URGE HACER CAMBIOS…

El evangelio de este tercer domingo nos llama a una conversión profunda. No basta una conversión superficial. El Reino de Dios está cerca, está a nuestro alcance. Seamos realistas: Dios no puede cambiar el mundo sin que nosotros cambiemos. No seamos “cristianos” de nombre no más, de meras reglas y obligaciones morales y religiosas. Es preciso un cambio profundo de actitudes tanto en lo personal como en lo colectivo.

El ejemplo de Mons. Oscar Romero cuyo martirio celebramos hoy nos llama a ser coherente con nuestra fe.

Sin duda, la mejor enseñanza de Monseñor Romero fue su ejemplo. Su coherencia de vida y sus homilías lapidarias acabaron costándole la vida, pero siguen siendo de mucha vigencia en la actualidad. Reproducimos aquí algunas de sus palabras.

ROMERO

– La verdad siempre es perseguida.

– El hombre no vale por lo que tiene, sino por lo que es.

– Mi voz desaparecerá, pero mi palabra que es Cristo quedará en los corazones que lo hayan querido acoger.

– Les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!.

– Es inconcebible que se diga a alguien ‘cristiano’ y no tome como Cristo una opción preferencial por los pobres.

– Tiene que proponer la Iglesia católica, entonces, una educación que haga de los hombres sujetos de su propio desarrollo, protagonistas de la historia. No masa pasiva, conformista, sino hombres que sepan lucir su inteligencia, su creatividad, su voluntad para el servicio común de la patria.

– Si denuncio y condeno la injusticia es porque es mi obligación como pastor de un pueblo oprimido y humillado.

– De nada sirven las reformas si van teñidas de tanta sangre.

– Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla.

– Un obispo morirá pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás.

– La oligarquía, al ver que existe el peligro de que pierda el completo dominio que tiene sobre el control de la inversión, de la agroexportación y sobre el casi monopolio de la tierra, está defendiendo sus egoístas intereses, no con razones, no con apoyo popular, sino con lo único que tiene: dinero que le permite comprar armas y pagar mercenarios que están masacrando al pueblo y ahogando toda legítima expresión que clama justicia y libertad.

– Puede usted decir si llegasen a matarme que perdono y bendigo a quienes lo hagan.

– He sido frecuentemente amenazado de muerte. Debo decirle que, como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección: si me matan, resucitaré con el pueblo salvadoreño.

La Transfiguración

Lucas 9, 28b-36

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Hemos iniciado ya el recorrido de este tiempo de cuaresma, tiempo de gracia y de encuentro que  Jesús nos ofrece. Nos relata el evangelio de Lucas que Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan y suben a la montaña, Esos discípulos, hoy somos cada uno de nosotros a quienes también Jesús invita ponernos en movimiento. Subir a la montaña como símbolo de la presencia de Dios, más que un movimiento físico, es el encuentro que nos invita a salir de nuestras comodidades. Subir a la montaña es mirar la gloria de Jesús y participar de ella.

Al igual que los discípulos, muchas veces nos reconocemos cansados y adormecidos,  aún con sueño, Jesús nos invita a ser capaces de mantenernos expectantes, vigilantes para disfrutar de su presencia. La tentación puede ser desear quedarnos cómodos, prolongar la experiencia a una tranquilidad indiferente, eso es muy humano. Pero para Jesús significó el encuentro decisivo, su conversación con Moisés y Elías fue en torno a la entrega de su vida en Jerusalén.

Da la impresión que Jesús no atiende a la propuesta de Pedro de hacer tres tiendas (no sabía lo que decía),  De pronto los discípulos pasan de la experiencia de ver a la de escuchar. Pero ¿Escuchar qué? Escuchar la voz de Dios que reconoce en Jesús al Hijo, al Elegido, a quien su  propuesta del Reino de Dios debemos escuchar. Su Reino de amor y esperanza del cual nos invita a participar para reconocer el rostro del Padre en cada persona, sobre todo en aquellos que han sido despojados de su dignidad y nos recuerdan la humanidad de Jesús.

Pasada la experiencia de la transfiguración de Jesús, todo vuelve a la normalidad, Jesús ha decidido seguir su camino a la Cruz y los discípulos guardan silencio, pareciese que todo ha sido un sueño que no han podido dimensionar. Será después de la pasión, muerte y resurrección de Jesús que ellos habrán entendido y compartido esta experiencia a las primeras comunidades al punto de testificar a Jesús y asumir las consecuencias que eso implicaría.

Que nuestra propia experiencia de encuentro en la montaña, con Dios Trinidad, sea una transfiguración que nos anime a decidir ver, escuchar y comprometernos con su Reino hasta el final y así participar en su gloria y resurrección.

Reflexión sobre el evangelio por Marvin Vasquez

Caminar hacia la pascua

Primer domingo de Cuaresma

AYER

Deuteronomio 26, 4-10

 El sacerdote tomará de tus manos la canasta y la pondrá frente al altar del Señor tu Dios. Entonces tú declararás ante el Señor tu Dios:

“Mi padre fue un arameo errante, y descendió a Egipto con poca gente. Vivió allí hasta llegar a ser una gran nación, fuerte y numerosa. Pero los egipcios nos maltrataron, nos hicieron sufrir y nos sometieron a trabajos forzados. Nosotros clamamos al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestro ruego y vio la miseria, el trabajo y la opresión que nos habían impuesto.Por eso el Señor nos sacó de Egipto con actos portentosos y gran despliegue de poder, con señales, prodigios y milagros que provocaron gran terror. Nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, donde abundan la leche y la miel. Por eso ahora traigo las primicias de la tierra que el Señor tu Dios me ha dado”.

HOY

palestino

Zachariah, 60 años, Territorios Palestinos Ocupados

“Mis padres salieron a la fuerza de Palestina en 1947 y se trasladaron a Syr, en el Líbano. Desde allí hui a Bengasi, en Libia, en 1994. Desde entonces he trabajado como carpintero, más de 20 años. Pero ahora la situación de Libia es mala y además tengo algunos problemas de salud. No encuentro ayuda médica y ya no puedo trabajar.

Antes Libia estaba muy bien pero ahora, en Bengasi, hay muchos problemas. Hay muchas personas armadas en el país y numerosas milicias que se enfrentan entre ellas; y nosotros, la gente de a pie de origen paquistaní, palestino, ghanés y de otros países de África, estamos atrapados en medio.

Se te acercan, preguntan cuánto dinero tienes y se lo llevan todo. Te disparan, te queman, te golpean. Abusan de ti y de forma muy violenta. Si tienes una hija y, al verla por la calle, les gusta, vienen por la noche y la violan delante de ti. Hay ladrones por todas partes; se llevaron mi coche, mi dinero y mis documentos y no hay nada que se pueda hacer. No hay policía ni ejército; no hay ley. Nadie puede ayudarte. Lo peor está en las calles, en particular de noche. A partir de las seis de la tarde, si trabajas hasta tarde, en el camino de vuelta a casa te cruzas con muchas malas personas. Nunca sabes lo que van a hacer.

Hace un año, tomé la decisión de llevar a mi familia a Europa, pero al ser palestinos, tuvimos problemas con los documentos y nos fue imposible viajar. Los que hemos venido, hemos llegado de esta manera porque no tenemos otra opción. El resto de mi familia está todavía en Bengasi, no teníamos suficiente dinero para que todos pudieran salir de allí.

Cuando subí por primera vez al barco creí que iba a morir. Pero pensé ‘veamos, si el profeta decide que voy a morir en el mar, voy a morir en el mar’. Ahora quiero ir a Suecia o a Noruega.

Cuando le dije a mi madre que me iba a Libia con la intención de llegar a Europa, me suplicó que no lo hiciera. Tenía miedo porque muchos eritreos han muerto en esta ruta. Hace tres años, mi mejor amigo murió en el trayecto a Europa, y hace apenas unos meses mi tío también lo intentó, pero el Estado Islámico lo capturó y lo asesinó. Sin embargo, no podía escuchar a mi madre. Sabía que el viaje sería largo y peligroso, pero en casa no había oportunidades.

Lo intenté por primera vez en 2012, pero me detuvieron y me encarcelaron. Con el tiempo, conseguí llegar a Etiopía. Después, fui a Jartum, en Sudán, y emprendí el viaje por el desierto hacia Libia.

