La Transfiguración

Lucas 9, 28b-36

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Hemos iniciado ya el recorrido de este tiempo de cuaresma, tiempo de gracia y de encuentro que  Jesús nos ofrece. Nos relata el evangelio de Lucas que Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan y suben a la montaña, Esos discípulos, hoy somos cada uno de nosotros a quienes también Jesús invita ponernos en movimiento. Subir a la montaña como símbolo de la presencia de Dios, más que un movimiento físico, es el encuentro que nos invita a salir de nuestras comodidades. Subir a la montaña es mirar la gloria de Jesús y participar de ella.

Al igual que los discípulos, muchas veces nos reconocemos cansados y adormecidos,  aún con sueño, Jesús nos invita a ser capaces de mantenernos expectantes, vigilantes para disfrutar de su presencia. La tentación puede ser desear quedarnos cómodos, prolongar la experiencia a una tranquilidad indiferente, eso es muy humano. Pero para Jesús significó el encuentro decisivo, su conversación con Moisés y Elías fue en torno a la entrega de su vida en Jerusalén.

Da la impresión que Jesús no atiende a la propuesta de Pedro de hacer tres tiendas (no sabía lo que decía),  De pronto los discípulos pasan de la experiencia de ver a la de escuchar. Pero ¿Escuchar qué? Escuchar la voz de Dios que reconoce en Jesús al Hijo, al Elegido, a quien su  propuesta del Reino de Dios debemos escuchar. Su Reino de amor y esperanza del cual nos invita a participar para reconocer el rostro del Padre en cada persona, sobre todo en aquellos que han sido despojados de su dignidad y nos recuerdan la humanidad de Jesús.

Pasada la experiencia de la transfiguración de Jesús, todo vuelve a la normalidad, Jesús ha decidido seguir su camino a la Cruz y los discípulos guardan silencio, pareciese que todo ha sido un sueño que no han podido dimensionar. Será después de la pasión, muerte y resurrección de Jesús que ellos habrán entendido y compartido esta experiencia a las primeras comunidades al punto de testificar a Jesús y asumir las consecuencias que eso implicaría.

Que nuestra propia experiencia de encuentro en la montaña, con Dios Trinidad, sea una transfiguración que nos anime a decidir ver, escuchar y comprometernos con su Reino hasta el final y así participar en su gloria y resurrección.

Reflexión sobre el evangelio por Marvin Vasquez

Caminar hacia la pascua

Primer domingo de Cuaresma

AYER

Deuteronomio 26, 4-10

 El sacerdote tomará de tus manos la canasta y la pondrá frente al altar del Señor tu Dios. Entonces tú declararás ante el Señor tu Dios:

“Mi padre fue un arameo errante, y descendió a Egipto con poca gente. Vivió allí hasta llegar a ser una gran nación, fuerte y numerosa. Pero los egipcios nos maltrataron, nos hicieron sufrir y nos sometieron a trabajos forzados. Nosotros clamamos al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestro ruego y vio la miseria, el trabajo y la opresión que nos habían impuesto.Por eso el Señor nos sacó de Egipto con actos portentosos y gran despliegue de poder, con señales, prodigios y milagros que provocaron gran terror. Nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, donde abundan la leche y la miel. Por eso ahora traigo las primicias de la tierra que el Señor tu Dios me ha dado”.

HOY

palestino

Zachariah, 60 años, Territorios Palestinos Ocupados

“Mis padres salieron a la fuerza de Palestina en 1947 y se trasladaron a Syr, en el Líbano. Desde allí hui a Bengasi, en Libia, en 1994. Desde entonces he trabajado como carpintero, más de 20 años. Pero ahora la situación de Libia es mala y además tengo algunos problemas de salud. No encuentro ayuda médica y ya no puedo trabajar.

Antes Libia estaba muy bien pero ahora, en Bengasi, hay muchos problemas. Hay muchas personas armadas en el país y numerosas milicias que se enfrentan entre ellas; y nosotros, la gente de a pie de origen paquistaní, palestino, ghanés y de otros países de África, estamos atrapados en medio.

Se te acercan, preguntan cuánto dinero tienes y se lo llevan todo. Te disparan, te queman, te golpean. Abusan de ti y de forma muy violenta. Si tienes una hija y, al verla por la calle, les gusta, vienen por la noche y la violan delante de ti. Hay ladrones por todas partes; se llevaron mi coche, mi dinero y mis documentos y no hay nada que se pueda hacer. No hay policía ni ejército; no hay ley. Nadie puede ayudarte. Lo peor está en las calles, en particular de noche. A partir de las seis de la tarde, si trabajas hasta tarde, en el camino de vuelta a casa te cruzas con muchas malas personas. Nunca sabes lo que van a hacer.

Hace un año, tomé la decisión de llevar a mi familia a Europa, pero al ser palestinos, tuvimos problemas con los documentos y nos fue imposible viajar. Los que hemos venido, hemos llegado de esta manera porque no tenemos otra opción. El resto de mi familia está todavía en Bengasi, no teníamos suficiente dinero para que todos pudieran salir de allí.

Cuando subí por primera vez al barco creí que iba a morir. Pero pensé ‘veamos, si el profeta decide que voy a morir en el mar, voy a morir en el mar’. Ahora quiero ir a Suecia o a Noruega.

Cuando le dije a mi madre que me iba a Libia con la intención de llegar a Europa, me suplicó que no lo hiciera. Tenía miedo porque muchos eritreos han muerto en esta ruta. Hace tres años, mi mejor amigo murió en el trayecto a Europa, y hace apenas unos meses mi tío también lo intentó, pero el Estado Islámico lo capturó y lo asesinó. Sin embargo, no podía escuchar a mi madre. Sabía que el viaje sería largo y peligroso, pero en casa no había oportunidades.

