Ser joven en Nicaragua

La danza de los sueños, en el borde de las crisis

Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción casi hasta biológica, dijo una vez Salvador Allende.

En Nicaragua crecimos escuchando la palabra “revolución” como un mantra, como una consigna y ahora como una necesidad. Sin saber exactamente a que hace referencia y considerando “la revolución” como un evento histórico en el que un grupo de jóvenes rebeldes lograron derrocar al dictador de turno y con gran alegría llenar una plaza con banderas rojas y negras, que representaban la libertad y el futuro esperanzador, fuimos creciendo con el significado de esta palabra cada vez más difuso y desconocido para todos.

Yo siempre me pregunto, ¿qué quería decir Allende cuando formuló esa afirmación? Revolucionar es cambiar, es trastocarlo todo, es mover de su sitio ideas, conceptos, comportamientos, actitudes y sistemas que de una u otra forma no nos satisfacen, pues se alejan de los valores y de los fundamentos éticos con qué regimos nuestras vidas. Es transformar esa realidad por una en la que nos sentimos mejor, nos sentimos incluidas, respetados y con posibilidades para desarrollarnos. Pero en Nicaragua aun seguimos sin saber muy bien en que consiste.

Nicaragua es un país donde la palabra crisis es de uso cotidiano. Aquí las oportunidades para estudiar, para conseguir un empleo digno son muy escasas, donde las mujeres salen embarazadas a muy temprana edad por falta de educación sexual, donde los gobiernos te usan, pero no te dan las herramientas para crecer y ser mejor. Pero es en este país donde hemos aprendido a luchar día a día para tener derecho a soñar.

Estamos llenos de sueños. Soñamos con cosas chiquitas y con cosas muy grandes, por ejemplo soñamos con tener nuestras necesidades básicas cubiertas, soñamos con poder salir a la calle y no ser víctimas de robos o de violencia. También soñamos con la posibilidad de dedicarnos a las cosas que más nos gustan, soñamos con poder quedarnos a trabajar en nuestro país, con nuestras familias y amigos, soñamos con ser buenos deportistas y artistas, también con que el machismo y desigualdad se acaben, en fin, soñamos con muchas cosas que aun no tenemos.



Vivimos en una constante cuesta arriba, pero lo increíble de todo es qué aún con todo eso, resistimos y más aun, luchamos para cambiar las condiciones que hoy no nos dejan progresar.

A pesar de las estadísticas que nos ubican como uno de los países más pobres de la región, de las guerras, de la violencia, de la corrupción, de los pactos nefastos que nos han hundido en la miseria espiritual y nos han llenado de luto y dolor, a pesar de eso seguimos soñando, seguimos cultivando la esperanza de un futuro mejor.

Hace más de un año, en Nicaragua estalló una crisis social que nos ha dejado más de 500 muertos, desaparecidos, más de 60 mil exiliados, todo porque la dictadura de turno no entiende que el poder es transitorio y que nada vale más que una vida.

En abril del 2018 muchos jóvenes universitarios, salieron a manifestarse en contra de medidas gubernamentales que nos afectan a todos y todas, la respuesta a eso fue la represión y el asesinato a muchos de ellos. Hoy en día, todos aquellos que apoyaron de alguna manera esas protestas, son asediados, vigilados, apresados, amenazados y hasta asesinados por personas afines al gobierno. Hemos retrocedido.

Pero, con esta nueva crisis, se pusieron de manifiesto muchas cosas que antes no veíamos. La crisis afuera solo es un reflejo de lo que todas y todos cargamos dentro, nuestros valores, nuestras ideas. Los liderazgos que promueven la violencia y los simpatizantes que siguen las instrucciones al pie de la letra, demuestran una verdadera crisis en cada persona.

Pienso entonces, en lo que dijo Allende y ahora veo bien, revolución es cambiar todo eso que sabemos que está mal, pero no afuera, debemos empezar aquí, en el propio cuerpo. No puedo cambiar mi país si soy un hombre machista, violento, tampoco puedo cambiar mi país si creo que las demás personas no se merecen tener más y mejores oportunidades para su desarrollo. No puedo cambiar mi país, si miento, si no respeto al otro a la otra, si creo que vale más una bandera que una vida.

Podemos mejorarlo todo y queremos intentarlo, la juventud lo sabe, sabemos que hay cosas que deben cambiar. Por eso nos manifestamos, alzamos nuestras voces para luchar por el país que queremos. Esa es nuestra nueva revolución.

Oscar Acuña Moraga Comunicador social

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