LOS DOS MILAGROS – Mateo 15,21-28

 

2017 08 20 Lit.2Lo vi llegar por el camino y el corazón me dio un vuelco. Sabía de su fama: “es amigo de los pobres”, decían, ¡pero era judío! ; “bendice a los niños”, ¡pero era judío!; “cura a los ciegos y a los mudos”, ¡pero era judío!

De todas formas, ¡yo soy madre!, me dije. Y empecé a gritar: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada!» Él se hizo el sordo. No quería oírme y me dolió en el alma.

Es judío, me volví a repetir. Yo soy cananea y además mujer. ¡Pero soy madre! Y, por eso corrí y escondiendo mi rabia bajo el velo, me postré ante él: «¡Señor, socórreme!» Él me respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.»

¿A los perritos? ¡Me está llamando perra! Este judío es como todos: no entiende, su orgullo de raza lo ciega, desprecia a los que no son como él. ¡Pero yo soy madre!

«Sí, Señor pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.»

El silencio que vino luego me dejó sin respiración. Estaba tan humillada y dolorida que me pareció eterno. Entonces Él me respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.»

¿Mi hija curada? ¿De verdad? ¿Era cierto? Levanté la vista y las lágrimas apenas me dejaron verle, pero supe que era verdad. Y además supe que se había producido el otro milagro. Ya no era el judío orgulloso que conocí. Era el hombre que se había dejado cambiar por una mujer extranjera y que ya nunca sería el mismo. Supe que se llamaba Jesús y, mientras se lo contaba a mi hija, le hablaba del judío bueno, del comprensivo, del compasivo, del misericordioso, del Hombre con Corazón.

Matilde Moreno rscj

MARÍA MAGDALENA: LA MUJER QUE VIO AL RESUCITADO

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En la mañana del primer día de la semana, entré como un ciclón en el cenáculo y anuncié con voz entrecortada: ¡He visto al Señor! A veces me han preguntado por qué dije precisamente aquello en vez de: ¡Jesús ha resucitado! Y siento también que Tomás me reprocha que ponga tanta fuerza en lo que he visto con mis propios ojos: – “¿No recuerdas que para Jesús son más dichosos los que creen sin haber visto?”, suele decirme.

Es cierto, pero yo he vivido ciega durante mucho tiempo, hundida en la oscuridad y el caos, como la tierra antes de la creación y cuando mi vida se cruzó con la de Jesús llegó a mis ojos ciegos una ráfaga de luz. Mi ceguera era profunda y resistente y, al principio, mis ojos no fueron capaces de acoger más que una pequeña parte del resplandor que irradiaba su presencia. Le seguí a tientas porque supe al momento que donde estaba él, yo vivía, lo mismo que una plantita necesita del sol y de la lluvia para existir.

Pero aún no sabía mucho de él: contemplaba los signos que hacía y admiraba su poder y su autoridad. Escuchaba sus palabras y pensaba que era uno más de los profetas, como Elías, Jeremías o Juan Bautista. Oía sus parábolas y respetaba su sabiduría y, cuando se acercaba a los enfermos, me conmovía la ternura con que tocaba sus heridas y sanaba sus dolencias. Pero yo no era entonces capaz de ir más allá y mis ojos, aún en penumbra, sólo me permitían ver lo que muchos otros veían: un profeta, un sabio, un sanador, un hombre bueno y compasivo.

Pero aquel mediodía víspera de la fiesta de Pascua, cuando estaba junto a María, su madre, al pie de la cruz en la que él agonizaba, un resplandor inesperado me deslumbró y un torbellino de luz me sacó fuera de mi oscuridad. Antes de que me fuera revelada la gloria de su resurrección, mis ojos despertaron: el hombre que estaba allí, clavado en el madero y en apariencia impotente, estaba iluminando las tinieblas del dolor, de la contradicción, del fracaso y de la muerte con su confianza sin límites en Aquel a quien él llamaba Padre. El Padre lo recogía al final extremo de la noche.

En el amanecer del día de Pascua lo encontré en el huerto: él pronunció mi nombre y recibí su encargo de anunciar su resurrección.

Ahora sólo vivo para anunciar a otros lo que mis ojos presenciaron y para pronunciar ante mis hermanos en Nombre de aquel que, con su amor desmedido y torrencial, ha vencido a su muerte y a la nuestra.

Dolores Aleixandre rscj

 

Jornada Nacional de la Juventud, La Ceiba, Honduras 2018.

Este 30 de junio se llevó a cabo la JNJ en la ciudad de La Ceiba, la cual contó con la presencia de aproximadamente 30 mil jóvenes de todo el país.

En medio de la violencia que vivimos los y las jóvenes en nuestro país , en donde durante décadas  “hemos asistido a un exterminio juvenil en Honduras” (1) Dios actúa y el pueblo alaba su nombre con tanta fuerza que la opresión, el peligro, la impunidad y la descarada corrupción callan.