Lo intenté por primera vez en 2012, pero me detuvieron y me encarcelaron. Con el tiempo, conseguí llegar a Etiopía. Después, fui a Jartum, en Sudán, y emprendí el viaje por el desierto hacia Libia.

El desierto Sahara es un lugar muy peligroso donde puedes encontrarte con muchos cadáveres. Seis personas de las que viajaban conmigo murieron en el camino hacia Ajdabiya. Ajdabiya es una ciudad gobernada por el hambre. Fue allí donde pagamos a los traficantes. Costaba mucho dinero, pero mi hermano, que está en Israel, y la hermana de mi esposa, que vive en Suecia, nos ayudaron.

En el viaje a Trípoli pasamos por muchos puestos de control y tardamos ocho días en llegar. Pasamos muchísimo miedo. Si te encuentra el Estado Islámico, te mata, y si lo hace la policía, te roba. De hecho, en Libia, parece que cada hombre, grande o pequeño, posee un arma. Al llegar a Trípoli, fuimos a vivir a una casa grande con otras 700 personas separadas por sexo y nacionalidad. No dormíamos porque oíamos los disparos y combates que se producían fuera; no hay paz en Libia.

Tras 12 días en Trípoli, nos subieron a una lancha neumática, en mitad de la noche. Entonces nos llevaron por grupos a un barco de madera más grande. Me quedé con unos 200 hombres en el casco del barco, bajo cubierta. Entraba agua, hacía mucho calor y el motor producía muchísimo ruido. Las mujeres, los niños y tres ’patrones‘ estaban arriba, pero eran personas como nosotros, no traficantes, no eran los capitanes. Rezábamos y la mayoría de las muchachas lloraba, todos le pedíamos a Dios que nos permitiera sobrevivir.

Después de siete horas, encontramos al MY Phoenix y nos salvaron. Ahora quiero ir a Suecia. Allí se está bien, conocen los problemas de Eritrea y nos ayudarán. Mi esposa quiere ir a Holanda, de modo que tenemos que hablar sobre el tema…

¿Será que caminar hacia la Pascua, de eso se trata?

Mensaje del papa Francisco para la Cuaresma de 2019 

Queridos hermanos y hermanas:

Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24). Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

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1. La redención de la creación

La celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.

Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención. Por esto, la creación –dice san Pablo– desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano. Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos –espíritu, alma y cuerpo–, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87). Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

  1. La fuerza destructiva del pecado 

Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas –y también hacia nosotros mismos–, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca. Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.

Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo. El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás.

Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

  1.  La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón

Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co 5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1). Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.}

Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón. Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia. Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc1,12-13; Is 51,3). Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.

Vaticano, 4 de octubre de 2018, fiesta de san Francisco de Asís 

Francisco

 

Quiero hablar de un amor…

Durante el mes de enero tuve el regalo  de poder acompañar  la experiencia Magis, Centroamérica, este encuentro  de la juventud ignaciana de muchos lugares del mundo  llenó de colores nuestra América Central por unos días y como brisa suave pasó refrescando a tantos y tantas en Honduras, Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Panamá, donde se juntaron todos/as los/as jóvenes que vivieron las experiencias para clausurar el Magis y unirse a  la Jornada Mundial de la Juventud, que se desarrolló en ciudad de Panamá del 22 al 27 de enero de 2019.

Desde hace muchos meses atrás la Provincia Jesuita centroamericana  se movía organizando este encuentro, muchos/as colaboraron de distintas maneras, yo era parte del grupo de voluntarios/as que podían hablar inglés pues en Honduras recibiríamos peregrinos/as de Taiwan, Corea y  Croacia además de jóvenes de República Dominicana y de Chile que participarian junto a los/as hondureños/as.  Mi trabajo era poder ayudar a los peregrinos a comunicarse, y aunque mi inglés estaba algo oxidado me ofrecí con gusto a colaborar porque me gustó mucho el espíritu de magis, este trabajo previo a la JMJ de profundización  con los y las jóvenes en su vida personal, comunitaria y espiritual, su sentido de peregrinación y las experiencias que se les ofrecían, me parecían además algo muy misionero y con la característica de la internacionalidad y el encuentro de culturas, algo muy presente en mi vocación.

¿Pero que interesante podría decir esta misionera de 41 años colada en un encuentro para jóvenes?…quienes deberían contar sus experiencias son los /as jóvenes peregrinas/os, (tal vez pronto alguno nos escriba); Sin embargo, he estado leyendo mensajes de muchos/as peregrinos/as en las redes sociales, expresando sus sentimientos, a muchos/as de ellos les conocí de vista , a otros/as más de cerca con quienes compartí la experiencia en el Valle del Aguán. Me parece importante que se expresen, que den testimonio , que nos contagien con su entusiasmo y energía, que sus sonrisas nos iluminen.

Hoy escribo porque quiero hablar de estos/as jóvenes y de lo que no han contado, sé que todos y todas quedaron muy shockeados con la realidad de Honduras, a menudo testeaba con mis paisanos chilenos y les preguntaba…¿si te hubiese contado todo esto, me habrías creído? ellos me decían nica… es decir  NO.

