Foro Social Mundial de las Migraciones, México 2-4 noviembre 2018

 

El Foro Social Mundial de las Migraciones (FSMM) se desprende del Foro Social Mundial, pensado como un proceso en construcción permanente, horizontal y descentralizado, asumiendo como principios organizativos la autonomía, la autogestión y la autosuficiencia. Es un espacio de encuentro de la unidad en la diversidad, de reconocimiento entre personas, colectivos y movimientos para visibilizar, fortalecer y articular distintos grupos y luchas antisistémicas, vinculadas en su ser y sentir migratorio.

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El Foro Social Mundial de las Migraciones busca la construcción de una nueva visión de la migración, detonar un cambio y fomentar la inclusión, el respeto, la igualdad, el reconocimiento y valoración de las diferencias. Busca construir un proceso social en favor de la defensa de los derechos de las personas migrantes y sus familiares que les incorpore en la discusión de sus necesidades y expectativas y soluciones, fortalezca los diálogos entre las redes sociales y las personas migrantes, y sea capaz de influir en las decisiones de políticas públicas para hacer política de otra forma, no desde el poder sino desde la resistencia, desde las personas mismas y su visión de cómo enfrentar la realidad que viven y les hace migrar.

Desde este espacio llamado FSMM  se ha hecho una convocatoria amplia teniendo como eje rector a la migración, pero entendiendo su impacto y alcances en otros ámbitos sociales.

Desde los albores de los tiempos, hemos hecho de la movilidad una posibilidad de ser protagonistas de nuestros destinos en pos de alcanzar mayores grados de seguridad y solidaridad individual y colectiva. La migración siempre ha sido y seguirá siendo consustancial a las realidades internacionales, a la humanidad y al ser humano. Si ayer nos desplazábamos por necesidad y en búsqueda de esperanza, hoy se suman con fuerza las desigualdades, las crisis ambientales, el productivismo desarrollista, el trabajo y los nuevos conflictos globalizados.

Hoy, una de cada siete personas en el planeta -alrededor de 1000 millones- es migrante y experimenta las múltiples formas de movilidad humana de forma directa o indirecta, natural o forzada, consciente o inconsciente, temporal, puntual, definitiva o continua. 750 millones de migrantes internos, 250 millones de migrantes transnacionales, 65 millones de personas desplazadas forzadas y refugiadas, la mayor cifra desde las grandes guerras mundiales.

En la mayoría de los casos son trabajadorxs sometidxs a condiciones de alta vulnerabilidad y explotación extrema, discriminación constante y exclusión social múltiple. Y aun así han sido y son vectores de riqueza, de nuevas ciudadanías, de enriquecimiento cultural y primera línea en diversas luchas sociales.

Hoy en día, somos testigos directos de que los muros, las identidades nacionalistas exacerbadas, la erosión del derecho a la movilidad, los conceptos de gobernanza, “migración regular, ordenada y segura” y la negación migratoria, señales características de un mundo atrapado en el círculo perverso de su pasado, nos envuelven, nos apartan o nos matan.

Rechazamos esta perspectiva destructiva que, al igual que otros temas de la agenda internacional, no contempla la raíz sistémica y compleja de los problemas. De algún modo, nuestros movimientos son directamente un medidor proporcional al grado de inestabilidad del tablero internacional. Nuestra lucha migrante se sitúa claramente en esta encrucijada. En el fondo, se trata de una lucha por disputar una sociedad y una matriz de mundialización positiva, legítima, democrática, no excluyente, por una visión integradora de los pueblos y la diversidad del mundo en el que quepan todos los mundos. Es de hecho una lucha solidaria y transversal a otras luchas éticas, económicas, políticas, ambientales, civilizatorias, tanto local como global.

El año 2018, está siendo, sin duda emblemático de la movilidad humana en el acontecer mundial. En  estos días de noviembre de ese año nuestros caminos se cruzarán en México: para conocernos, dialogar, compartir y acordar. Para reconocer nuestra hermandad desde nuestras diferencias; para luchar, resistir y rebelarnos continua y colectivamente en contra de la hidra del capitalismo, el racismo, el colonialismo y el patriarcado.

Ante un Pacto Global convocado por la Organización de las Naciones Unidas, la sociedad civil ha hecho escuchar su voz. En todos los comunicados resultados de distintas reuniones que dan seguimiento a este proceso se coincidió en la necesidad de superar la perspectiva hegemónica de política migratoria que plantea una gestión de las migraciones “regular, ordenada y segura”, por una visión humanista que permita “acoger, proteger, promover e integrar” a las personas migrantes, reafirmando la movilidad humana como un derecho arraigado en la igualdad esencial del ser humano.

Por lo anterior, la Secretaria Técnica del 8º FSMM México 2018 ha convocado en la Ciudad de México, los días 2, 3 y 4 de noviembre del 2018  para que se den cita migrantes, defensores, representantes, académicos y activistas de las organizaciones y movimientos de resistencia en el mundo entero, a fin de tener reuniones presenciales y/o virtuales para coordinar acciones globales que se llevarán a cabo en sus regiones/países, todo ello dentro de un “Compromiso Migrante Global” para dar inicio en el contexto de la movilidad activa y combativa a una Jornada(s) Mundial de Resistencia por la Movilidad Global.