El desierto Sahara es un lugar muy peligroso donde puedes encontrarte con muchos cadáveres. Seis personas de las que viajaban conmigo murieron en el camino hacia Ajdabiya. Ajdabiya es una ciudad gobernada por el hambre. Fue allí donde pagamos a los traficantes. Costaba mucho dinero, pero mi hermano, que está en Israel, y la hermana de mi esposa, que vive en Suecia, nos ayudaron.

En el viaje a Trípoli pasamos por muchos puestos de control y tardamos ocho días en llegar. Pasamos muchísimo miedo. Si te encuentra el Estado Islámico, te mata, y si lo hace la policía, te roba. De hecho, en Libia, parece que cada hombre, grande o pequeño, posee un arma. Al llegar a Trípoli, fuimos a vivir a una casa grande con otras 700 personas separadas por sexo y nacionalidad. No dormíamos porque oíamos los disparos y combates que se producían fuera; no hay paz en Libia.

Tras 12 días en Trípoli, nos subieron a una lancha neumática, en mitad de la noche. Entonces nos llevaron por grupos a un barco de madera más grande. Me quedé con unos 200 hombres en el casco del barco, bajo cubierta. Entraba agua, hacía mucho calor y el motor producía muchísimo ruido. Las mujeres, los niños y tres ’patrones‘ estaban arriba, pero eran personas como nosotros, no traficantes, no eran los capitanes. Rezábamos y la mayoría de las muchachas lloraba, todos le pedíamos a Dios que nos permitiera sobrevivir.

Después de siete horas, encontramos al MY Phoenix y nos salvaron. Ahora quiero ir a Suecia. Allí se está bien, conocen los problemas de Eritrea y nos ayudarán. Mi esposa quiere ir a Holanda, de modo que tenemos que hablar sobre el tema…

¿Será que caminar hacia la Pascua, de eso se trata?

Quiero hablar de un amor…

Durante el mes de enero tuve el regalo  de poder acompañar  la experiencia Magis, Centroamérica, este encuentro  de la juventud ignaciana de muchos lugares del mundo  llenó de colores nuestra América Central por unos días y como brisa suave pasó refrescando a tantos y tantas en Honduras, Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Panamá, donde se juntaron todos/as los/as jóvenes que vivieron las experiencias para clausurar el Magis y unirse a  la Jornada Mundial de la Juventud, que se desarrolló en ciudad de Panamá del 22 al 27 de enero de 2019.

Desde hace muchos meses atrás la Provincia Jesuita centroamericana  se movía organizando este encuentro, muchos/as colaboraron de distintas maneras, yo era parte del grupo de voluntarios/as que podían hablar inglés pues en Honduras recibiríamos peregrinos/as de Taiwan, Corea y  Croacia además de jóvenes de República Dominicana y de Chile que participarian junto a los/as hondureños/as.  Mi trabajo era poder ayudar a los peregrinos a comunicarse, y aunque mi inglés estaba algo oxidado me ofrecí con gusto a colaborar porque me gustó mucho el espíritu de magis, este trabajo previo a la JMJ de profundización  con los y las jóvenes en su vida personal, comunitaria y espiritual, su sentido de peregrinación y las experiencias que se les ofrecían, me parecían además algo muy misionero y con la característica de la internacionalidad y el encuentro de culturas, algo muy presente en mi vocación.

¿Pero que interesante podría decir esta misionera de 41 años colada en un encuentro para jóvenes?…quienes deberían contar sus experiencias son los /as jóvenes peregrinas/os, (tal vez pronto alguno nos escriba); Sin embargo, he estado leyendo mensajes de muchos/as peregrinos/as en las redes sociales, expresando sus sentimientos, a muchos/as de ellos les conocí de vista , a otros/as más de cerca con quienes compartí la experiencia en el Valle del Aguán. Me parece importante que se expresen, que den testimonio , que nos contagien con su entusiasmo y energía, que sus sonrisas nos iluminen.

Hoy escribo porque quiero hablar de estos/as jóvenes y de lo que no han contado, sé que todos y todas quedaron muy shockeados con la realidad de Honduras, a menudo testeaba con mis paisanos chilenos y les preguntaba…¿si te hubiese contado todo esto, me habrías creído? ellos me decían nica… es decir  NO.

Este ver una realidad distinta y particularmente dolorosa afectada por la pobreza, la corrupción, la violencia y la dictadura, no les dejó indiferentes, vi a chicos y chicas llorar, los vi agarrarse la cabeza como tratando de entender, los vi impotentes antes los testimonios de nuestros hermanos/as hondureños/as que les compartían sus luchas, los vi tomar conciencia y soñar con esperanza que algo debe cambiar, que esta gente maravillosa de Honduras no debe quedar en el olvido, deben dejar de ser los omitidos, los invisibles.

Yo que ya vengo de vuelta sé que ante estas realidades primero esta la conmoción, luego viene el entusiasmo, y pocos alcanzan el compromiso real de hacer  el Reino de Dios, del que hablaba Jesús , presente en nuestros ambientes. Yo pido al buen Dios que haga crecer esta semilla en sus corazones y entiendan que como les dijo el Papa en Panamá “sigan caminando, sigan  viviendo la fe, compartan la fe y no se olviden que no son el mañana, no son el mientras tanto, sino el ahora de DIOS”

Vivimos juntos y juntas muchas cosas, yo les agradezco a cada uno y a cada una que me permitió compartir con ellos/as, que me dejó compartirles algo de mi experiencia también, les agradezco a todos/as por haber escuchado como Abrahán el “sal de tu tierra” y haber cruzado sus propias fronteras personales y todas las demás que nos alejan.

Antes que el Papa hablara en Panamá sobre los migrantes y tantos otros marginados , los  y las jóvenes que participaron en Honduras se sentían conmovidos/as por esta realidad, justo por esos días en que viajábamos a Guatemala para tomar nuestro vuelo a Panamá, conocimos la noticia que otros iban saliendo en nuevas caravanas, he aquí uno de los gestos mas hermosos que vi en el camino, el almuerzo fue abundante y sobró mucha comida, mientras comía,  escuché a una joven que dijo por qué en vez de dejar esta comida  que la van a tirar,  por qué no la llevamos para la gente que va en la caravana? Todos y todas aceptaron y empezaron a organizarse de una manera increíble, los chicos de Taiwan, de Corea, de Chile, de República Dominicana y Honduras, armaron bolsas reciclando sus propias bolsas del desayuno, más las cajas que les dieron en el restaurant, agregaron más cosas y hasta compraron agua, eran 3 buses pero todo el acopio y organización se concentró en un solo bus. Yo, que algo conozco de las rutas de los migrantes, les dije que esa ruta por la que viajábamos no era muy habitual, pero sin duda, si no encontrábamos gente en el camino,  en Ciudad de Guatemala sí podrían entregar sus bolsitas, ellos lejos de desanimarse dijeron ok, estaremos atentos y si no en Guatemala… de pronto alguien gritó ¡migrantes! el bus paró y corrieron unos cuantos varones migrantes  al bus tal vez esperando un jalón, pero se encontraron estos chiquillos de todos colores dándoles algo para continuar su camino, y el agradecimiento de los caminantes era evidente, no entendían nada, solo que alguien les daba un respiro, un bocado para seguir caminando, yo iba muy cansada con el largo viaje, pero al ver esa escena, lloré  de emoción por la bondad y generosidad de estos/as jóvenes, lloré  de vergüenza porque yo iba cansada de estar horas sentada en un bus y ellos caminaban kilómetros y kilómetros, lloré por tanto que he ido acumulando en mi trabajo con los migrantes, mi amiga Sarah  que sabe de lo mismo, tomó mi mano y creo que lloramos juntas. Varias veces el bus frenó a repartir bocado y sobretodo amor y sonrisas, a los migrantes , los y las  jóvenes tenían una cadena humana y repartían diferentes alimentos para hombres y mujeres y también habían algunos menores . Dentro del bus los/as que estaban sentados/as les hacían señas por las ventanas y les animaban, el padre Mello que iba adelante les echaba su  bendición mezclada con palabras de fuerza y animo.  Recordé  este viaje cuando Francisco nos decía en una de sus homilías: que el mismo camino sea  la recompensa,   el discípulo no es solamente el que llega a un lugar si no el que empieza con decisión, el que no tiene miedo a arriesgar y ponerse a caminar.