Este ver una realidad distinta y particularmente dolorosa afectada por la pobreza, la corrupción, la violencia y la dictadura, no les dejó indiferentes, vi a chicos y chicas llorar, los vi agarrarse la cabeza como tratando de entender, los vi impotentes antes los testimonios de nuestros hermanos/as hondureños/as que les compartían sus luchas, los vi tomar conciencia y soñar con esperanza que algo debe cambiar, que esta gente maravillosa de Honduras no debe quedar en el olvido, deben dejar de ser los omitidos, los invisibles.

Yo que ya vengo de vuelta sé que ante estas realidades primero esta la conmoción, luego viene el entusiasmo, y pocos alcanzan el compromiso real de hacer  el Reino de Dios, del que hablaba Jesús , presente en nuestros ambientes. Yo pido al buen Dios que haga crecer esta semilla en sus corazones y entiendan que como les dijo el Papa en Panamá “sigan caminando, sigan  viviendo la fe, compartan la fe y no se olviden que no son el mañana, no son el mientras tanto, sino el ahora de DIOS”

Vivimos juntos y juntas muchas cosas, yo les agradezco a cada uno y a cada una que me permitió compartir con ellos/as, que me dejó compartirles algo de mi experiencia también, les agradezco a todos/as por haber escuchado como Abrahán el “sal de tu tierra” y haber cruzado sus propias fronteras personales y todas las demás que nos alejan.

Antes que el Papa hablara en Panamá sobre los migrantes y tantos otros marginados , los  y las jóvenes que participaron en Honduras se sentían conmovidos/as por esta realidad, justo por esos días en que viajábamos a Guatemala para tomar nuestro vuelo a Panamá, conocimos la noticia que otros iban saliendo en nuevas caravanas, he aquí uno de los gestos mas hermosos que vi en el camino, el almuerzo fue abundante y sobró mucha comida, mientras comía,  escuché a una joven que dijo por qué en vez de dejar esta comida  que la van a tirar,  por qué no la llevamos para la gente que va en la caravana? Todos y todas aceptaron y empezaron a organizarse de una manera increíble, los chicos de Taiwan, de Corea, de Chile, de República Dominicana y Honduras, armaron bolsas reciclando sus propias bolsas del desayuno, más las cajas que les dieron en el restaurant, agregaron más cosas y hasta compraron agua, eran 3 buses pero todo el acopio y organización se concentró en un solo bus. Yo, que algo conozco de las rutas de los migrantes, les dije que esa ruta por la que viajábamos no era muy habitual, pero sin duda, si no encontrábamos gente en el camino,  en Ciudad de Guatemala sí podrían entregar sus bolsitas, ellos lejos de desanimarse dijeron ok, estaremos atentos y si no en Guatemala… de pronto alguien gritó ¡migrantes! el bus paró y corrieron unos cuantos varones migrantes  al bus tal vez esperando un jalón, pero se encontraron estos chiquillos de todos colores dándoles algo para continuar su camino, y el agradecimiento de los caminantes era evidente, no entendían nada, solo que alguien les daba un respiro, un bocado para seguir caminando, yo iba muy cansada con el largo viaje, pero al ver esa escena, lloré  de emoción por la bondad y generosidad de estos/as jóvenes, lloré  de vergüenza porque yo iba cansada de estar horas sentada en un bus y ellos caminaban kilómetros y kilómetros, lloré por tanto que he ido acumulando en mi trabajo con los migrantes, mi amiga Sarah  que sabe de lo mismo, tomó mi mano y creo que lloramos juntas. Varias veces el bus frenó a repartir bocado y sobretodo amor y sonrisas, a los migrantes , los y las  jóvenes tenían una cadena humana y repartían diferentes alimentos para hombres y mujeres y también habían algunos menores . Dentro del bus los/as que estaban sentados/as les hacían señas por las ventanas y les animaban, el padre Mello que iba adelante les echaba su  bendición mezclada con palabras de fuerza y animo.  Recordé  este viaje cuando Francisco nos decía en una de sus homilías: que el mismo camino sea  la recompensa,   el discípulo no es solamente el que llega a un lugar si no el que empieza con decisión, el que no tiene miedo a arriesgar y ponerse a caminar.

Yo vi jóvenes maravillosos/as, que si necesitaban traducciones sobretodo a la hora de instrucciones, pero que eran capaces de comunicarse  entre sí y con la gente sencilla de nuestros pueblos a través de abrazos, gestos, bailes y  compasión, vi jóvenes que “con sus gestos y actitudes, con sus miradas, sus deseos y especialmente con su sensibilidad desmienten y desautorizan todos esos discursos que se concentran y se empeñan en sembrar división, en excluir o expulsar a los que “no son como nosotros””(Papa Francisco)

Yo vi jóvenes que creen en el amor y no temen gastar su vida en ella…pero sabemos que hay miles de jóvenes que no tienen la oportunidad de vivir su vida en plenitud, jóvenes invisibles, jóvenes que no han tenido la oportunidad de decidir sus vidas y que son vivos que parecen muertos sin disfrutar su juventud en libertad.

Yo no sabía mucho que podía aportar esas semanas, pero me quedó claro que debo siempre mirar a los y las jóvenes con los ojos de Dios y amarles  y no dejar de preguntarme que estoy haciendo por  y con ellos/as, para aportar en su desarrollo como personas. “Sólo lo que se ama, puede ser salvado”

_MG_9703Yanira Arias, peregrina de la vida, Misionera laica chilena en Honduras.

En la foto, la segunda a la izquierda acompañada de Jóvenes de Honduras, Chile, Corea y República Dominicana

 

Notas:

#Magis:  es una palabra latina muy típica de la espiritualidad ignaciana, que significa “más”. Pero “más” en qué… Pues en todo aquello que tiene que ver con nuestra relación con Dios y con aquellas decisiones personales que en un momento u otro de la vida tengamos que tomar. Encierra, por tanto, no un “más” de cantidad sino de calidad.