Los diálogos y encuentros durante el Foro Social Mundial de las Migraciones 2018, se basarán en los siguientes ejes temáticos:

  • 1. Derechos humanos, inclusión social, hospitalidad y movilidad.
  • 2. Realidades de las fronteras, muros y otras barreras.
  • 3. Resistencias, actores, movimientos y acciones colectivas.
  • 4. La crisis sistémica del capitalismo y sus consecuencias para la migración.
  • 5. Migración, género y cuerpo.
  • 6. Migración, los derechos de la Madre Naturaleza, el cambio climático y las disputas Norte – Sur.

Mas Información en FSMM

 

 

Sínodo Jóvenes: es esto lo que dice el Documento Final

Tres partes, doce capítulos, ciento sesenta y siete parágrafos y 60 páginas: así se presenta el Documento final de la XV Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, sobre el tema “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. El texto fue aprobado por los dos tercios del Aula, la tarde del 27 de octubre. El Documento ha sido entregado en las manos del Papa, que luego, ha autorizado su publicación
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Es el episodio de los discípulos de Emaús, narrado por el evangelista Lucas, el hilo conductor del Documento Final del Sínodo de los Jóvenes. Leído en el Aula en voces alternas por el Relator General, Card. Sérgio da Rocha, los Secretarios Especiales, Padre Giacomo Costa y Don Rossano Sala, junto con Mons. Bruno Forte, miembro de la Comisión para la Redacción del texto, el Documento es complementario al Instrumentum laboris del Sínodo, del que retoma la división en tres partes. Acogido con aplausos, el texto -dijo el Cardenal da Rocha- es “el resultado de un verdadero trabajo de equipo” de los Padres sinodales, junto con los demás participantes en el Sínodo y “en modo particular con los jóvenes”. El Documento contiene, pues, los 364 modos, es decir, las enmiendas, que se han presentado. “La mayoría de ellos -añadió el Relator General- fueron precisos y constructivos”.

 “Caminaba con ellos”

En primer lugar, pues, el Documento final del Sínodo examina el contexto en el que viven los jóvenes, destacando sus puntos de fuerza y sus desafíos. Todo comienza con una escucha empática que, con humildad, paciencia y disponibilidad, permita dialogar verdaderamente con la juventud, evitando “respuestas pre confeccionadas y recetas ya preparadas”. Los jóvenes, intactos, quieren ser “escuchados, reconocidos, acompañados” y desean que su voz sea “considerada interesante y útil en el campo social y eclesial”. La Iglesia no siempre ha tenido esta actitud, reconoce el Sínodo: a menudo los sacerdotes y los obispos, sobrecargados por muchos compromisos, tienen dificultad  para encontrar tiempo para el servicio de la escucha. De ahí la necesidad de preparar adecuadamente a los laicos, hombres y mujeres, que sean capaces de acompañar a las jóvenes generaciones. Además, ante fenómenos como la globalización y la secularización, los chicos se encaminan hacia un redescubrimiento de Dios y de la espiritualidad, y esto  debe ser un estímulo para que la Iglesia recupere la importancia del dinamismo de la fe.

La escuela y la parroquia

Otra respuesta de la Iglesia a las interpelaciones de los jóvenes proviene del sector educativo: las escuelas, universidades, colegios, oratorios, permiten una formación integral de los chicos, ofreciendo al mismo tiempo un testimonio evangélico de promoción humana. En un mundo donde todo está conectado – familia, trabajo, tecnología, defensa del embrión y del migrante – los obispos definen como irremplazable el papel que desarrollan las escuelas y universidades, en donde los jóvenes transcurren mucho tiempo. En particular, las instituciones educativas católicas están llamadas a afrontar la relación entre la fe y las exigencias del mundo contemporáneo, las diferentes perspectivas antropológicas, los desafíos científicos y técnicos, los cambios en las costumbres sociales y el compromiso por la justicia. La parroquia también tiene su papel: “Iglesia en el territorio”, necesita volver a pensar su vocación misionera, porque a menudo es poco significativa y poco dinámica, especialmente en el ámbito de la catequesis.