Yo vi jóvenes maravillosos/as, que si necesitaban traducciones sobretodo a la hora de instrucciones, pero que eran capaces de comunicarse  entre sí y con la gente sencilla de nuestros pueblos a través de abrazos, gestos, bailes y  compasión, vi jóvenes que “con sus gestos y actitudes, con sus miradas, sus deseos y especialmente con su sensibilidad desmienten y desautorizan todos esos discursos que se concentran y se empeñan en sembrar división, en excluir o expulsar a los que “no son como nosotros””(Papa Francisco)

Yo vi jóvenes que creen en el amor y no temen gastar su vida en ella…pero sabemos que hay miles de jóvenes que no tienen la oportunidad de vivir su vida en plenitud, jóvenes invisibles, jóvenes que no han tenido la oportunidad de decidir sus vidas y que son vivos que parecen muertos sin disfrutar su juventud en libertad.

Yo no sabía mucho que podía aportar esas semanas, pero me quedó claro que debo siempre mirar a los y las jóvenes con los ojos de Dios y amarles  y no dejar de preguntarme que estoy haciendo por  y con ellos/as, para aportar en su desarrollo como personas. “Sólo lo que se ama, puede ser salvado”

_MG_9703Yanira Arias, peregrina de la vida, Misionera laica chilena en Honduras.

En la foto, la segunda a la izquierda acompañada de Jóvenes de Honduras, Chile, Corea y República Dominicana

 

Notas:

#Magis:  es una palabra latina muy típica de la espiritualidad ignaciana, que significa “más”. Pero “más” en qué… Pues en todo aquello que tiene que ver con nuestra relación con Dios y con aquellas decisiones personales que en un momento u otro de la vida tengamos que tomar. Encierra, por tanto, no un “más” de cantidad sino de calidad.

#Puede ver el video de Homilia de Envío y Clausura JMJ

#El titulo de este artículo está inspirado en la canción Canción al Corazón de Jesús, Cristobal Fones SJ

#agradezco a todos y todas quienes compartieron sus fotos en especial a Kike, Jaime Sobarzo

 

Homilía del Papa Francisco, Ceremonia de Bienvenida de la JMJ 2019

¡Qué bueno volver a encontrarnos y hacerlo en esta tierra que nos recibe con tanto color y calor! Juntos en Panamá, la Jornada Mundial de la Juventud es otra vez una fiesta de alegría y esperanza para la Iglesia toda y, para el mundo, un enorme testimonio de fe. Me acuerdo que, en Cracovia, algunos me preguntaron si iba a estar en Panamá y les contesté: “yo no sé, pero Pedro seguro va a estar. Pedro va a estar”.

Hoy me alegra decirles: Pedro está con ustedes para celebrar y renovar la fe y la esperanza. Pedro y la Iglesia caminan con ustedes y queremos decirles que no tengan miedo, que vayan adelante con esa energía renovadora y esa inquietud constante que nos ayuda y moviliza a ser más alegres y disponibles, más “testigos del Evangelio”. Ir adelante no para crear una Iglesia paralela un poco más “divertida” o “cool” en un evento para jóvenes, con algún que otro elemento decorativo, como si a ustedes eso los dejara felices. Pensar así sería no respetarlos y no respetar todo lo que el Espíritu a través de ustedes nos está diciendo.

¡Al contrario! Queremos reencontrar y despertar junto a ustedes la continua novedad y juventud de la Iglesia abriéndonos a un nuevo Pentecostés (cf. SÍNODO SOBRE LOS JÓVENES, Doc. final, 60). Eso solo es posible, como lo acabamos de vivir en el Sínodo, si nos animamos a caminar escuchándonos y a escuchar complementándonos, si nos animamos a testimoniar anunciando al Señor en el servicio a nuestros hermanos; servicio concreto, se entiende.

Sé que llegar hasta aquí no ha sido nada fácil. Conozco el esfuerzo, el sacrificio que realizaron para poder participar en esta Jornada. Muchos días de trabajo y dedicación, encuentros de reflexión y oración hacen que el camino sea en gran medida la recompensa. El discípulo no es solamente el que llega a un lugar sino el que empieza con decisión, el que no tiene miedo de arriesgar y ponerse a caminar. Esa es su mayor alegría, estar en camino. Ustedes no tuvieron miedo de arriesgar y caminar.

Hoy podemos “estar de rumba”, porque esta rumba comenzó hace ya mucho tiempo en cada comunidad.  Venimos de culturas y pueblos diferentes, hablamos lenguas diferentes, usamos ropas diferentes. Cada uno de nuestros pueblos ha vivido historias y circunstancias diferentes. ¡Cuántas cosas nos pueden diferenciar!, pero nada de eso impidió poder encontrarnos y sentirnos felices por estar juntos. Eso es posible porque sabemos que hay algo que nos une, hay Alguien que nos hermana. Ustedes, queridos amigos, han hecho muchos sacrificios para poder encontrarse y así se transforman en verdaderos maestros y artesanos de la cultura del encuentro.

Con sus gestos y actitudes, con sus miradas, sus deseos y especialmente con su sensibilidad desmienten y desautorizan todos esos discursos que se concentran y se empeñan en sembrar división, en excluir o expulsar a los que “no son como nosotros”. Y esto porque tienen ese olfato que sabe intuir que «el amor verdadero no anula las legítimas diferencias, sino que las armoniza en una unidad superior» (BENEDICTO XVI, Homilía, 25 enero 2006).

Por el contrario, sabemos que el padre de la mentira prefiere un pueblo dividido y peleado, a un pueblo que aprende a trabajar juntos.  Ustedes nos enseñan que encontrarse no significa mimetizarse, ni pensar todos lo mismo o vivir todos iguales haciendo y repitiendo las mismas cosas, escuchando la misma música o llevando la camiseta del mismo equipo de fútbol. No, eso no. La cultura del encuentro es un llamado e invitación a atreverse a mantener vivo un sueño en común.

Sí, un sueño grande y capaz de cobijar a todos. Ese sueño por el que Jesús dio la vida en la cruz y el Espíritu Santo se desparramó y tatuó a fuego el día de Pentecostés en el corazón de cada hombre y cada mujer, en el tuyo y en el mío, a la espera de que encuentre espacio para crecer y desarrollarse. Un sueño llamado Jesús sembrado por el Padre con la confianza que crecerá y vivirá en cada corazón. Un sueño que corre por nuestras venas, estremece el corazón y lo hace bailar cada vez que los escuchamos: «Ámense los unos a los otros.

Así como yo los he amado, ámense también ustedes. En eso todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13,3435). A un santo de estas tierras le gustaba decir: «el cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, o de prohibiciones. Así resulta muy repugnante. El cristianismo es una Persona que me amó tanto, que reclama y pide mi amor.

El cristianismo es Cristo» (cf. S. OSCAR ROMERO, Homilía, 6 noviembre 1977); es desarrollar el sueño por el que dio la vida: amar con el mismo amor que nos ha amado.  Nos preguntamos: ¿Qué nos mantiene unidos? ¿Por qué estamos unidos? ¿Qué nos mueve a encontrarnos? La seguridad de saber que hemos sido amados con un amor entrañable que no queremos y no podemos callar y nos desafía a responder de la misma manera: con amor. Es el amor de Cristo el que nos apremia (cf. 2 Co 5,14).  Un amor que no “patotea” ni aplasta, un amor que no margina ni calla, un amor que no humilla ni avasalla. Es el amor del Señor, amor cotidiano, discreto y respetuoso, amor de libertad y para la libertad, amor que sana y levanta.

Es el amor del Señor que sabe más de levantadas que de caídas, de reconciliación que de prohibición, de dar nueva oportunidad que de condenar, de futuro que de pasado. Es el amor silencioso de la mano tendida en el servicio y la entrega que no se pavonea.  ¿Creés en este amor? ¿Es un amor que vale la pena? Fue la misma pregunta e invitación que recibió María. El ángel le preguntó si quería llevar este sueño en sus entrañas y hacerlo vida, hacerlo carne. Ella dijo: «He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). María se animó a decir “sí”.