#Puede ver el video de Homilia de Envío y Clausura JMJ

#El titulo de este artículo está inspirado en la canción Canción al Corazón de Jesús, Cristobal Fones SJ

#agradezco a todos y todas quienes compartieron sus fotos en especial a Kike, Jaime Sobarzo

 

Homilía del Papa Francisco, Ceremonia de Bienvenida de la JMJ 2019

¡Qué bueno volver a encontrarnos y hacerlo en esta tierra que nos recibe con tanto color y calor! Juntos en Panamá, la Jornada Mundial de la Juventud es otra vez una fiesta de alegría y esperanza para la Iglesia toda y, para el mundo, un enorme testimonio de fe. Me acuerdo que, en Cracovia, algunos me preguntaron si iba a estar en Panamá y les contesté: “yo no sé, pero Pedro seguro va a estar. Pedro va a estar”.

Hoy me alegra decirles: Pedro está con ustedes para celebrar y renovar la fe y la esperanza. Pedro y la Iglesia caminan con ustedes y queremos decirles que no tengan miedo, que vayan adelante con esa energía renovadora y esa inquietud constante que nos ayuda y moviliza a ser más alegres y disponibles, más “testigos del Evangelio”. Ir adelante no para crear una Iglesia paralela un poco más “divertida” o “cool” en un evento para jóvenes, con algún que otro elemento decorativo, como si a ustedes eso los dejara felices. Pensar así sería no respetarlos y no respetar todo lo que el Espíritu a través de ustedes nos está diciendo.

¡Al contrario! Queremos reencontrar y despertar junto a ustedes la continua novedad y juventud de la Iglesia abriéndonos a un nuevo Pentecostés (cf. SÍNODO SOBRE LOS JÓVENES, Doc. final, 60). Eso solo es posible, como lo acabamos de vivir en el Sínodo, si nos animamos a caminar escuchándonos y a escuchar complementándonos, si nos animamos a testimoniar anunciando al Señor en el servicio a nuestros hermanos; servicio concreto, se entiende.

Sé que llegar hasta aquí no ha sido nada fácil. Conozco el esfuerzo, el sacrificio que realizaron para poder participar en esta Jornada. Muchos días de trabajo y dedicación, encuentros de reflexión y oración hacen que el camino sea en gran medida la recompensa. El discípulo no es solamente el que llega a un lugar sino el que empieza con decisión, el que no tiene miedo de arriesgar y ponerse a caminar. Esa es su mayor alegría, estar en camino. Ustedes no tuvieron miedo de arriesgar y caminar.

Hoy podemos “estar de rumba”, porque esta rumba comenzó hace ya mucho tiempo en cada comunidad.  Venimos de culturas y pueblos diferentes, hablamos lenguas diferentes, usamos ropas diferentes. Cada uno de nuestros pueblos ha vivido historias y circunstancias diferentes. ¡Cuántas cosas nos pueden diferenciar!, pero nada de eso impidió poder encontrarnos y sentirnos felices por estar juntos. Eso es posible porque sabemos que hay algo que nos une, hay Alguien que nos hermana. Ustedes, queridos amigos, han hecho muchos sacrificios para poder encontrarse y así se transforman en verdaderos maestros y artesanos de la cultura del encuentro.

Con sus gestos y actitudes, con sus miradas, sus deseos y especialmente con su sensibilidad desmienten y desautorizan todos esos discursos que se concentran y se empeñan en sembrar división, en excluir o expulsar a los que “no son como nosotros”. Y esto porque tienen ese olfato que sabe intuir que «el amor verdadero no anula las legítimas diferencias, sino que las armoniza en una unidad superior» (BENEDICTO XVI, Homilía, 25 enero 2006).

Por el contrario, sabemos que el padre de la mentira prefiere un pueblo dividido y peleado, a un pueblo que aprende a trabajar juntos.  Ustedes nos enseñan que encontrarse no significa mimetizarse, ni pensar todos lo mismo o vivir todos iguales haciendo y repitiendo las mismas cosas, escuchando la misma música o llevando la camiseta del mismo equipo de fútbol. No, eso no. La cultura del encuentro es un llamado e invitación a atreverse a mantener vivo un sueño en común.

Sí, un sueño grande y capaz de cobijar a todos. Ese sueño por el que Jesús dio la vida en la cruz y el Espíritu Santo se desparramó y tatuó a fuego el día de Pentecostés en el corazón de cada hombre y cada mujer, en el tuyo y en el mío, a la espera de que encuentre espacio para crecer y desarrollarse. Un sueño llamado Jesús sembrado por el Padre con la confianza que crecerá y vivirá en cada corazón. Un sueño que corre por nuestras venas, estremece el corazón y lo hace bailar cada vez que los escuchamos: «Ámense los unos a los otros.

Así como yo los he amado, ámense también ustedes. En eso todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13,3435). A un santo de estas tierras le gustaba decir: «el cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, o de prohibiciones. Así resulta muy repugnante. El cristianismo es una Persona que me amó tanto, que reclama y pide mi amor.