Los migrantes, paradigma de nuestro tiempo

El Documento sinodal se detiene luego en el tema de los migrantes, “el paradigma de nuestro tiempo” como fenómeno estructural y no como emergencia transitoria. Muchos migrantes son jóvenes o menores no acompañados que huyen de la guerra, violencias, persecuciones políticas o religiosas, desastres naturales, pobreza, y terminan siendo víctimas del tráfico, de las drogas, abusos psicológicos y físicos. La preocupación de la Iglesia es sobre todo por ellos -dice el Sínodo- en la perspectiva de una auténtica promoción humana que pase a través de la acogida de los refugiados y prófugos, y sea punto de referencia para los muchos jóvenes separados de sus familias de origen. Pero no sólo: los migrantes -recuerda el Documento- son también una oportunidad de enriquecimiento para las comunidades y sociedades a las que llegan y que pueden ser revitalizadas por ellos. Resuenan pues, los verbos sinodales “acoger, proteger, promover, integrar”, indicados por el Papa Francisco para una cultura que supere la desconfianza y los miedos. Los obispos piden también un compromiso mayor en el garantizar a quien no querría migrar, el derecho efectivo de permanecer en su propio país. La atención del Sínodo se dirige también a las Iglesias que son amenazadas, en su existencia, por las migraciones forzadas y las persecuciones sufridas por los fieles.

Compromiso firme contra todo tipo de abuso. Luz en la verdad y pedido de perdón

Luego hay una amplia reflexión sobre los “diferentes tipos de abusos” (de poder, económicos, de conciencia, sexuales) cometidos por algunos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos: en las víctimas –se lee en el texto- causan un sufrimiento que “puede durar toda la vida y que ningún arrepentimiento puede remediar”. De ahí el llamamiento del Sínodo a “un firme compromiso a la adopción de rigurosas medidas de prevención que eviten su repetición, a comenzar de la selección y la formación de aquellos a quienes se les confiarán tareas de responsabilidad y educación”. Por lo tanto, será necesario erradicar aquellas formas -como la corrupción o el clericalismo- en las que se injertan estos tipos de abusos, contrarrestando también la falta de responsabilidad y transparencia con la que se han gestionado muchos casos. Al mismo tiempo, el Sínodo expresa su gratitud a todos aquellos que “tienen el valor de denunciar inmediatamente el mal”, porque ayudan a la Iglesia “a tomar conciencia de lo que ha ocurrido y de la necesidad de reaccionar con decisión”. “La misericordia, de hecho, exige justicia”. No deben olvidarse, sin embargo, los numerosos laicos, sacerdotes, consagrados y obispos que se dedican cada día, con honestidad, al servicio de los jóvenes, quienes pueden ofrecer realmente “una ayuda preciosa” para una “reforma de envergadura histórica” en este ámbito.

La familia “Iglesia doméstica”

Otros temas presentes en el Documento tienen que ver con la familia, principal punto de referencia para los jóvenes, primera comunidad de fe, “Iglesia doméstica”: el Sínodo recuerda, en particular, el papel de los abuelos en la educación religiosa y en la transmisión de la fe, y advierte sobre el debilitamiento de la figura paterna y de los adultos que asumen estilos de vida “juveniles”. Además de la familia,  para los jóvenes cuenta mucho la amistad con sus coetáneos porque les permite compartir su fe y ayudarse mutuamente en su testimonio.

Promoción de la justicia “contra la cultura del descarte”

El Sínodo se detiene seguidamente, en algunas formas de vulnerabilidad de los jóvenes en diversos ámbitos: en el trabajo, donde la desocupación juvenil empobrece a las jóvenes generaciones, socavando su capacidad de soñar; las persecuciones hasta la muerte; la exclusión social por razones religiosas, étnicas o económicas; la discapacidad. Frente a esta “cultura del descarte”, la Iglesia debe hacer un llamamiento a la conversión y a la solidaridad, convirtiéndose en una alternativa concreta a las situaciones de malestar. En el lado opuesto, no faltan en cambio los ámbitos en los que el compromiso de los jóvenes se expresa con originalidad y especificidad: por ejemplo, el voluntariado, la atención a los temas ecológicos, el empeño en política para la construcción del bien común, la promoción de la justicia, para lo cual los jóvenes piden a la Iglesia “un compromiso firme y coherente”.

Arte, música y deporte, “recursos pastorales”

También el mundo del deporte y de la música ofrece a los jóvenes la posibilidad de expresarse lo mejor posible: en el primer caso, la Iglesia les invita a no subestimar las potencialidades educativas, formativas e inclusivas, de la actividad deportiva; en el caso de la música, en cambio, el Sínodo se centra en su ser “un recurso pastoral” que interpela también a una renovación litúrgica, porque los jóvenes tienen el deseo de una “liturgia viva”, auténtica y alegre, un momento de encuentro con Dios y con la comunidad. Los jóvenes aprecian las celebraciones auténticas en las que la belleza de los signos, el cuidado de la predicación y el compromiso comunitario hablen realmente de Dios”: por tanto, se les debe ayudar a descubrir el valor de la adoración eucarística y a comprender que “la liturgia puramente expresión de sí misma, sino una acción de Cristo y de la Iglesia”. Las jóvenes generaciones, además, quieren ser protagonistas de la vida eclesial, aprovechando sus propios talentos, asumiéndose responsabilidades. Sujetos activos de la acción pastoral, ellos son el presente de la Iglesia, deben ser animados a participar en la vida eclesial, y no obstaculizados con autoritarismo. En una Iglesia capaz de dialogar de una manera menos paternalista y más directa, de hecho, los jóvenes saben ser muy activos en la evangelización de sus semejantes, ejerciendo un verdadero apostolado que debe ser apoyado e integrado en la vida de las comunidades.