Se animó a darle vida al sueño de Dios. Y es lo mismo que el ángel te quiere preguntar a vos, a vos, a mí: ¿querés que este sueño tenga vida? ¿Querés darle carne con tus manos, con tus pies, con tu mirada, con tu corazón? ¿Querés que sea el amor del Padre el que te abra nuevos horizontes y te lleve por caminos jamás imaginados y pensados, soñados o esperados que alegren y hagan cantar y bailar al corazón? ¿Nos animamos a decirle al ángel, como María: he aquí los siervos del Señor, hágase? Queridos jóvenes: Lo más esperanzador de esta Jornada no será un documento final, una carta consensuada o un programa a ejecutar. Lo más esperanzador de este encuentro serán vuestros rostros y una oración. Cada uno volverá a casa con la fuerza nueva que se genera cada vez que nos encontramos con los otros y con el Señor, llenos del Espíritu Santo para recordar y mantener vivo ese sueño que nos hermana y que estamos invitados a no dejar que se congele en el corazón del mundo: allí donde nos encontremos, haciendo lo que estemos haciendo, siempre podremos levantar la mirada y decir: Señor, enséñame a amar como tú nos has amado —¿se animan a repetirlo conmigo?—. Señor, enséñame a amar como tú nos has amado.

No podemos terminar este primer encuentro sin agradecer. Gracias a todos los que han preparado con mucha ilusión esta Jornada Mundial de la Juventud. Gracias por animarse a construir y hospedar, por decirle “sí” al sueño de Dios de ver a sus hijos reunidos. Gracias Mons. Ulloa y todo su equipo por ayudar a que Panamá hoy sea no solamente un canal que une mares, sino también canal donde el sueño de Dios siga encontrando cauces para crecer y multiplicarse e irradiarse en todos los rincones de la tierra. Amigos, que Jesús los bendiga y Santa María la Antigua los acompañe siempre, para que seamos capaces de decir sin miedo, como ella: «Aquí estoy. Hágase».

SOMOS CEVAS HONDURAS 2019

Con el lema “ABRE LOS OÍDOS Y EL CORAZÓN PORQUE EL CEVAS ENTRA EN ACCIÓN ” se realizó el cevas  del 07 al 11 de enero. Estamos muy contentos y contentas, porque era algo que se veía difícil de hacer, debido a que sufrimos una crisis en cuanto a la cantidad de monitores, gracias a Dios recuperamos las esperanzas, nos llenamos de valor y cevas (1)decidimos realizar cevas en las tres comunidades Cristo Rey, Agua Blanca y Cangrejales, contamos con la presencia de 90 niños y de 21 monitores y monitoras; le dimos un toque diferente, algo más íntimo, pero a la vez extrovertido, algo más realista, este año cevas vivió la misión de una manera más directa, monitores y monitoras trasladándose de una comunidad a otra para compartir con niños y niñas que viven una realidad distinta a pesar de que pertenecemos a la misma parroquia.

Siento que cada año vivimos el cevas de una forma diferente dándole algo más a la sociedad, ofreciendo a los niños y jóvenes mucha más esperanza de levantarnos en medio de la violencia, cada vez siento que tenemos menos miedo de enfrentarnos a las adversidades, porque, aunque algunos estén en contra de lo que hacemos, hay muchas más personas que tienen fe en nuestra capacidad de cambiar las cosas en nuestras comunidades. Cevas no es solo un grupo de jóvenes  Bastaron 3 años para que este grupo de jóvenes se volvieran amigos y una familia que está siempre unida, luchando por salir adelante.

El amor a los niños y niñas, el deseo de compartir alegría, la vida que Dios nos ofrece es lo que nos mantiene firmes.

CARMEN SUATE, COORDINADORA GENERAL DEL CEVAS

Jornada Mundial de la paz 2019

Iniciamos el año 2019 con la  jornada Mundial de la Paz, les compartimos  algunos extractos del texto del mensaje del Papa Francisco

“Paz a esta casa”

Este ofrecimiento está dirigido a todos los hombres y mujeres que esperan la paz en medio de las tragedias y la violencia de la historia humana.

La “casa” es cada familia, cada comunidad, cada país, cada continente, con sus características propias y con su historia; es sobre todo cada persona, sin distinción ni discriminación. También es nuestra “casa común”: el planeta en el que Dios nos ha colocado para vivir y al que estamos llamados a cuidar con interés.

Bloom where you are planted!El desafío de una buena política

La paz es como una flor frágil que trata de florecer entre las piedras de la violencia. Sabemos bien que la búsqueda de poder a cualquier precio lleva al abuso y a la injusticia. Cuando aquellos que se dedican a la política no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción. Pero, si ella lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad.

Si lo desean todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa pueden trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad.

Los vicios de la política

Hay vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social: la corrupción —en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas—, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la “razón de Estado”, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio.

La buena política promueve la participación de los jóvenes y la confianza en el otro

Cuando el ejercicio del poder político apunta únicamente a proteger los intereses de ciertos individuos privilegiados, el futuro está en peligro y los jóvenes pueden sentirse tentados por la desconfianza, porque se ven condenados a quedar al margen de la sociedad, sin la posibilidad de participar en un proyecto para el futuro.

En cambio, cuando la política se traduce, concretamente, en un estímulo de los jóvenes talentos y de las vocaciones que quieren realizarse, la paz se propaga en las conciencias y sobre los rostros. Se llega a una confianza dinámica, que significa “yo confío en ti y creo contigo” en la posibilidad de trabajar juntos por el bien común.

No a la guerra ni a la estrategia del miedo

Cien años después del fin de la Primera Guerra Mundial, y con el recuerdo de los jóvenes caídos durante aquellos combates y las poblaciones civiles devastadas, conocemos mejor que nunca la terrible enseñanza de las guerras fratricidas, es decir que la paz jamás puede reducirse al simple equilibrio de la fuerza y el miedo.

Mantener al otro bajo amenaza significa reducirlo al estado de objeto y negarle la dignidad. Es la razón por la que reafirmamos que el incremento de la intimidación, así como la proliferación incontrolada de las armas son contrarios a la moral y a la búsqueda de una verdadera concordia. El terror ejercido sobre las personas más vulnerables contribuye al exilio de poblaciones enteras en busca de una tierra de paz.

No son aceptables los discursos políticos que tienden a culpabilizar a los migrantes de todos los males y a privar a los pobres de la esperanza.

No se aceptable que, en el mundo, uno de cada seis niños sufra a causa de la violencia de la guerra y de sus consecuencias, e incluso sea reclutado para convertirse en soldado o rehén de grupos armados.

Un gran proyecto de paz

Este  proyecto es integral y debe tener en cuenta tres dimensiones de la paz.

  • La paz con nosotros mismos,  rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y ―como aconsejaba san Francisco de Sales― teniendo “un poco de dulzura consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”;
  • la paz con el otro: familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre…; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;
  • la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de nuestra responsabilidad.

La política de la paz ―que conoce bien y se hace cargo de las fragilidades humanas― puede recurrir siempre al espíritu del Magníficat que María, Madre de Cristo salvador y Reina de la paz, canta en nombre de todos los hombres: «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; […] acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre» (Lc 1,50-55).

Texto completo: http://www.aciprensa.com/noticias/mensaje-del-papa-francisco-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-62694

CRISTO REY

FelicesEl año litúrgico termina con la fiesta de Cristo, Rey del universo. No está de más recordar cómo vivió Jesús a quien proclamamos Rey. De allí, podemos sacar grandes lecciones para nuestra forma de ser como hombres y mujeres, y como cristianos y cristianas, tanto si somos humildes ciudadanos como si somos jerarcas civiles y religiosos.

Jesús fue claro en decir que en su Reino los primeros serán los últimos y que los más importantes son los pequeños, los marginados y los pobres a quienes debemos servir.  Los que tenían poder y lo ejercían para defender intereses económicos incluso con el uso de la fuerza militar no entendieron su propuesta y su lógica fue declarada herética y diabólica.

La misma vida de Jesús sirve de ejemplo para quienes esperamos un mundo de paz y de fraternidad. “Siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo… se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz”. (Fil. 2,6-8). Nuestro rey nació como un pobre. No tuvo techo donde cobijarse. Vivió en la pequeña aldea marginal de Nazaret. Trabajó como humilde carpintero y así fue conocido. Se hizo amigo de los pecadores e impuros que no tenían ni poder ni riquezas. Asumió el papel del esclavo lavando los pies de sus amigos(as). No tuvo ejército. Murió en una cruz fuera de la ciudad santa como un criminal y delincuente.

