“Estoy dispuesto a morir”

Nelson Mandela y la reconciliación

Escrito por Erget Tesfaye p.m.e.

El 20 de abril de 1964, el día que Nelson Mandela fue sentenciado a prisión, pronunció el famoso discurso conocido como “Estoy dispuesto a morir”. Esta frase en  particular ha sido la más recordada y el principio rector de su lucha por la justicia y la igualdad racial.

Su famoso discurso fue sobre una lucha que tiene como objetivo llevar la liberación y la democracia no a un grupo particular de personas, sino a toda la nación. No busco reemplazar la minoría blanca por mayoría negra y continuar gobernando, al contrario, su meta era establecer un sistema libre y democrático que sembrara armonía en el pueblo. Dedicó su vida a este sueño y estaba dispuesto a morir por ello.

Su vida en prisión fue muy dura, el aislamiento lo llevó a sufrir momentos de soledad y dudas. Sin embargo, no permitió que tales dificultades lo convirtieran en víctima de su sufrimiento tampoco que se comprometiera con el sistema para un beneficio personal. Mantuvo intacta su integridad y moralidad, sin permitir que la corrupción lo dominara. Cuando se le ofreció la libertad condicional, la rechazó diciendo que “sólo el hombre libre puede negociar”.

Su encarcelamiento lo hizo ser una persona más decidida y consciente de sí misma. Aprovechó este largo tiempo de encierro para purificar sus pensamientos y profundizar su percepción. Esto le permitió separarse por completo de la grandiosidad de sí mismo y adoptar la actitud correcta de humildad. Cultivó el valor de la paciencia que le permitió aprender sobre su calidad de liderazgo y desarrollar sus habilidades.

Apartheid fue el sistema de segregación racial en Sudáfrica y Namibia introducida en 1950 y derogada en 1991

Martha C. Nussbaum en su libro “Ira y Perdón” lo describe bien de la siguiente manera: “Para él, el liderazgo significaba entrenar pacientemente sus capacidades como un atleta entrena …” Tomó su tiempo para entenderse y canalizar su energía de una manera constructiva. Esta comprensión de sí mismo lo llevó a ser respetuosamente considerado con los demás, eliminando el resentimiento y la amargura y reemplazándolos por valores como escuchar con respeto.

Cuando llegó al poder, Mandela dio prioridad a la inclusión de la minoría afrikaner (población cuyos orígenes se remontan a la colonización neerlandesa)en el sistema democrático. Su intención era hacer que el otro grupo trabajara con él y no en su contra. Para Mandela, su sistema de gobierno consistía en utilizar las dolorosas experiencias del pasado como medio para aprender de ellas y hacerlas parte de la solución. Trabajó duro para crear una relación de confianza con sus antiguos adversarios.

El primer gesto que instigó fue crear un himno nacional que representara tanto a negros como blancos. Insistió que el himno debería formar parte de los dos himnos que pertenecieron al ANC y el del Apartheid. El himno del Apartheid apelaba a las emociones de un buen número de personas que no estaban representadas por el ANC, es decir, sudafricanos blancos. Para Mandela, esta fue la base para construir la reconciliación.

Nelson Mandela entrega al capitán de Sudáfrica, Francois Pienaar, el título de campeón del mundo de rugby en el año 1995 / REUTERS

Mandela también sabía que el deporte tiene el poder de tocar las emociones patrióticas de las personas. Dado que su mayor preocupación era la reconciliación, decidió utilizar el deporte para tal fin. Utilizó el rugby, el deporte más famoso entre los blancos, para romper la barrera entre negros y blancos en Sudáfrica. Logró crear una relación de confianza con los líderes blancos y los jugadores del equipo. Al hacerlo, inició la puesta en marcha de entrenamientos de rugby para jóvenes jugadores negros, esto facilito la integración de miembros del equipo y fanáticos que abrazaron el espíritu de la nueva Sudáfrica.

El año 1995 se convirtió en un punto de inflexión ya que Sudáfrica acogió la final de la copa del mundo. Se convirtió en un momento histórico en el que todos los sudafricanos tuvieron la oportunidad de unirse y realmente celebrar su identidad nacional. Este fue un ejemplo concreto que Mandela demostró creativamente la posibilidad de dejar atrás los errores del pasado con mente abierta y corazón generoso y crear armonía y unidad.

En ese mismo año se estableció la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, bajo el liderazgo del Arzobispo Desmond Tutu. Nelson Mandela en su discurso ante la comisión, expresó que existe una visión compartida que este evento ayudará a construir “una unidad nacional y una reconciliación a través del enfrentamiento a uno de los aspectos más complejos y sensibles de nuestro pasado”.

Photo by Anna Shvets on Pexels.com

Era necesario que el pasado se revelara para que no se repitiera y, al mismo tiempo, sirviera para allanar el camino hacia la reconciliación y la paz. Al recibir el informe de la TRC en octubre de 1998, Mandela comentó que el informe representa “un esfuerzo para nutrir los tiernos campos de la paz y la reconciliación”.

En conclusión, aprendemos de Nelson Mandela lo que se puede aplicar para lograr la paz y la reconciliación en cualquier parte del mundo. Podemos aprender sobre el valor de la autoevaluación crítica y humilde. Podemos aplicar habilidades para crear una relación de confianza con el oponente con una actitud humilde pero honesta y firme.

Nelson Mandela nunca vaciló de su convicción y nunca permitió que se corrompiera o se comprometiera. Tomo la palabra de Jesús “La verdad os hará libres” en su corazón y siempre buscó la verdad que llevó a toda la nación a la unidad y la libertad.

*** *** *** ***

1.El famoso discurso

“Durante mi vida me he dedicado a esta lucha del pueblo africano. He luchado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra. He acariciado el ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas vivan juntas en armonía y en igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y alcanzar. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir “.

2.El libro que cité

Martha C. Nussbaum (2016). Anger and Forgiveness. Oxford University Press. pag.227

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