“Se abrieron los ojos”

Dios habla a la Iglesia y al mundo a través de los jóvenes, que son uno de los “lugares teológicos” en los que el Señor se hace presente. Portadora de una sana inquietud que la hace dinámica – se lee en la segunda parte del Documento – la juventud puede estar “más adelantada que los pastores” y por eso debe ser acogida, respetada, acompañada. Gracias a ella, de hecho, la Iglesia puede renovarse, sacudiéndose de encima “la pesadez y lentitudes”. De ahí el llamado del Sínodo al modelo de “Jesús joven entre los jóvenes” y al testimonio de los santos, entre los cuales hay muchos jóvenes, profetas de cambio.

Misión y vocación

Otra “brújula segura” para la juventud es la misión, don de sí mismo que conduce a una felicidad auténtica y duradera: Jesús, en efecto, no quita la libertad, sino que la libera, porque la verdadera libertad es posible sólo en relación con la verdad y la caridad. Estrechamente ligado al concepto de misión, está el de vocación: cada vida es una vocación en relación con Dios, no es fruto de la casualidad o un bien privado que se gestiona por sí mismo -afirma el Sínodo- y toda vocación bautismal es una llamada a la santidad para todos.  Por eso, cada persona debe vivir su propia vocación específica en cada ámbito: profesión, familia, vida consagrada, ministerio ordenado y diaconado permanente, que representa un “recurso” que debe ser desarrollado plenamente aún.

El acompañamiento

Acompañar es una misión que la Iglesia debe llevar a cabo a nivel personal y de grupo: en un mundo “caracterizado por un pluralismo cada vez más evidente y una disponibilidad de opciones cada vez más amplia”, buscar junto con los jóvenes un recorrido específico para hacer elecciones definitivas es un servicio necesario. Destinatarios son todos los jóvenes: seminaristas, sacerdotes o religiosos en formación, novios y jóvenes esposos. La comunidad eclesial es lugar de relaciones y ámbito en el cual, en la celebración eucarística, uno es tocado, instruido y sanado por el mismo Jesús. El Documento Final destaca la importancia del sacramento de la Reconciliación en la vida de fe y anima a los padres, enseñantes, animadores, sacerdotes y educadores a ayudar a los jóvenes, a través de la Doctrina Social de la Iglesia, a asumir responsabilidades en el campo profesional y socio-político. El desafío en sociedades cada vez más interculturales y multirreligiosas es indicar en la relación con la diversidad, una ocasión de enriquecimiento mutuo y comunión fraterna.

No a moralismos y falsas indulgencias, sí a la corrección fraterna

El Sínodo promueve, por tanto, un acompañamiento integral centrado en la oración y en el trabajo interior que valora también la aportación de la psicología y de la psicoterapia, en cuando están abiertas a la trascendencia. “El celibato por el Reino” – se exhorta – debe ser entendido como “un don que debe ser reconocido y verificado en la libertad, la alegría, la gratuidad y la humildad”, antes de la elección final. Se busque acompañantes de calidad: personas equilibradas, de escucha, fe y oración, que se han medido con sus propias debilidades y fragilidades y que, por ello sean acogedoras “sin moralismos ni falsas indulgencias”, sabiendo corregir fraternalmente, lejos de actitudes posesivas y manipuladoras. “Este profundo respeto – se lee en el texto – será la mejor garantía contra los riesgos de plagio y abusos de cualquier tipo”.

El arte del discernimiento

“La Iglesia es el ambiente para discernir y la conciencia – escriben los Padres sinodales – es el lugar donde se capta el fruto del encuentro y de la comunión con Cristo”: el discernimiento, a través de “una confrontación regular con un guía espiritual”, se presenta, por tanto, como un trabajo sincero de conciencia, “sólo puede entenderse como una auténtica forma de oración” y “requiere el valor de comprometerse en la lucha espiritual”. La prueba de las decisiones tomadas es la vida fraterna y el servicio a los pobres. De hecho, los jóvenes son sensibles a la dimensión de la diaconía.

“Se fueron sin demora”

María Magdalena, primera discípula misionera, sanada de sus heridas, testigo de la Resurrección, es el icono de una Iglesia joven. Los esfuerzos y la fragilidad de los jóvenes “nos ayudan a ser mejores, sus preguntas – se lee – nos desafían, las críticas son necesarias porque muchas veces a través de ellas la voz del Señor nos pide conversión y renovación”. Todos los jóvenes, incluso aquellos con diferentes visiones de vida, sin excepción, están en el corazón de Dios. Los Padres subrayan el dinamismo constitutivo de la sinodalidad, es decir, caminar juntos: el final de la Asamblea y el documento final son sólo una etapa, porque las condiciones concretas y las necesidades urgentes son diferentes entre países y continentes. De ahí la invitación a las Conferencias Episcopales y a las Iglesias particulares a continuar el proceso de discernimiento con el fin de desarrollar soluciones pastorales específicas.