Este es el que celebramos como nuestro Rey y, si somos sus discípulos y discípulas, debemos aprender de Él y ser consecuentes con Él siguiendo su ejemplo.

En esta fiesta de Cristo Rey les proponemos leer y meditar un compromiso que algunos obispos hicieron el día 16 de noviembre de 1965 cuando terminaba el Concilio Vaticano II (1962-1965). Animados por Dom Helder Câmara, celebraron una misa en las Catacumbas de Santa Domitila e hicieron el “Pacto de las Catacumbas de la Iglesia sierva y pobre”. Proponían para sí mismos ideales de pobreza y sencillez, dejando sus palacios y viviendo en simples casas o apartamentos. Este documento además de ser de mucha actualidad puede alimentar nuestra esperanza y compromiso por hacer una Iglesia más fiel a Jesús lo que también es el deseo del Papa Francisco.

Pacto de las Catacumbas de la Iglesia sierva y pobre

«Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza según el evangelio; motivados los unos por los otros, en una iniciativa en que cada uno de nosotros quisiera evitar la excepcionalidad y la presunción; unidos a todos nuestros hermanos del episcopado; contando sobre todo con la gracia y la fuerza de Nuestro Señor Jesucristo, con la oración de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas diócesis; poniéndonos con el pensamiento y la oración ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras diócesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero también con toda la determinación y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo siguiente:

  • Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población, en lo que concierne a casa, alimentación, medios de locomoción y a todo lo que de ahí se sigue.
  • Renunciamos para siempre a la apariencia y a la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (tejidos ricos, colores llamativos, insignias de material precioso). Esos signos deben ser ciertamente evangélicos: ni oro ni plata.
  • No poseeremos inmuebles ni muebles, ni cuenta bancaria, etc. a nuestro nombre; y si fuera necesario tenerlos, pondremos todo a nombre de la diócesis, o de las obras sociales caritativas.
  • Siempre que sea posible confiaremos la gestión financiera y material de nuestra diócesis a una comisión de laicos competentes y conscientes de su papel apostólico, en la perspectiva de ser menos administradores que pastores y apóstoles.
  • Rechazamos ser llamados, oralmente o por escrito, con nombres y títulos que signifiquen grandeza y poder (Eminencia, Excelencia, Monseñor…). Preferimos ser llamados con el nombre evangélico de Padre.
  • En nuestro comportamiento y en nuestras relaciones sociales evitaremos todo aquello que pueda parecer concesión de privilegios, prioridades o cualquier preferencia a los ricos y a los poderosos (ej: banquetes ofrecidos o aceptados, clases en los servicios religiosos).
  • Del mismo modo, evitaremos incentivar o lisonjear la vanidad de quien sea, con vistas a recompensar o a solicitar dádivas, o por cualquier otra razón. Invitaremos a nuestros fieles a considerar sus dádivas como una participación normal en el culto, en el apostolado y en la acción social.
  • Daremos todo lo que sea necesario de nuestro tiempo, reflexión, corazón, medios, etc. al servicio apostólico y pastoral de las personas y grupos trabajadores y económicamente débiles y subdesarrollados, sin que eso perjudique a otras personas y grupos de la diócesis. Apoyaremos a los laicos, religiosos, diáconos o sacerdotes que el Señor llama a evangelizar a los pobres y los trabajadores compartiendo la vida y el trabajo.
  • Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad, y de sus relaciones mutuas, procuraremos transformar las obras de “beneficencia” en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia, que tengan en cuenta a todos y a todas, como un humilde servicio a los organismos públicos competentes.
  • Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro gobierno y de nuestros servicios públicos decidan y pongan en práctica las leyes, las estructuras y las instituciones sociales necesarias a la justicia, a la igualdad y al desarrollo armónico y total de todo el hombre en todos los hombres, y, así, al advenimiento de otro orden social, nuevo, digno de los hijos del hombre y de los hijos de Dios.
  • Porque la colegialidad de los obispos encuentra su más plena realización evangélica en el servicio en común a las mayorías en estado de miseria física cultural y moral ―dos tercios de la humanidad― nos comprometemos a: -participar, conforme a nuestros medios, en las inversiones urgentes de los episcopados de las naciones pobres;
  • pedir juntos a nivel de los organismos internacionales, dando siempre testimonio del evangelio como lo hizo el Papa Pablo VI en las Naciones Unidas, la adopción de estructuras económicas y culturales que no fabriquen más naciones pobres en un mundo cada vez más rico, sino que permitan a las mayorías pobres salir de su miseria.
  • Nos comprometemos a compartir nuestra vida, en caridad pastoral, con nuestros hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos y laicos, para que nuestro ministerio constituya un verdadero servicio; así:
  • nos esforzaremos para “revisar nuestra vida” con ellos;
  • buscaremos colaboradores que sean más animadores según el Espíritu que jefes según el mundo;
  • procuraremos hacernos lo más humanamente presentes y ser acogedores;
  • nos mostraremos abiertos a todos, sea cual sea su religión.
  • Cuando volvamos a nuestras diócesis, daremos a conocer a nuestros diocesanos nuestra resolución, rogándoles nos ayuden con su comprensión, su colaboración y sus oraciones.

Que Dios nos ayude a ser fieles».

Firmaron:

Los padres firmantes del Pacto mantuvieron en reserva su identidad con el fin de evitar que el mismo fuera tomado como una presión indebida o un acto de soberbia con respecto a los demás participantes del Concilio. Con los años se han conocido los nombres de los participantes, aunque existen pequeñas variantes según los testimonios.

Entre los 40 firmantes del pacto estaban:

Foro Social Mundial de las Migraciones, México 2-4 noviembre 2018

 

El Foro Social Mundial de las Migraciones (FSMM) se desprende del Foro Social Mundial, pensado como un proceso en construcción permanente, horizontal y descentralizado, asumiendo como principios organizativos la autonomía, la autogestión y la autosuficiencia. Es un espacio de encuentro de la unidad en la diversidad, de reconocimiento entre personas, colectivos y movimientos para visibilizar, fortalecer y articular distintos grupos y luchas antisistémicas, vinculadas en su ser y sentir migratorio.

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El Foro Social Mundial de las Migraciones busca la construcción de una nueva visión de la migración, detonar un cambio y fomentar la inclusión, el respeto, la igualdad, el reconocimiento y valoración de las diferencias. Busca construir un proceso social en favor de la defensa de los derechos de las personas migrantes y sus familiares que les incorpore en la discusión de sus necesidades y expectativas y soluciones, fortalezca los diálogos entre las redes sociales y las personas migrantes, y sea capaz de influir en las decisiones de políticas públicas para hacer política de otra forma, no desde el poder sino desde la resistencia, desde las personas mismas y su visión de cómo enfrentar la realidad que viven y les hace migrar.

Desde este espacio llamado FSMM  se ha hecho una convocatoria amplia teniendo como eje rector a la migración, pero entendiendo su impacto y alcances en otros ámbitos sociales.

Desde los albores de los tiempos, hemos hecho de la movilidad una posibilidad de ser protagonistas de nuestros destinos en pos de alcanzar mayores grados de seguridad y solidaridad individual y colectiva. La migración siempre ha sido y seguirá siendo consustancial a las realidades internacionales, a la humanidad y al ser humano. Si ayer nos desplazábamos por necesidad y en búsqueda de esperanza, hoy se suman con fuerza las desigualdades, las crisis ambientales, el productivismo desarrollista, el trabajo y los nuevos conflictos globalizados.

Hoy, una de cada siete personas en el planeta -alrededor de 1000 millones- es migrante y experimenta las múltiples formas de movilidad humana de forma directa o indirecta, natural o forzada, consciente o inconsciente, temporal, puntual, definitiva o continua. 750 millones de migrantes internos, 250 millones de migrantes transnacionales, 65 millones de personas desplazadas forzadas y refugiadas, la mayor cifra desde las grandes guerras mundiales.

En la mayoría de los casos son trabajadorxs sometidxs a condiciones de alta vulnerabilidad y explotación extrema, discriminación constante y exclusión social múltiple. Y aun así han sido y son vectores de riqueza, de nuevas ciudadanías, de enriquecimiento cultural y primera línea en diversas luchas sociales.

Hoy en día, somos testigos directos de que los muros, las identidades nacionalistas exacerbadas, la erosión del derecho a la movilidad, los conceptos de gobernanza, “migración regular, ordenada y segura” y la negación migratoria, señales características de un mundo atrapado en el círculo perverso de su pasado, nos envuelven, nos apartan o nos matan.