El cristianismo es Cristo» (cf. S. OSCAR ROMERO, Homilía, 6 noviembre 1977); es desarrollar el sueño por el que dio la vida: amar con el mismo amor que nos ha amado.  Nos preguntamos: ¿Qué nos mantiene unidos? ¿Por qué estamos unidos? ¿Qué nos mueve a encontrarnos? La seguridad de saber que hemos sido amados con un amor entrañable que no queremos y no podemos callar y nos desafía a responder de la misma manera: con amor. Es el amor de Cristo el que nos apremia (cf. 2 Co 5,14).  Un amor que no “patotea” ni aplasta, un amor que no margina ni calla, un amor que no humilla ni avasalla. Es el amor del Señor, amor cotidiano, discreto y respetuoso, amor de libertad y para la libertad, amor que sana y levanta.

Es el amor del Señor que sabe más de levantadas que de caídas, de reconciliación que de prohibición, de dar nueva oportunidad que de condenar, de futuro que de pasado. Es el amor silencioso de la mano tendida en el servicio y la entrega que no se pavonea.  ¿Creés en este amor? ¿Es un amor que vale la pena? Fue la misma pregunta e invitación que recibió María. El ángel le preguntó si quería llevar este sueño en sus entrañas y hacerlo vida, hacerlo carne. Ella dijo: «He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). María se animó a decir “sí”.

Se animó a darle vida al sueño de Dios. Y es lo mismo que el ángel te quiere preguntar a vos, a vos, a mí: ¿querés que este sueño tenga vida? ¿Querés darle carne con tus manos, con tus pies, con tu mirada, con tu corazón? ¿Querés que sea el amor del Padre el que te abra nuevos horizontes y te lleve por caminos jamás imaginados y pensados, soñados o esperados que alegren y hagan cantar y bailar al corazón? ¿Nos animamos a decirle al ángel, como María: he aquí los siervos del Señor, hágase? Queridos jóvenes: Lo más esperanzador de esta Jornada no será un documento final, una carta consensuada o un programa a ejecutar. Lo más esperanzador de este encuentro serán vuestros rostros y una oración. Cada uno volverá a casa con la fuerza nueva que se genera cada vez que nos encontramos con los otros y con el Señor, llenos del Espíritu Santo para recordar y mantener vivo ese sueño que nos hermana y que estamos invitados a no dejar que se congele en el corazón del mundo: allí donde nos encontremos, haciendo lo que estemos haciendo, siempre podremos levantar la mirada y decir: Señor, enséñame a amar como tú nos has amado —¿se animan a repetirlo conmigo?—. Señor, enséñame a amar como tú nos has amado.

No podemos terminar este primer encuentro sin agradecer. Gracias a todos los que han preparado con mucha ilusión esta Jornada Mundial de la Juventud. Gracias por animarse a construir y hospedar, por decirle “sí” al sueño de Dios de ver a sus hijos reunidos. Gracias Mons. Ulloa y todo su equipo por ayudar a que Panamá hoy sea no solamente un canal que une mares, sino también canal donde el sueño de Dios siga encontrando cauces para crecer y multiplicarse e irradiarse en todos los rincones de la tierra. Amigos, que Jesús los bendiga y Santa María la Antigua los acompañe siempre, para que seamos capaces de decir sin miedo, como ella: «Aquí estoy. Hágase».

SOMOS CEVAS HONDURAS 2019

Con el lema “ABRE LOS OÍDOS Y EL CORAZÓN PORQUE EL CEVAS ENTRA EN ACCIÓN ” se realizó el cevas  del 07 al 11 de enero. Estamos muy contentos y contentas, porque era algo que se veía difícil de hacer, debido a que sufrimos una crisis en cuanto a la cantidad de monitores, gracias a Dios recuperamos las esperanzas, nos llenamos de valor y cevas (1)decidimos realizar cevas en las tres comunidades Cristo Rey, Agua Blanca y Cangrejales, contamos con la presencia de 90 niños y de 21 monitores y monitoras; le dimos un toque diferente, algo más íntimo, pero a la vez extrovertido, algo más realista, este año cevas vivió la misión de una manera más directa, monitores y monitoras trasladándose de una comunidad a otra para compartir con niños y niñas que viven una realidad distinta a pesar de que pertenecemos a la misma parroquia.

Siento que cada año vivimos el cevas de una forma diferente dándole algo más a la sociedad, ofreciendo a los niños y jóvenes mucha más esperanza de levantarnos en medio de la violencia, cada vez siento que tenemos menos miedo de enfrentarnos a las adversidades, porque, aunque algunos estén en contra de lo que hacemos, hay muchas más personas que tienen fe en nuestra capacidad de cambiar las cosas en nuestras comunidades. Cevas no es solo un grupo de jóvenes  Bastaron 3 años para que este grupo de jóvenes se volvieran amigos y una familia que está siempre unida, luchando por salir adelante.

El amor a los niños y niñas, el deseo de compartir alegría, la vida que Dios nos ofrece es lo que nos mantiene firmes.

CARMEN SUATE, COORDINADORA GENERAL DEL CEVAS

Jornada Mundial de la paz 2019

Iniciamos el año 2019 con la  jornada Mundial de la Paz, les compartimos  algunos extractos del texto del mensaje del Papa Francisco

“Paz a esta casa”

Este ofrecimiento está dirigido a todos los hombres y mujeres que esperan la paz en medio de las tragedias y la violencia de la historia humana.

La “casa” es cada familia, cada comunidad, cada país, cada continente, con sus características propias y con su historia; es sobre todo cada persona, sin distinción ni discriminación. También es nuestra “casa común”: el planeta en el que Dios nos ha colocado para vivir y al que estamos llamados a cuidar con interés.

Bloom where you are planted!El desafío de una buena política

La paz es como una flor frágil que trata de florecer entre las piedras de la violencia. Sabemos bien que la búsqueda de poder a cualquier precio lleva al abuso y a la injusticia. Cuando aquellos que se dedican a la política no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción. Pero, si ella lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad.