Sinodalidad, estilo misionero

“La sinodalidad” es un estilo de misión que nos anima a pasar del yo al nosotros y a considerar la multiplicidad de rostros, sensibilidades, proveniencias y culturas. En este horizonte hay que valorar los carismas que el Espíritu dona a todos, evitando el clericalismo que excluye a muchos de los procesos de toma de decisiones y la clericalización de los laicos que frena el impulso misionero. La autoridad – es la esperanza – se vive en una perspectiva de servicio. Sinodal también sea el enfoque del diálogo interreligioso y ecuménico, orientado al conocimiento mutuo y a la ruptura de prejuicios y estereotipos, así como a la renovación de la vida comunitaria y parroquial para acortar la distancia entre los jóvenes-Iglesia y muestre la íntima conexión entre la fe y la experiencia concreta de vida, debe ser también sinodal. Se formalizó la petición reiterada en el Aula de establecer, a nivel de las Conferencias Episcopales, un “Directorio de pastoral juvenil en clave vocacional” que pueda ayudar a los responsables diocesanos y a los agentes locales a cualificar su formación y su acción “con y para los jóvenes”, ayudando a superar una cierta fragmentación de la pastoral de la Iglesia. Reafirmada la importancia de la JMJ, así como la de los centros juveniles y de los oratorios que, sin embargo, deben ser replanteados.

El desafío digital

Hay algunos desafíos urgentes que la Iglesia está llamada a asumir. El Documento Final del Sínodo trata de la misión en el entorno digital: parte integrante de la realidad cotidiana de los jóvenes, una “plaza” donde pasan mucho tiempo y donde se encuentran fácilmente, un lugar esencial para llegar e involucrar a los jóvenes en las actividades pastorales, la web presenta luces y sombras. Si, por un lado, permite el acceso a la información, activa la participación sociopolítica y la ciudadanía activa, por otro, presenta un lado oscuro – el llamado dark web – en el que se encuentran la soledad, la manipulación, la explotación, la violencia, el cyberbulismo y la pornografía. De ahí la invitación del Sínodo a habitar en el mundo digital, promoviendo las potencialidades comunicativas con vistas al anuncio cristiano, y a “impregnar” de Evangelio sus culturas y dinámicas. Se espera que se creen Oficinas y organismos de cultura y evangelización digital que, además de “fomentar el intercambio y la difusión de buenas prácticas, puedan gestionar sistemas de certificación de los sitios católicos, para contrarrestar la difusión de noticias falsas sobre la Iglesia”, emblema de una cultura que “ha perdido su sentido de la verdad”, fomentando la promoción de “políticas y herramientas para la protección de los menores en la red”.

Reconocer y valorar a la mujer en la sociedad y en la Iglesia

El documento evidencia también la necesidad de un mayor reconocimiento y valoración de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, porque su ausencia empobrece el debate y el camino eclesial: hay una urgente necesidad de cambio por parte de todos – se lee – incluso a partir de una reflexión sobre la reciprocidad entre los sexos. Se espera que “haya una presencia femenina en los organismos eclesiales a todos los niveles, incluso en las funciones de responsabilidad” y que “haya una participación femenina en los procesos de toma de decisiones eclesiales con respecto al papel del ministerio ordenado”. “Es un deber de justicia” – afirma el documento – que encuentra su inspiración en Jesús y en la Biblia.

Cuerpo, sexualidad y afectividad

El Documento se detiene sobre el tema del cuerpo, de la afectividad, de la sexualidad: ante los avances científicos que plantean cuestiones éticas, fenómenos como la pornografía digital, el turismo sexual, la promiscuidad, el exhibicionismo en línea, el Sínodo recuerda a las familias y a las comunidades cristianas la importancia de hacer descubrir a los jóvenes que la sexualidad es un don. A menudo la moral sexual de la Iglesia se percibe como “un espacio de juicio y condena”, mientras que los jóvenes buscan “una palabra clara, humana y empática” y “expresan un deseo explícito de confrontación sobre cuestiones relacionadas con la diferencia entre la identidad masculina y la femenina, la reciprocidad entre hombres y mujeres, la homosexualidad”. Los Obispos reconocen el esfuerzo de la Iglesia por transmitir en el contexto cultural actual “la belleza de la visión cristiana de la corporeidad y de la sexualidad”: es urgente buscar “caminos más apropiados, que se traduzcan concretamente en la elaboración de caminos formativos renovados”. “Es necesario proponer a los jóvenes una antropología de afectividad y sexualidad capaz de dar el justo valor a la castidad” para el crecimiento de la persona, “en todos los estados de vida”. En este sentido, es necesario prestar atención a la formación de agentes pastorales creíbles y maduros desde el punto de vista afectivo-sexual. El Sínodo constata también la existencia de “cuestiones relativas al cuerpo, a la afectividad y a la sexualidad que requieren una elaboración antropológica, teológica y pastoral más profunda, que debe llevarse a cabo de la manera más adecuada y en los niveles más adecuados, desde lo local hasta lo universal”. Entre ellas surgen las relacionadas con la diferencia y la armonía entre la identidad masculina y femenina y las inclinaciones sexuales. “Dios ama a cada persona y también a la Iglesia al renovar su compromiso contra toda discriminación y violencia por motivos sexuales”. Igualmente – continúa el Documento – el Sínodo “reafirma la importancia antropológica decisiva de la diferencia y de la reciprocidad entre hombre-mujer y considera reductivo definir la identidad de las personas a partir de su orientación sexual”. Al mismo tiempo se recomienda “fomentar” los “caminos de acompañamiento en la fe, ya existentes en muchas comunidades cristianas”, de “personas homosexuales”. En estos caminos las personas son ayudadas a leer su propia historia; a adherirse libre y responsablemente a su propia llamada bautismal; a reconocer el deseo de pertenecer y contribuir a la vida de la comunidad; a discernir las mejores formas de alcanzarla. De esta manera ayudamos a cada joven, sin excluir a nadie, a integrar cada vez más la dimensión sexual en su personalidad, creciendo en la calidad de las relaciones y caminando hacia “el don de sí”.