Rechazamos esta perspectiva destructiva que, al igual que otros temas de la agenda internacional, no contempla la raíz sistémica y compleja de los problemas. De algún modo, nuestros movimientos son directamente un medidor proporcional al grado de inestabilidad del tablero internacional. Nuestra lucha migrante se sitúa claramente en esta encrucijada. En el fondo, se trata de una lucha por disputar una sociedad y una matriz de mundialización positiva, legítima, democrática, no excluyente, por una visión integradora de los pueblos y la diversidad del mundo en el que quepan todos los mundos. Es de hecho una lucha solidaria y transversal a otras luchas éticas, económicas, políticas, ambientales, civilizatorias, tanto local como global.

El año 2018, está siendo, sin duda emblemático de la movilidad humana en el acontecer mundial. En  estos días de noviembre de ese año nuestros caminos se cruzarán en México: para conocernos, dialogar, compartir y acordar. Para reconocer nuestra hermandad desde nuestras diferencias; para luchar, resistir y rebelarnos continua y colectivamente en contra de la hidra del capitalismo, el racismo, el colonialismo y el patriarcado.

Ante un Pacto Global convocado por la Organización de las Naciones Unidas, la sociedad civil ha hecho escuchar su voz. En todos los comunicados resultados de distintas reuniones que dan seguimiento a este proceso se coincidió en la necesidad de superar la perspectiva hegemónica de política migratoria que plantea una gestión de las migraciones “regular, ordenada y segura”, por una visión humanista que permita “acoger, proteger, promover e integrar” a las personas migrantes, reafirmando la movilidad humana como un derecho arraigado en la igualdad esencial del ser humano.

Por lo anterior, la Secretaria Técnica del 8º FSMM México 2018 ha convocado en la Ciudad de México, los días 2, 3 y 4 de noviembre del 2018  para que se den cita migrantes, defensores, representantes, académicos y activistas de las organizaciones y movimientos de resistencia en el mundo entero, a fin de tener reuniones presenciales y/o virtuales para coordinar acciones globales que se llevarán a cabo en sus regiones/países, todo ello dentro de un “Compromiso Migrante Global” para dar inicio en el contexto de la movilidad activa y combativa a una Jornada(s) Mundial de Resistencia por la Movilidad Global.

Los diálogos y encuentros durante el Foro Social Mundial de las Migraciones 2018, se basarán en los siguientes ejes temáticos:

  • 1. Derechos humanos, inclusión social, hospitalidad y movilidad.
  • 2. Realidades de las fronteras, muros y otras barreras.
  • 3. Resistencias, actores, movimientos y acciones colectivas.
  • 4. La crisis sistémica del capitalismo y sus consecuencias para la migración.
  • 5. Migración, género y cuerpo.
  • 6. Migración, los derechos de la Madre Naturaleza, el cambio climático y las disputas Norte – Sur.

Mas Información en FSMM

 

 

Sínodo Jóvenes: es esto lo que dice el Documento Final

Tres partes, doce capítulos, ciento sesenta y siete parágrafos y 60 páginas: así se presenta el Documento final de la XV Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, sobre el tema “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. El texto fue aprobado por los dos tercios del Aula, la tarde del 27 de octubre. El Documento ha sido entregado en las manos del Papa, que luego, ha autorizado su publicación
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Es el episodio de los discípulos de Emaús, narrado por el evangelista Lucas, el hilo conductor del Documento Final del Sínodo de los Jóvenes. Leído en el Aula en voces alternas por el Relator General, Card. Sérgio da Rocha, los Secretarios Especiales, Padre Giacomo Costa y Don Rossano Sala, junto con Mons. Bruno Forte, miembro de la Comisión para la Redacción del texto, el Documento es complementario al Instrumentum laboris del Sínodo, del que retoma la división en tres partes. Acogido con aplausos, el texto -dijo el Cardenal da Rocha- es “el resultado de un verdadero trabajo de equipo” de los Padres sinodales, junto con los demás participantes en el Sínodo y “en modo particular con los jóvenes”. El Documento contiene, pues, los 364 modos, es decir, las enmiendas, que se han presentado. “La mayoría de ellos -añadió el Relator General- fueron precisos y constructivos”.

 “Caminaba con ellos”

En primer lugar, pues, el Documento final del Sínodo examina el contexto en el que viven los jóvenes, destacando sus puntos de fuerza y sus desafíos. Todo comienza con una escucha empática que, con humildad, paciencia y disponibilidad, permita dialogar verdaderamente con la juventud, evitando “respuestas pre confeccionadas y recetas ya preparadas”. Los jóvenes, intactos, quieren ser “escuchados, reconocidos, acompañados” y desean que su voz sea “considerada interesante y útil en el campo social y eclesial”. La Iglesia no siempre ha tenido esta actitud, reconoce el Sínodo: a menudo los sacerdotes y los obispos, sobrecargados por muchos compromisos, tienen dificultad  para encontrar tiempo para el servicio de la escucha. De ahí la necesidad de preparar adecuadamente a los laicos, hombres y mujeres, que sean capaces de acompañar a las jóvenes generaciones. Además, ante fenómenos como la globalización y la secularización, los chicos se encaminan hacia un redescubrimiento de Dios y de la espiritualidad, y esto  debe ser un estímulo para que la Iglesia recupere la importancia del dinamismo de la fe.

La escuela y la parroquia

Otra respuesta de la Iglesia a las interpelaciones de los jóvenes proviene del sector educativo: las escuelas, universidades, colegios, oratorios, permiten una formación integral de los chicos, ofreciendo al mismo tiempo un testimonio evangélico de promoción humana. En un mundo donde todo está conectado – familia, trabajo, tecnología, defensa del embrión y del migrante – los obispos definen como irremplazable el papel que desarrollan las escuelas y universidades, en donde los jóvenes transcurren mucho tiempo. En particular, las instituciones educativas católicas están llamadas a afrontar la relación entre la fe y las exigencias del mundo contemporáneo, las diferentes perspectivas antropológicas, los desafíos científicos y técnicos, los cambios en las costumbres sociales y el compromiso por la justicia. La parroquia también tiene su papel: “Iglesia en el territorio”, necesita volver a pensar su vocación misionera, porque a menudo es poco significativa y poco dinámica, especialmente en el ámbito de la catequesis.

Los migrantes, paradigma de nuestro tiempo

El Documento sinodal se detiene luego en el tema de los migrantes, “el paradigma de nuestro tiempo” como fenómeno estructural y no como emergencia transitoria. Muchos migrantes son jóvenes o menores no acompañados que huyen de la guerra, violencias, persecuciones políticas o religiosas, desastres naturales, pobreza, y terminan siendo víctimas del tráfico, de las drogas, abusos psicológicos y físicos. La preocupación de la Iglesia es sobre todo por ellos -dice el Sínodo- en la perspectiva de una auténtica promoción humana que pase a través de la acogida de los refugiados y prófugos, y sea punto de referencia para los muchos jóvenes separados de sus familias de origen. Pero no sólo: los migrantes -recuerda el Documento- son también una oportunidad de enriquecimiento para las comunidades y sociedades a las que llegan y que pueden ser revitalizadas por ellos. Resuenan pues, los verbos sinodales “acoger, proteger, promover, integrar”, indicados por el Papa Francisco para una cultura que supere la desconfianza y los miedos. Los obispos piden también un compromiso mayor en el garantizar a quien no querría migrar, el derecho efectivo de permanecer en su propio país. La atención del Sínodo se dirige también a las Iglesias que son amenazadas, en su existencia, por las migraciones forzadas y las persecuciones sufridas por los fieles.