Si lo desean todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa pueden trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad.

Los vicios de la política

Hay vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social: la corrupción —en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas—, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la “razón de Estado”, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio.

La buena política promueve la participación de los jóvenes y la confianza en el otro

Cuando el ejercicio del poder político apunta únicamente a proteger los intereses de ciertos individuos privilegiados, el futuro está en peligro y los jóvenes pueden sentirse tentados por la desconfianza, porque se ven condenados a quedar al margen de la sociedad, sin la posibilidad de participar en un proyecto para el futuro.

En cambio, cuando la política se traduce, concretamente, en un estímulo de los jóvenes talentos y de las vocaciones que quieren realizarse, la paz se propaga en las conciencias y sobre los rostros. Se llega a una confianza dinámica, que significa “yo confío en ti y creo contigo” en la posibilidad de trabajar juntos por el bien común.

No a la guerra ni a la estrategia del miedo

Cien años después del fin de la Primera Guerra Mundial, y con el recuerdo de los jóvenes caídos durante aquellos combates y las poblaciones civiles devastadas, conocemos mejor que nunca la terrible enseñanza de las guerras fratricidas, es decir que la paz jamás puede reducirse al simple equilibrio de la fuerza y el miedo.

Mantener al otro bajo amenaza significa reducirlo al estado de objeto y negarle la dignidad. Es la razón por la que reafirmamos que el incremento de la intimidación, así como la proliferación incontrolada de las armas son contrarios a la moral y a la búsqueda de una verdadera concordia. El terror ejercido sobre las personas más vulnerables contribuye al exilio de poblaciones enteras en busca de una tierra de paz.

No son aceptables los discursos políticos que tienden a culpabilizar a los migrantes de todos los males y a privar a los pobres de la esperanza.

No se aceptable que, en el mundo, uno de cada seis niños sufra a causa de la violencia de la guerra y de sus consecuencias, e incluso sea reclutado para convertirse en soldado o rehén de grupos armados.

Un gran proyecto de paz

Este  proyecto es integral y debe tener en cuenta tres dimensiones de la paz.

  • La paz con nosotros mismos,  rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y ―como aconsejaba san Francisco de Sales― teniendo “un poco de dulzura consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”;
  • la paz con el otro: familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre…; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;
  • la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de nuestra responsabilidad.

La política de la paz ―que conoce bien y se hace cargo de las fragilidades humanas― puede recurrir siempre al espíritu del Magníficat que María, Madre de Cristo salvador y Reina de la paz, canta en nombre de todos los hombres: «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; […] acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre» (Lc 1,50-55).

Texto completo: http://www.aciprensa.com/noticias/mensaje-del-papa-francisco-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-62694

Encuentro de Animación Misionera SME América Central

Del 30 de noviembre  al 2 de diciembre el equipo de animación misionera para Honduras y Centroamérica vivió un encuentro de reflexión y amistad, el cual se llevó a cabo en San Marcos de Tarrazú, Costa Rica. Es una ciudad  famosa por la producción de café y se encuentra al sur de San José, a una hora y media de camino.

En medio de un agradable clima se compartieron las experiencias de animación misionera vividas en la región, se expusieron inquietudes con respecto al proyecto de promoción vocacional y lo más importante: tuvimos la oportunidad de escuchar las inquietudes respecto a ser joven en la actualidad y lo que los jóvenes esperan de la Iglesia, gracias a la visita de un grupo de chicas y chicos costarricenses y las entrevistas de jóvenes hondureños recogidas por el equipo de animación de Honduras. 

En esta línea, reflexionamos sobre nuestra presencia como misioneros y misioneras en el mundo joven, el mundo digital, nuevos espacios y actividades de animación que respondan a las necesidades de la juventud y los desafíos que esto conlleva.

Con la gracia de Dios asumimos compromisos que representan nuevos pasos con una clara invitación a romper esquemas y confiar en Dios que nos lleva mar adentro.

Elsa Izaguirre Madrid

 

 

 

 

 

 

CRISTO REY

FelicesEl año litúrgico termina con la fiesta de Cristo, Rey del universo. No está de más recordar cómo vivió Jesús a quien proclamamos Rey. De allí, podemos sacar grandes lecciones para nuestra forma de ser como hombres y mujeres, y como cristianos y cristianas, tanto si somos humildes ciudadanos como si somos jerarcas civiles y religiosos.

Jesús fue claro en decir que en su Reino los primeros serán los últimos y que los más importantes son los pequeños, los marginados y los pobres a quienes debemos servir.  Los que tenían poder y lo ejercían para defender intereses económicos incluso con el uso de la fuerza militar no entendieron su propuesta y su lógica fue declarada herética y diabólica.

La misma vida de Jesús sirve de ejemplo para quienes esperamos un mundo de paz y de fraternidad. “Siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo… se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz”. (Fil. 2,6-8). Nuestro rey nació como un pobre. No tuvo techo donde cobijarse. Vivió en la pequeña aldea marginal de Nazaret. Trabajó como humilde carpintero y así fue conocido. Se hizo amigo de los pecadores e impuros que no tenían ni poder ni riquezas. Asumió el papel del esclavo lavando los pies de sus amigos(as). No tuvo ejército. Murió en una cruz fuera de la ciudad santa como un criminal y delincuente.

Este es el que celebramos como nuestro Rey y, si somos sus discípulos y discípulas, debemos aprender de Él y ser consecuentes con Él siguiendo su ejemplo.