Acompañamiento vocacional

Entre los otros desafíos señalados por el Sínodo está también el económico: la invitación de los Padres es a invertir tiempo y recursos en los jóvenes con la propuesta de ofrecerles un período destinado a la maduración de la vida cristiana adulta que “debe permitir un alejamiento prolongado de los ambientes y de las relaciones habituales”. Además, mientras esperamos un acompañamiento antes y después del matrimonio, se alienta la creación de equipos educativos, incluyendo figuras femeninas y matrimonios cristianos, para la formación de seminaristas y personas consagradas, también con el fin de superar las tendencias al clericalismo. Se requiere una atención especial en la acogida de los candidatos al sacerdocio, que a veces tiene lugar “sin un conocimiento adecuado y una relectura profunda de su historia”: “la inestabilidad relacional y afectiva, y la falta de raíces eclesiales son signos peligrosos. Descuidar las normas eclesiales a este respecto – escriben los Padres sinodales – constituye un comportamiento irresponsable, que puede tener consecuencias muy graves para la comunidad cristiana”.

Llamados a la santidad     

“Las diversidades vocacionales – concluye el Documento Final del Sínodo de los Jóvenes – están reunidas en la única y universal llamada a la santidad. Lamentablemente, el mundo está indignado por los abusos de algunas personas de la Iglesia, más que animado por la santidad de sus miembros”, por eso la Iglesia está llamada a “un cambio de perspectiva”: a través de la santidad de tantos jóvenes dispuestos a renunciar a la vida en medio de la persecución para permanecer fieles al Evangelio, puede renovar su ardor espiritual y su vigor apostólico.

El regalo del Papa a los participantes del Sínodo

Finalmente, como recuerdo del Sínodo de los Jóvenes, el Santo Padre ha regalado a todos los participantes una baldosa de bronce en bajorrelieve que representa a Jesús y al joven discípulo amado. Se trata de una obra del artista italiano Gino Giannetti, acuñada por el Estado de la Ciudad del Vaticano, emitida en sólo 460 ejemplares.

Fuente www.vaticannews.va

El éxodo destapa la trama

Durante muchos días hemos sido testigos del exodo de migrantes hondureñ@s y alrededor de esta situación han surgido muchas voces de solidaridad y también las de aquellos que toman ventaja y quienes criminalizan la pobreza.  Hoy más que nunca urge combatir las causas estructurales que generan las migraciones y no la migración misma.

Compartimos con uds. El posicionamiento de la Red Jesuita con Migrantes  ante la caravana de migrantes que continúa avanzando

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Junto a los jóvenes, llevemos el Evangelio a todos

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES 2018

misic3b3n-estilo-de-vidaQueridos jóvenes, deseo reflexionar con vosotros sobre la misión que Jesús nos haconfiado. Dirigiéndome a vosotros lo hago también a todos los cristianos que viven en la Iglesia la aventura de su existencia como hijos de Dios. Lo que me impulsa a hablar a todos, dialogando con vosotros, es la certeza de que la fe cristiana permanece siempre joven cuando se abre a la misión que Cristo nos confía. «La misión refuerza la fe», escribía san Juan Pablo II (Carta enc. Redemptoris missio, 2), un Papa que tanto amaba a los jóvenes y que se dedicó mucho a ellos.

El Sínodo que celebraremos en Roma el próximo mes de octubre, mes misionero, nos ofrece la oportunidad de comprender mejor, a la luz de la fe, lo que el Señor Jesús os quiere decir a los jóvenes y, a través de vosotros, a las comunidades cristianas.