Los y las jóvenes “Han heredado este mundo de violencia y muerte, pero uds. tienen la llave para hacer un mundo diferente, un mundo de justicia verdadera  y de paz, Jesús re confirma la voluntad del padre, que tengamos vida y vida en abundancia”(2)

Dios ha liberado nuestros corazones, nos ha devuelto la vida, porque “¿Que significa vivir? ¿Respirar, caminar? ¿Eso es vivir? NO”(3) La vida es sentir, actuar, cuidar y proteger a través del amor, un amor que busca y comparte. “El verdadero amor es apertura, salida, ver alrededor”(4)

Nos despedimos de la ciudad de La Ceiba con  la esperanza de continuar, luchar, vivir, amar y compartir, esperanza que  ha vuelto a nuestros corazones  y que nada ni nadie podrá extinguir.

 

Carmen Suate Molina. Comunidad Cristo rey, Parroquia Santa Rita, Yoro.

 

(1)(2)(3)(4)Homilía JNJ 2018, Monseñor José A. Canales.

“COMO EL PADRE ME ENVIÓ A MÍ, YO TAMBIÉN LES ENVÍO A USTEDES” (Jn 20, 19-23)

Cuando tratamos de imaginar este momento de la vida de los apóstoles, es complejo. Por un lado, está el temor ante una realidad adversa que pareciera no dar salida, y por otro, está la esperanza de que aún no se ha dicho la última palabra. Sin embargo, hay algunos signos y palabras de este texto que dan la clave para seguir el camino de Jesús resucitado, y así decir sí a la esperanza: el primero es que se encuentran reunidos en comunidad, no está cada uno por su lado o de retorno a su antigua vida, sino juntos compartiendo los sentimientos y temores, tratando de buscar respuestas y de ser fieles a lo compartido y aprendido con Jesús. El segundo signo es reconocer a Jesús resucitado en medio de la confusión y el temor. El tercero, finalmente, es el envío que hace Jesús: “COMO EL PADRE ME ENVIÓ A MÍ, YO TAMBIÉN LES ENVÍO A USTEDES”.

Celebrar la fiesta de Pentecostés hoy es una invitación a estas tres claves. La primera es a recuperar la dimensión comunitaria, esta figura de Iglesia Pueblo de Dios, que camina junta, compartiendo la vida, las experiencias, los saberes, donde todos y todas no sólo caben, sino tienen una participación activa construyendo y diversificando este pueblo de Dios por todos los rincones de la tierra.
La segunda es reconocer al Resucitado en medio de un tiempo de confusión, en donde las seguridades se desvanecen y es preciso renovar la fe, una fe que tiene heridas, como las de las manos y el costado de Jesús, una fe que tiene historia y que nos lleva a buscar lo esencial del anuncio de Jesús que nos invita a poner la mirada en sus palabras. De allí mismo surge la tercera clave: “Cómo el Padre me envió a mí, Yo los y las envío a ustedes”. Jesús es enviado por el Padre en medio de la humanidad, sin seguridades, abierto al encuentro, con el único poder dado por Dios “el amor” que lo mueve a sanar, perdonar, y liberar ataduras.

El envío que nos hace Jesús es una invitación a renovar esa fuerza del Espíritu, de salir al encuentro de la misma manera como Él lo hizo, a dejarnos tocar por la realidad y sus necesidades, a construir una Iglesia-comunidad, que camina unida, servidora, aprendiz, sanadora y liberadora.

Fuente “Mujer Iglesia Chile”

REFLEXION DOMINGO 15 DE ABRIL

JUAN 6, 1-15: TESTIGOS

“Ustedes son testigos de todo esto”.

Para encontrarnos con Jesús resucitado, queremos hacer camino como los discípulos que han perdido la esperanza y van de vuelta a su casa de Emaús. Como ayer, Él camina junto a nosotros, nos habla, quita el velo que nos impide ver, libera nuestros ojos de las cataratas y cegueras.

Jesús está vivo y presente en medio de nosotros. Tantos testigos y mártires nos muestran un camino abierto. Recorrerlo conduce con certeza hacia la vida. Estos testigos viven en medio de nosotros. La muerte no ha podido contra ellos y están de pie porque no se han rendido ni han claudicado ante los poderes oscuros de la muerte.

Las señales de la entrega total del crucificado resucitado siguen llamándonos. Nos interpelan.

Sigámoslo pues en Galilea, allí donde Jesús vivo se hace solidario y se compromete para bajar de la cruz a los crucificados de hoy.