En esta fiesta de Cristo Rey les proponemos leer y meditar un compromiso que algunos obispos hicieron el día 16 de noviembre de 1965 cuando terminaba el Concilio Vaticano II (1962-1965). Animados por Dom Helder Câmara, celebraron una misa en las Catacumbas de Santa Domitila e hicieron el “Pacto de las Catacumbas de la Iglesia sierva y pobre”. Proponían para sí mismos ideales de pobreza y sencillez, dejando sus palacios y viviendo en simples casas o apartamentos. Este documento además de ser de mucha actualidad puede alimentar nuestra esperanza y compromiso por hacer una Iglesia más fiel a Jesús lo que también es el deseo del Papa Francisco.

Pacto de las Catacumbas de la Iglesia sierva y pobre

«Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza según el evangelio; motivados los unos por los otros, en una iniciativa en que cada uno de nosotros quisiera evitar la excepcionalidad y la presunción; unidos a todos nuestros hermanos del episcopado; contando sobre todo con la gracia y la fuerza de Nuestro Señor Jesucristo, con la oración de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas diócesis; poniéndonos con el pensamiento y la oración ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras diócesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero también con toda la determinación y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo siguiente:

  • Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población, en lo que concierne a casa, alimentación, medios de locomoción y a todo lo que de ahí se sigue.
  • Renunciamos para siempre a la apariencia y a la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (tejidos ricos, colores llamativos, insignias de material precioso). Esos signos deben ser ciertamente evangélicos: ni oro ni plata.
  • No poseeremos inmuebles ni muebles, ni cuenta bancaria, etc. a nuestro nombre; y si fuera necesario tenerlos, pondremos todo a nombre de la diócesis, o de las obras sociales caritativas.
  • Siempre que sea posible confiaremos la gestión financiera y material de nuestra diócesis a una comisión de laicos competentes y conscientes de su papel apostólico, en la perspectiva de ser menos administradores que pastores y apóstoles.
  • Rechazamos ser llamados, oralmente o por escrito, con nombres y títulos que signifiquen grandeza y poder (Eminencia, Excelencia, Monseñor…). Preferimos ser llamados con el nombre evangélico de Padre.
  • En nuestro comportamiento y en nuestras relaciones sociales evitaremos todo aquello que pueda parecer concesión de privilegios, prioridades o cualquier preferencia a los ricos y a los poderosos (ej: banquetes ofrecidos o aceptados, clases en los servicios religiosos).
  • Del mismo modo, evitaremos incentivar o lisonjear la vanidad de quien sea, con vistas a recompensar o a solicitar dádivas, o por cualquier otra razón. Invitaremos a nuestros fieles a considerar sus dádivas como una participación normal en el culto, en el apostolado y en la acción social.
  • Daremos todo lo que sea necesario de nuestro tiempo, reflexión, corazón, medios, etc. al servicio apostólico y pastoral de las personas y grupos trabajadores y económicamente débiles y subdesarrollados, sin que eso perjudique a otras personas y grupos de la diócesis. Apoyaremos a los laicos, religiosos, diáconos o sacerdotes que el Señor llama a evangelizar a los pobres y los trabajadores compartiendo la vida y el trabajo.
  • Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad, y de sus relaciones mutuas, procuraremos transformar las obras de “beneficencia” en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia, que tengan en cuenta a todos y a todas, como un humilde servicio a los organismos públicos competentes.
  • Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro gobierno y de nuestros servicios públicos decidan y pongan en práctica las leyes, las estructuras y las instituciones sociales necesarias a la justicia, a la igualdad y al desarrollo armónico y total de todo el hombre en todos los hombres, y, así, al advenimiento de otro orden social, nuevo, digno de los hijos del hombre y de los hijos de Dios.
  • Porque la colegialidad de los obispos encuentra su más plena realización evangélica en el servicio en común a las mayorías en estado de miseria física cultural y moral ―dos tercios de la humanidad― nos comprometemos a: -participar, conforme a nuestros medios, en las inversiones urgentes de los episcopados de las naciones pobres;
  • pedir juntos a nivel de los organismos internacionales, dando siempre testimonio del evangelio como lo hizo el Papa Pablo VI en las Naciones Unidas, la adopción de estructuras económicas y culturales que no fabriquen más naciones pobres en un mundo cada vez más rico, sino que permitan a las mayorías pobres salir de su miseria.
  • Nos comprometemos a compartir nuestra vida, en caridad pastoral, con nuestros hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos y laicos, para que nuestro ministerio constituya un verdadero servicio; así:
  • nos esforzaremos para “revisar nuestra vida” con ellos;
  • buscaremos colaboradores que sean más animadores según el Espíritu que jefes según el mundo;
  • procuraremos hacernos lo más humanamente presentes y ser acogedores;
  • nos mostraremos abiertos a todos, sea cual sea su religión.
  • Cuando volvamos a nuestras diócesis, daremos a conocer a nuestros diocesanos nuestra resolución, rogándoles nos ayuden con su comprensión, su colaboración y sus oraciones.

Que Dios nos ayude a ser fieles».

Firmaron:

Los padres firmantes del Pacto mantuvieron en reserva su identidad con el fin de evitar que el mismo fuera tomado como una presión indebida o un acto de soberbia con respecto a los demás participantes del Concilio. Con los años se han conocido los nombres de los participantes, aunque existen pequeñas variantes según los testimonios.

Entre los 40 firmantes del pacto estaban:

Un tratado sobre la prohibición de las armas nucleares.