La vida es una misión

Cada hombre y mujer es una misión, y esta es la razón por la que se encuentra viviendo en la tierra. Ser atraídos y ser enviados son los dos movimientos que nuestro corazón, sobre todo cuando es joven en edad, siente como fuerzas interiores del amor que prometen un futuro e impulsan hacia adelante nuestra existencia. Nadie mejor que los jóvenes percibe cómo la vida sorprende y atrae. Vivir con alegría la propia responsabilidad ante el mundo es un gran desafío. Conozco bien las luces y sombras del ser joven, y, si pienso en mi juventud y en mi familia, recuerdo lo intensa que era la esperanza en un futuro mejor. El hecho de que estemos en este mundo sin una previa decisión nuestra nos hace intuir que hay una iniciativa que nos precede y nos llama a la existencia. Cada uno de nosotros está llamado a reflexionar sobre esta realidad: «Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 273).

Os anunciamos a Jesucristo

La Iglesia, anunciando lo que ha recibido gratuitamente (cf. Mt 10,8; Hch 3,6), comparte con vosotros, jóvenes, el camino y la verdad que conducen al sentido de la existencia en esta tierra. Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros, se ofrece a nuestra libertad y la mueve a buscar, descubrir y anunciar este sentido pleno y verdadero. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de Cristo y de su Iglesia. En ellos se encuentra el tesoro que llena de alegría la vida. Os lo digo por experiencia: gracias a la fe he encontrado el fundamento de mis anhelos y la fuerza para realizarlos. He visto mucho sufrimiento, mucha pobreza, desfigurar el rostro de tantos hermanos y hermanas. Sin embargo, para quien está con Jesús, el mal es un estímulo para amar cada vez más. Por amor al Evangelio, muchos hombres y mujeres, y muchos jóvenes, se han entregado generosamente a sí mismos, a veces hasta el martirio, al servicio de los hermanos. De la cruz de Jesús aprendemos la lógica divina del ofrecimiento de nosotros mismos (cf. 1 Co 1,17-25), como anuncio del Evangelio para la vida del mundo (cf. Jn 3,16). Estar inflamados por el amor de Cristo consume a quien arde y hace crecer, ilumina y vivifica a quien se ama (cf. 2 Co 5,14). Siguiendo el ejemplo de los santos, que nos descubren los amplios horizontes de Dios, os invito a preguntaros en todo momento: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?».

Transmitir la fe hasta los confines de la tierra

También vosotros, jóvenes, por el Bautismo sois miembros vivos de la Iglesia, y juntos tenemos la misión de llevar a todos el Evangelio. Vosotros estáis abriéndoos a la vida. Crecer en la gracia de la fe, que se nos transmite en los sacramentos de la Iglesia, nos sumerge en una corriente de multitud de generaciones de testigos, donde la sabiduría del que tiene experiencia se convierte en testimonio y aliento para quien se abre al futuro. Y la novedad de los jóvenes se convierte, a su vez, en apoyo y esperanza para quien está cerca de la meta de su camino. En la convivencia entre los hombres de distintas edades, la misión de la Iglesia construye puentes inter-generacionales, en los cuales la fe en Dios y el amor al prójimo constituyen factores de unión profunda.

Esta transmisión de la fe, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza por el “contagio” del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de la vida. La propagación de la fe por atracción exige corazones abiertos, dilatados por el amor. No se puede poner límites al amor: fuerte como la muerte es el amor (cf. Ct 8,6). Y esa expansión crea el encuentro, el testimonio, el anuncio; produce la participación en la caridad con todos los que están alejados de la fe y se muestran ante ella indiferentes, a veces opuestos y contrarios. Ambientes humanos, culturales y religiosos todavía ajenos al Evangelio de Jesús y a la presencia sacramental de la Iglesia representan las extremas periferias, “los confines de la tierra”, hacia donde sus discípulos misioneros son enviados, desde la Pascua de Jesús, con la certeza de tener siempre con ellos a su Señor (cf. Mt 28,20; Hch 1,8). En esto consiste lo que llamamos missio ad gentes. La periferia más desolada de la humanidad necesitada de Cristo es la indiferencia hacia la fe o incluso el odio contra la plenitud divina de la vida. Cualquier pobreza material y espiritual, cualquier discriminación de hermanos y hermanas es siempre consecuencia del rechazo a Dios y a su amor.

Los confines de la tierra, queridos jóvenes, son para vosotros hoy muy relativos y siempre fácilmente “navegables”. El mundo digital, las redes sociales que nos invaden y traspasan, difuminan fronteras, borran límites y distancias, reducen las diferencias. Parece todo al alcance de la mano, todo tan cercano e inmediato. Sin embargo, sin el don comprometido de nuestras vidas, podremos tener miles de contactos pero no estaremos nunca inmersos en una verdadera comunión de vida. La misión hasta los confines de la tierra exige el don de sí en la vocación que nos ha dado quien nos ha puesto en esta tierra (cf. Lc 9,23-25). Me atrevería a decir que, para un joven que quiere seguir a Cristo, lo esencial es la búsqueda y la adhesión a la propia vocación.

