La misión en la vida cotidiana

Escrito por Andrea Solano, Costa Rica

La Iglesia es misionera por naturaleza. Esto quiere decir que todos, desde el bautismo, somos misioneros. Vos y yo somos misioneros y hemos recibido el envío de parte de Jesús y el Espíritu Santo para ser colaboradores en la construcción del Reino de Dios, acá en la tierra, ya, ahora, en este momento.

«Desde el bautismo somos misioneros«.

Somos misioneros sin importar nuestra etiqueta de Iglesia: laicos, sacerdotes, religiosas o hermanos.

Muchas personas creen que los misioneros sólo son aquellos que están en un territorio de misión a miles de kilómetros de su casa. Los que han dejado todo, los que viven en una cultura diferente a la propia, los que tienen que aprender un idioma distinto y que ellos son los que hacen misión en la Iglesia. Pero entonces, todos los demás que estamos en nuestros países ¿Cómo nos llamamos? ¿Qué somos?

Los catequistas, animadores de grupos juveniles, los acompañantes espirituales, los que hacen diferentes apostolados en sus pueblos, los que tratamos de dar testimonio de Cristo en nuestra familia, trabajo, estudio ¿Cómo nos llamamos?

«Somos misioneros sin importar nuestra etiqueta de Iglesia: laicos, sacerdotes, religiosas, hermanos«. Photo by Jopwell on Pexels.com

Esto me recuerda la anécdota de un seminarista que llegó un día a un pueblo junto con el sacerdote; y una señora le dice: “-¡Usted es el misionero!” (haciendo una afirmación llena de alegría); pero el seminarista, inmediatamente, cambió su expresión facial de relajado a sorprendido, como queriendo decir “¿qué le pasa a esta señora?”.  Entonces le responde: “-No no, yo no soy misionero, soy seminarista”.

Yo, que estaba cerca, al escuchar esto, me quedé muy asombrada, preguntándome internamente ¿por qué el seminarista, que está en camino a ser sacerdote, se siente ofendido porque la señora le dice misionero? ¿Acaso él no sabe que es misionero también?

Ser misioneros y misioneras en nuestra vida cotidiana sin desanimarnos ni acomodarnos en medio de la rutina, viviendo con heroísmo los valores del Reino, puede ser tan desafiante como vivir la misión en otro continente. Somos muchos quienes prestamos un servicio en favor de una vida digna para todos, no sólo desde la Iglesia, también en diversos espacios sociales. Como diría san Romero: «Toda persona que lucha por la justicia, que busca reivindicaciones justas en un ambiente injusto, está trabajando por el Reino de Dios». ¿Vos cómo vivís la misión en tu vida cotidiana? ¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrentas?

Te leo en los comentarios.

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