvidamos que los derechos se conquistan una vez, pero se defienden todos los días.

La historia nos enseña que la construcción de una sociedad justa y en paz comienza por sus ciudadanos en la cotidianidad de sus vidas. Por tanto, estamos llamados a denunciar las injusticias que ocurren en nuestra casa, trabajo, aula de clases, en la calle y en las iglesias.

Estamos llamados amar. Y ese amor nos hace defender a quienes soportan diariamente los atropellos y humillaciones, estar del lado de quienes no tienen las mismas oportunidades. Ese amor nos involucra más allá del asistencialismo y las limosnas, nos mueve a cuestionar, protestar y actuar para renovar las estructuras y sistemas de nuestro país en favor de la dignidad humana.

Tal como lo haría Jesús si fuera hondureño.

Nuestro silencio nos convierte en cómplices. Nuestra indiferencia mata.


[1] Fuente: https://www.bancomundial.org/es/country/honduras/overview Datos actualizados el 04 de abril 2019.

[2]  Fuente: https://www.elheraldo.hn/hondurenosenelmundo/617067-299/honduras-con-12-millones-de-migrantes-en-el-mundo

[3] Fuente: https://www.laprensa.hn/honduras/1176735-410/aumento-migracion-hondure%C3%B1os-eeuu-caravana-migrantes