BAJAR DE LA CRUZ

Reflexión Domingo 1 de Abril

Juan 20:1-9:
Hoy es Pascua.
Y la resurrección de Jesús
nos anuncia la esperanza
de tiempos nuevos.
Todo puede ser diferente.
Las piedras pueden moverse de su lugar,
las tumbas pueden abrirse para siempre,
las lágrimas pueden ser vencidas,
los miedos no son eternos,
cada pregunta tiene su respuesta,
la luz es más fuerte que cualquier noche,
la alegría llega a quienes están tristes,
la paz toca los corazones abatidos,
los poderosos pierden y los humildes triunfan,
la fuerza y el odio no pueden contra el amor,
las cadenas de toda opresión se rompen,
la verdad se abraza a la justicia
y la justicia se besa con la paz,
la memoria ya no duele
y soñar ya no es pecado,
el cielo se abre y Dios sonríe,
la VIDA ha triunfado,
Jesús vive
y un mundo nuevo es posible.
Gerardo Oberman, Argentina
(Poema del año 2004)

Vive

Reflexión Sábado 31 de marzo

– Marcos 16:1-7
Camino por sendas de sombra y muerte,
severo el paso de los días sin esperanzas;
no hay sol ni luna, la noche es eterna,
¿quién no ha sentido el peso de la muerte?
Se muere la vida de tantas formas,
se muere la esperanza con la maldad campeando sus triunfos,
se muere la alegría entre pobreza y violencia,
se termina el entusiasmo como gota final al vacío.
“Él va delante de vosotras…”, llevad la noticia.
Comunicar es la consigna sagrada,
llevar la nueva que la vida vence,
que no hay piedra que tape su andar,
que no hay muerte que cante su victoria.
Comunicar porque Él va delante,
porque es quien abre caminos,
quien hace que tenga sentido la palabra “Vida”,
quien re significa la plenitud humana.
Mujeres llevaron la noticia;
sus voces de pronto tuvieron valor,
elegidas por quien escogió lo postergado
supieron poner voces venciendo el dolor.
Comunicar contra el poder, contra toda sombra.
Comunicar desde cada rincón,
proclamar que no venció el sistema,
que se puede gritar esperanza,
pese a todo,
pese a todos.
Claudia Florentín Mayer, Argentina

brote

Reflexión Viernes 30 de marzo

Marcos 14:43-50: Traición

Un beso es pasión,
amor y entrega total,
en un beso también cabe
toda la traición del mundo.
¿Con un beso me entregas?
He sentido tu dolor,
tus temores más profundos,
lo frágil de la humanidad.
Con ese beso como señal
traicionas un ideal,
un sueño,
te traicionas a ti mismo.
Con un beso también se engaña
cambiando propósitos
significados.
Con un beso se hiere,
se abandona y mata,
se terminan lealtades,
sellamos destinos.
Un beso puede valer
la vida de un inocente,
treinta monedas de plata,
la salvación del mundo.

Obed Juan Vizcaíno Nájera, Venezuela

Reflexión Miércoles 28 de marzo

Mateo 26:14-25

JUDAS

siete días de pan sin levadura
el tiempo de la traición

con treinta pedazos de plata
apoyados en su pecho
horneamos
para la cruz el pan

¿quién será el traidor?

no vemos
mojamos el pan

¿acaso soy yo, Señor?

en sudor
mojamos el pan

Iscariot dice: es imposible no traicionar

no escuchamos
compartimos el pan

¿acaso seremos nosotros, Señor?

Flavia Soldano, Argentina

Reflexión Martes 27 de marzo –

Juan 13:21-33 y 36-38
“Solo el amor convierte en milagro el barro” (Silvio Rodríguez)

sólo

Duele la traición
y si proviene de una persona amada, duele el doble.
Señor, no permitas que nuestro corazón herido se llene de resentimiento.
Solo el amor nos puede salvar.
¿Somos Judas o somos Simón?
¿Qué será peor, el amor al dinero o el amor a uno mismo que niega al otro?
¿La ambición o el miedo?
Seguramente Judas recordaba aquellas palabras:
“No se hagan tesoros en la tierra, no se corrompan;
más bien atesoren lo que es duradero”.
Seguramente Simón también recordaba:
“A cualquier que me niegue delante de los hombres
yo le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.
Cada cual, en su abismo, bien pudo recordar … y llorar, amargamente.
Porque sintieron que su amor mezquino se desvanecía ante al amor del Maestro.
Porque sintieron que tanto la ambición como el miedo
no pueden tener la última palabra.
Y ambos ajustaron cuentas consigo mismo.
El primero, se ahogó en su propio remordimiento.
El segundo, logró resurgir en medio del viento amenazante y las fuertes olas.
¿Quiénes somos, Judas o Simón?
Quizás los dos a la vez.
Quizás un día somos la ambición y al siguiente somos el miedo.
Quizás un día somos la desesperanza y al siguiente somos resurrección.
Señor, no permitas que nuestro corazón herido se muera.
Solo tu amor nos puede salvar.

Amós López Rubio, Cuba