Un año después

por Sarah Bueter

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Antes de llegar a  Honduras, pasé mi tiempo trabajando sobre el tema de armas nucleares con  la Iglesia Católica. Claro, el Vaticano no tiene armas nucleares, ni Honduras, pero nuestra realidad hondureña,me hace recordar el tema. ¿Por qué? ¿Cuales son las implicaciones de las palabras del Papa para nosotros, o para un país como Honduras?

En noviembre de 2017, la Santa Sede organizó la primera reunión internacional sobre desarme nuclear, siguiendo  la aprobación del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, un instrumento jurídicamente vinculante para prohibir las armas nucleares, firmado en Nueva York el 7 de julio de 2017 por 122 países en las Naciones Unidas.  Esta reunión contó con  ganadores del Premio Nobel de la Paz, expertos de la sociedad civil, el mundo académico y estudiantes como yo para discutir el tema de la conferencia  que era: “Perspectivas para un mundo libre de armas nucleares y para el desarme integral.”

Desde un principio, la Iglesia Católica ha condenado el uso de armas nucleares.  Su posición sigue igual, sin embargo, en lo que representa un cambio significativo, en su discurso en la conferencia, el Papa Francisco denunció no sólo el uso sino también la posesión de armas nucleares, declarando que “se debe condenar con firmeza la amenaza de su uso, así como su posesión.”

La postura de la Iglesia representa leer de nuevo los signos de los tiempos. Esta luz surge de la misión de la Iglesia al servicio del desarrollo humano integral, de la paz y del desarme y llama la  atención particularmente sobre los efectos humanitarios y ambientales provocados por semejantes armas.  Hay una conexión profunda entre desarme y desarrollo humano. La condena de la posesión de armas nucleares, independientemente de la intención,  reconoce que invertir en la falacia de armas es despojar a los pobres. Equivale a despilfarrar los recursos de la Madre Tierra, la inteligencia de científicos y científicas y contribuye a la negligencia de salud, educación, y desarrollo humano. Un elogio de armas nucleares es una condena a nuestro planeta y nuestra humanidad.

Los participantes de la conferencia estaban de acuerdo por unanimidad que trabajar para un mundo sin armas nucleares no es ingenuo ni utópico sino  que representa la  alternativa más realista y sostenible a  la luz del entorno estable en  el  que vivimos.  Las armas nucleares, como decía el Papa Francisco, no pueden ser base de una coexistencia pacífica. En efecto, proveen solamente una sensación falsa de seguridad. El  Premio Nobel Mohamed El Baradei, quien fuera Director General de la Agencia Internacional de Energía Atómica, declaró, “Una paz que depende de una doctrina de Destrucción Mutua es basada en la premisa anacrónica de que ‘algunos son más iguales que otros’; está afirmado por la falibilidad humana; y, además, es irrelevante para los extremistas. “

Más bien, una ética de solidaridad y responsabilidad es el único fundamento realista y sostenible: basada en el respeto y el diálogo, así como estrictas medidas de verificación y transparencia, que permitan a todas las personas florecer. Esto, ha dicho el Papa Francisco, “fomentará un clima de confianza y diálogo sincero.” Trabajar por un mundo libre de armas nucleares también es trabajar por el progreso de cada ser humano y nos compromete para resolver otros problemas sociales como la pobreza, inseguridad alimentaria, educación, salud y cuidado por la creación.

Hace un año que  el Papa Francisco dijo estas palabras, conectando la lucha contra armas nucleares a la lucha contra la pobreza y para un desarrollo humano integral. No hay  duda que un trabajo enorme está por venir, uno que no exime países que ya han firmado el tratado declarándose libre de armas nucleares. En el caso de Honduras, en 1967 América latina y el Caribe  firmaron el Tratado de Tlatelolco que estableció una zona libre de armas nucleares. Es una de cinco regiones en hacerlo.

Sin embargo, veo efectos de armas nucleares en países como Honduras, donde ellas no existen . Se puede perpetrar violencia en diferentes niveles, desde estructuras de pecado grande hasta violencias  individuales. La militarización continúa con fuerza virulenta. Un clima de violencia afecta cada nivel de nuestras vidas y hay un sentido profundo de maldad que lleva a poseer y a usar armas nucleares. Este problema es inseparable de una compasión profunda por nuestro vecino como ser humano. Todos  estamos  interconectados.

Si, yo creo que este mensaje del Papa Francisco debe tener eco en Honduras, ¿cuáles son los pasos concretos que se  pueden dar  aquí? ¿Dónde empezamos?

  1. Sentimos esperanza en el hecho de que hay experiencias diversas que apuntan a construir un mundo de paz y justicia, trabajando como Papa Francisco dice, “cada uno por su camino.”
  2. Podemos empezar con un desarme del corazón, dando cuenta que nuestra fraternidad con unos y otros nos impulsa a dialogar y a rechazar la indiferencia y resignación. La paz empieza dentro de cada uno y cada una de nosotros, y se manifiesta por las decisiones hechas cada día en nuestras vidas dirigidas a construir un mundo donde se aspire al bien común de todos y todas.
  3. La Iglesia Católica continúa desarrollando su posición que promete paz y un estilo de no violencia.

La no violencia del Evangelio no es solamente una estrategia para reducir la violencia, ser mejores diplomáticos y construir la seguridad mundial. Es un estilo de vida, una manera de ser en el mundo. Con eso, empezamos interiormente a cultivar la conciencia, alejándonos  no solamente de  acciones violentas sino de  pensamientos e impulsos violentos. La no violencia es una postura que empieza con la interioridad de una persona, en contemplación y oración, que genera conciencia de nuestra propia vida interior.