Compromiso firme contra todo tipo de abuso. Luz en la verdad y pedido de perdón

Luego hay una amplia reflexión sobre los “diferentes tipos de abusos” (de poder, económicos, de conciencia, sexuales) cometidos por algunos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos: en las víctimas –se lee en el texto- causan un sufrimiento que “puede durar toda la vida y que ningún arrepentimiento puede remediar”. De ahí el llamamiento del Sínodo a “un firme compromiso a la adopción de rigurosas medidas de prevención que eviten su repetición, a comenzar de la selección y la formación de aquellos a quienes se les confiarán tareas de responsabilidad y educación”. Por lo tanto, será necesario erradicar aquellas formas -como la corrupción o el clericalismo- en las que se injertan estos tipos de abusos, contrarrestando también la falta de responsabilidad y transparencia con la que se han gestionado muchos casos. Al mismo tiempo, el Sínodo expresa su gratitud a todos aquellos que “tienen el valor de denunciar inmediatamente el mal”, porque ayudan a la Iglesia “a tomar conciencia de lo que ha ocurrido y de la necesidad de reaccionar con decisión”. “La misericordia, de hecho, exige justicia”. No deben olvidarse, sin embargo, los numerosos laicos, sacerdotes, consagrados y obispos que se dedican cada día, con honestidad, al servicio de los jóvenes, quienes pueden ofrecer realmente “una ayuda preciosa” para una “reforma de envergadura histórica” en este ámbito.

La familia “Iglesia doméstica”

Otros temas presentes en el Documento tienen que ver con la familia, principal punto de referencia para los jóvenes, primera comunidad de fe, “Iglesia doméstica”: el Sínodo recuerda, en particular, el papel de los abuelos en la educación religiosa y en la transmisión de la fe, y advierte sobre el debilitamiento de la figura paterna y de los adultos que asumen estilos de vida “juveniles”. Además de la familia,  para los jóvenes cuenta mucho la amistad con sus coetáneos porque les permite compartir su fe y ayudarse mutuamente en su testimonio.

Promoción de la justicia “contra la cultura del descarte”

El Sínodo se detiene seguidamente, en algunas formas de vulnerabilidad de los jóvenes en diversos ámbitos: en el trabajo, donde la desocupación juvenil empobrece a las jóvenes generaciones, socavando su capacidad de soñar; las persecuciones hasta la muerte; la exclusión social por razones religiosas, étnicas o económicas; la discapacidad. Frente a esta “cultura del descarte”, la Iglesia debe hacer un llamamiento a la conversión y a la solidaridad, convirtiéndose en una alternativa concreta a las situaciones de malestar. En el lado opuesto, no faltan en cambio los ámbitos en los que el compromiso de los jóvenes se expresa con originalidad y especificidad: por ejemplo, el voluntariado, la atención a los temas ecológicos, el empeño en política para la construcción del bien común, la promoción de la justicia, para lo cual los jóvenes piden a la Iglesia “un compromiso firme y coherente”.

Arte, música y deporte, “recursos pastorales”

También el mundo del deporte y de la música ofrece a los jóvenes la posibilidad de expresarse lo mejor posible: en el primer caso, la Iglesia les invita a no subestimar las potencialidades educativas, formativas e inclusivas, de la actividad deportiva; en el caso de la música, en cambio, el Sínodo se centra en su ser “un recurso pastoral” que interpela también a una renovación litúrgica, porque los jóvenes tienen el deseo de una “liturgia viva”, auténtica y alegre, un momento de encuentro con Dios y con la comunidad. Los jóvenes aprecian las celebraciones auténticas en las que la belleza de los signos, el cuidado de la predicación y el compromiso comunitario hablen realmente de Dios”: por tanto, se les debe ayudar a descubrir el valor de la adoración eucarística y a comprender que “la liturgia puramente expresión de sí misma, sino una acción de Cristo y de la Iglesia”. Las jóvenes generaciones, además, quieren ser protagonistas de la vida eclesial, aprovechando sus propios talentos, asumiéndose responsabilidades. Sujetos activos de la acción pastoral, ellos son el presente de la Iglesia, deben ser animados a participar en la vida eclesial, y no obstaculizados con autoritarismo. En una Iglesia capaz de dialogar de una manera menos paternalista y más directa, de hecho, los jóvenes saben ser muy activos en la evangelización de sus semejantes, ejerciendo un verdadero apostolado que debe ser apoyado e integrado en la vida de las comunidades.

“Se abrieron los ojos”

Dios habla a la Iglesia y al mundo a través de los jóvenes, que son uno de los “lugares teológicos” en los que el Señor se hace presente. Portadora de una sana inquietud que la hace dinámica – se lee en la segunda parte del Documento – la juventud puede estar “más adelantada que los pastores” y por eso debe ser acogida, respetada, acompañada. Gracias a ella, de hecho, la Iglesia puede renovarse, sacudiéndose de encima “la pesadez y lentitudes”. De ahí el llamado del Sínodo al modelo de “Jesús joven entre los jóvenes” y al testimonio de los santos, entre los cuales hay muchos jóvenes, profetas de cambio.

Misión y vocación

Otra “brújula segura” para la juventud es la misión, don de sí mismo que conduce a una felicidad auténtica y duradera: Jesús, en efecto, no quita la libertad, sino que la libera, porque la verdadera libertad es posible sólo en relación con la verdad y la caridad. Estrechamente ligado al concepto de misión, está el de vocación: cada vida es una vocación en relación con Dios, no es fruto de la casualidad o un bien privado que se gestiona por sí mismo -afirma el Sínodo- y toda vocación bautismal es una llamada a la santidad para todos.  Por eso, cada persona debe vivir su propia vocación específica en cada ámbito: profesión, familia, vida consagrada, ministerio ordenado y diaconado permanente, que representa un “recurso” que debe ser desarrollado plenamente aún.

El acompañamiento

Acompañar es una misión que la Iglesia debe llevar a cabo a nivel personal y de grupo: en un mundo “caracterizado por un pluralismo cada vez más evidente y una disponibilidad de opciones cada vez más amplia”, buscar junto con los jóvenes un recorrido específico para hacer elecciones definitivas es un servicio necesario. Destinatarios son todos los jóvenes: seminaristas, sacerdotes o religiosos en formación, novios y jóvenes esposos. La comunidad eclesial es lugar de relaciones y ámbito en el cual, en la celebración eucarística, uno es tocado, instruido y sanado por el mismo Jesús. El Documento Final destaca la importancia del sacramento de la Reconciliación en la vida de fe y anima a los padres, enseñantes, animadores, sacerdotes y educadores a ayudar a los jóvenes, a través de la Doctrina Social de la Iglesia, a asumir responsabilidades en el campo profesional y socio-político. El desafío en sociedades cada vez más interculturales y multirreligiosas es indicar en la relación con la diversidad, una ocasión de enriquecimiento mutuo y comunión fraterna.

No a moralismos y falsas indulgencias, sí a la corrección fraterna

El Sínodo promueve, por tanto, un acompañamiento integral centrado en la oración y en el trabajo interior que valora también la aportación de la psicología y de la psicoterapia, en cuando están abiertas a la trascendencia. “El celibato por el Reino” – se exhorta – debe ser entendido como “un don que debe ser reconocido y verificado en la libertad, la alegría, la gratuidad y la humildad”, antes de la elección final. Se busque acompañantes de calidad: personas equilibradas, de escucha, fe y oración, que se han medido con sus propias debilidades y fragilidades y que, por ello sean acogedoras “sin moralismos ni falsas indulgencias”, sabiendo corregir fraternalmente, lejos de actitudes posesivas y manipuladoras. “Este profundo respeto – se lee en el texto – será la mejor garantía contra los riesgos de plagio y abusos de cualquier tipo”.

El arte del discernimiento

“La Iglesia es el ambiente para discernir y la conciencia – escriben los Padres sinodales – es el lugar donde se capta el fruto del encuentro y de la comunión con Cristo”: el discernimiento, a través de “una confrontación regular con un guía espiritual”, se presenta, por tanto, como un trabajo sincero de conciencia, “sólo puede entenderse como una auténtica forma de oración” y “requiere el valor de comprometerse en la lucha espiritual”. La prueba de las decisiones tomadas es la vida fraterna y el servicio a los pobres. De hecho, los jóvenes son sensibles a la dimensión de la diaconía.

“Se fueron sin demora”

María Magdalena, primera discípula misionera, sanada de sus heridas, testigo de la Resurrección, es el icono de una Iglesia joven. Los esfuerzos y la fragilidad de los jóvenes “nos ayudan a ser mejores, sus preguntas – se lee – nos desafían, las críticas son necesarias porque muchas veces a través de ellas la voz del Señor nos pide conversión y renovación”. Todos los jóvenes, incluso aquellos con diferentes visiones de vida, sin excepción, están en el corazón de Dios. Los Padres subrayan el dinamismo constitutivo de la sinodalidad, es decir, caminar juntos: el final de la Asamblea y el documento final son sólo una etapa, porque las condiciones concretas y las necesidades urgentes son diferentes entre países y continentes. De ahí la invitación a las Conferencias Episcopales y a las Iglesias particulares a continuar el proceso de discernimiento con el fin de desarrollar soluciones pastorales específicas.

Sinodalidad, estilo misionero

“La sinodalidad” es un estilo de misión que nos anima a pasar del yo al nosotros y a considerar la multiplicidad de rostros, sensibilidades, proveniencias y culturas. En este horizonte hay que valorar los carismas que el Espíritu dona a todos, evitando el clericalismo que excluye a muchos de los procesos de toma de decisiones y la clericalización de los laicos que frena el impulso misionero. La autoridad – es la esperanza – se vive en una perspectiva de servicio. Sinodal también sea el enfoque del diálogo interreligioso y ecuménico, orientado al conocimiento mutuo y a la ruptura de prejuicios y estereotipos, así como a la renovación de la vida comunitaria y parroquial para acortar la distancia entre los jóvenes-Iglesia y muestre la íntima conexión entre la fe y la experiencia concreta de vida, debe ser también sinodal. Se formalizó la petición reiterada en el Aula de establecer, a nivel de las Conferencias Episcopales, un “Directorio de pastoral juvenil en clave vocacional” que pueda ayudar a los responsables diocesanos y a los agentes locales a cualificar su formación y su acción “con y para los jóvenes”, ayudando a superar una cierta fragmentación de la pastoral de la Iglesia. Reafirmada la importancia de la JMJ, así como la de los centros juveniles y de los oratorios que, sin embargo, deben ser replanteados.

El desafío digital

Hay algunos desafíos urgentes que la Iglesia está llamada a asumir. El Documento Final del Sínodo trata de la misión en el entorno digital: parte integrante de la realidad cotidiana de los jóvenes, una “plaza” donde pasan mucho tiempo y donde se encuentran fácilmente, un lugar esencial para llegar e involucrar a los jóvenes en las actividades pastorales, la web presenta luces y sombras. Si, por un lado, permite el acceso a la información, activa la participación sociopolítica y la ciudadanía activa, por otro, presenta un lado oscuro – el llamado dark web – en el que se encuentran la soledad, la manipulación, la explotación, la violencia, el cyberbulismo y la pornografía. De ahí la invitación del Sínodo a habitar en el mundo digital, promoviendo las potencialidades comunicativas con vistas al anuncio cristiano, y a “impregnar” de Evangelio sus culturas y dinámicas. Se espera que se creen Oficinas y organismos de cultura y evangelización digital que, además de “fomentar el intercambio y la difusión de buenas prácticas, puedan gestionar sistemas de certificación de los sitios católicos, para contrarrestar la difusión de noticias falsas sobre la Iglesia”, emblema de una cultura que “ha perdido su sentido de la verdad”, fomentando la promoción de “políticas y herramientas para la protección de los menores en la red”.

Reconocer y valorar a la mujer en la sociedad y en la Iglesia

El documento evidencia también la necesidad de un mayor reconocimiento y valoración de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, porque su ausencia empobrece el debate y el camino eclesial: hay una urgente necesidad de cambio por parte de todos – se lee – incluso a partir de una reflexión sobre la reciprocidad entre los sexos. Se espera que “haya una presencia femenina en los organismos eclesiales a todos los niveles, incluso en las funciones de responsabilidad” y que “haya una participación femenina en los procesos de toma de decisiones eclesiales con respecto al papel del ministerio ordenado”. “Es un deber de justicia” – afirma el documento – que encuentra su inspiración en Jesús y en la Biblia.

Cuerpo, sexualidad y afectividad

El Documento se detiene sobre el tema del cuerpo, de la afectividad, de la sexualidad: ante los avances científicos que plantean cuestiones éticas, fenómenos como la pornografía digital, el turismo sexual, la promiscuidad, el exhibicionismo en línea, el Sínodo recuerda a las familias y a las comunidades cristianas la importancia de hacer descubrir a los jóvenes que la sexualidad es un don. A menudo la moral sexual de la Iglesia se percibe como “un espacio de juicio y condena”, mientras que los jóvenes buscan “una palabra clara, humana y empática” y “expresan un deseo explícito de confrontación sobre cuestiones relacionadas con la diferencia entre la identidad masculina y la femenina, la reciprocidad entre hombres y mujeres, la homosexualidad”. Los Obispos reconocen el esfuerzo de la Iglesia por transmitir en el contexto cultural actual “la belleza de la visión cristiana de la corporeidad y de la sexualidad”: es urgente buscar “caminos más apropiados, que se traduzcan concretamente en la elaboración de caminos formativos renovados”. “Es necesario proponer a los jóvenes una antropología de afectividad y sexualidad capaz de dar el justo valor a la castidad” para el crecimiento de la persona, “en todos los estados de vida”. En este sentido, es necesario prestar atención a la formación de agentes pastorales creíbles y maduros desde el punto de vista afectivo-sexual. El Sínodo constata también la existencia de “cuestiones relativas al cuerpo, a la afectividad y a la sexualidad que requieren una elaboración antropológica, teológica y pastoral más profunda, que debe llevarse a cabo de la manera más adecuada y en los niveles más adecuados, desde lo local hasta lo universal”. Entre ellas surgen las relacionadas con la diferencia y la armonía entre la identidad masculina y femenina y las inclinaciones sexuales. “Dios ama a cada persona y también a la Iglesia al renovar su compromiso contra toda discriminación y violencia por motivos sexuales”. Igualmente – continúa el Documento – el Sínodo “reafirma la importancia antropológica decisiva de la diferencia y de la reciprocidad entre hombre-mujer y considera reductivo definir la identidad de las personas a partir de su orientación sexual”. Al mismo tiempo se recomienda “fomentar” los “caminos de acompañamiento en la fe, ya existentes en muchas comunidades cristianas”, de “personas homosexuales”. En estos caminos las personas son ayudadas a leer su propia historia; a adherirse libre y responsablemente a su propia llamada bautismal; a reconocer el deseo de pertenecer y contribuir a la vida de la comunidad; a discernir las mejores formas de alcanzarla. De esta manera ayudamos a cada joven, sin excluir a nadie, a integrar cada vez más la dimensión sexual en su personalidad, creciendo en la calidad de las relaciones y caminando hacia “el don de sí”.

Acompañamiento vocacional

Entre los otros desafíos señalados por el Sínodo está también el económico: la invitación de los Padres es a invertir tiempo y recursos en los jóvenes con la propuesta de ofrecerles un período destinado a la maduración de la vida cristiana adulta que “debe permitir un alejamiento prolongado de los ambientes y de las relaciones habituales”. Además, mientras esperamos un acompañamiento antes y después del matrimonio, se alienta la creación de equipos educativos, incluyendo figuras femeninas y matrimonios cristianos, para la formación de seminaristas y personas consagradas, también con el fin de superar las tendencias al clericalismo. Se requiere una atención especial en la acogida de los candidatos al sacerdocio, que a veces tiene lugar “sin un conocimiento adecuado y una relectura profunda de su historia”: “la inestabilidad relacional y afectiva, y la falta de raíces eclesiales son signos peligrosos. Descuidar las normas eclesiales a este respecto – escriben los Padres sinodales – constituye un comportamiento irresponsable, que puede tener consecuencias muy graves para la comunidad cristiana”.

Llamados a la santidad     

“Las diversidades vocacionales – concluye el Documento Final del Sínodo de los Jóvenes – están reunidas en la única y universal llamada a la santidad. Lamentablemente, el mundo está indignado por los abusos de algunas personas de la Iglesia, más que animado por la santidad de sus miembros”, por eso la Iglesia está llamada a “un cambio de perspectiva”: a través de la santidad de tantos jóvenes dispuestos a renunciar a la vida en medio de la persecución para permanecer fieles al Evangelio, puede renovar su ardor espiritual y su vigor apostólico.

El regalo del Papa a los participantes del Sínodo

Finalmente, como recuerdo del Sínodo de los Jóvenes, el Santo Padre ha regalado a todos los participantes una baldosa de bronce en bajorrelieve que representa a Jesús y al joven discípulo amado. Se trata de una obra del artista italiano Gino Giannetti, acuñada por el Estado de la Ciudad del Vaticano, emitida en sólo 460 ejemplares.

Fuente www.vaticannews.va