Testimoniar el amor

Agradezco a todas las realidades eclesiales que os permiten encontrar personalmente a Cristo vivo en su Iglesia: las parroquias, asociaciones, movimientos, las comunidades religiosas, las distintas expresiones de servicio misionero. Muchos jóvenes encuentran en el voluntariado misionero una forma para servir a los “más pequeños” (cf. Mt 25,40), promoviendo la dignidad humana y testimoniando la alegría de amar y de ser cristianos. Estas experiencias eclesiales hacen que la formación de cada uno no sea solo una preparación para el propio éxito profesional, sino el desarrollo y el cuidado de un don del Señor para servir mejor a los demás. Estas formas loables de servicio misionero temporal son un comienzo fecundo y, en el discernimiento vocacional, pueden ayudaros a decidir el don total de vosotros mismos como misioneros.

Las Obras Misionales Pontificias nacieron de corazones jóvenes, con la finalidad de animar el anuncio del Evangelio a todas las gentes, contribuyendo al crecimiento cultural y humano de tanta gente sedienta de Verdad. La oración y la ayuda material, que generosamente son dadas y distribuidas por las OMP, sirven a la Santa Sede para procurar que quienes las reciben para su propia necesidad puedan, a su vez, ser capaces de dar testimonio en su entorno. Nadie es tan pobre que no pueda dar lo que tiene, y antes incluso lo que es. Me gusta repetir la exhortación que dirigí a los jóvenes chilenos: «Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie: Le haces falta a mucha gente y esto piénsalo. Cada uno de vosotros piénselo en su corazón: Yo le hago falta a mucha gente» (Encuentro con los jóvenes, Santuario de Maipú, 17 de enero de 2018).

Queridos jóvenes: el próximo octubre misionero, en el que se desarrollará el Sínodo que está dedicado a vosotros, será una nueva oportunidad para hacernos discípulos misioneros, cada vez más apasionados por Jesús y su misión, hasta los confines de la tierra. A María, Reina de los Apóstoles, a los santos Francisco Javier y Teresa del Niño Jesús, al beato Pablo Manna, les pido que intercedan por todos nosotros y nos acompañen siempre.

Vaticano, 20 de mayo de 2018, Solemnidad de Pentecostés.

Francisco

ANTE LA TRAGEDIA HUMANA

 CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS

 “Jesús, al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella”, (Mateo 9, 36)

Queridos hermanos,

MIGRANTESLos Obispos de la Conferencia Episcopal de Honduras vemos con mucho pesar y seria preocupación esta “tragedia humana”, como ha llamado el Papa Francisco a la migración forzada, por la salida en caravana de miles de nuestros hermanos y hermanas hondureños que han abandonado su propia tierra, buscando mejores oportunidades de vida, para ellos y para sus propias familias. Ésta es una realidad indignante, causada por la actual situación que vive nuestro país, obligando a una decidida muchedumbre a dejar lo poco que tienen, aventurándose sin certeza alguna por la ruta migratoria hacia Estados Unidos, con el deseo de alcanzar la tierra prometida, “sueño americano”, que les permita resolver sus problemas económicos y mejorar las condiciones de vida para los suyos y, en muchos casos, les garantice la tan anhelada seguridad física.

La Iglesia que peregrina en Honduras reconoce el derecho humano de cada persona a una vida digna y al desarrollo personal, familiar y comunitario. Es deber del Estado Hondureño brindar a sus ciudadanos los medios para cubrir sus necesidades básicas, como son: trabajo digno, estable y bien retribuido, salud, educación y vivienda. Y cuando esas condiciones no existen, las personas se ven obligadas a vivir en la fatalidad y muchísimos de ellos a emprender un camino que les lleve al desarrollo y superación, hallándose en la vergonzosa y dolorosa necesidad de tener que abandonar sus familias, sus amistades, su comunidad, su cultura, su ambiente y la tierra que los vio nacer.

Esa crisis humanitaria en Honduras no es nueva, la venimos padeciendo desde hace años, ¡Cuántos cientos de hondureños han partido en forma individual todos los años y a cuántos los han regresados de México y de Estados Unidos! Hemos sido sordos ante los gritos de abusos y violación a sus derechos en su trayecto y hemos sido ciegos para ver esa realidad, hemos preferido alegrarnos por la llegada de remesas, como una solución a los problemas internos. Lo novedoso de esa caravana es la forma masiva de miles de personas, en su mayoría jóvenes, que van con la esperanza de obtener recursos suficiente para transformar a Honduras.

No es la hora de culpabilizar a personas o a partidos políticos, ni al Gobierno en turno. Eso sería mirar de manera superficial el problema, la responsabilidad es común, pero eso sí, deben aceptar nuestros gobernantes de los últimos períodos que no han hecho bien las cosas, de modo que esta situación no llegara a los extremos que hoy estamos observando y que puede terminar en mayores frustraciones, resentimientos y negación de toda identidad nacional. La solución no es pedirles que regresen, la solución la encontraremos en abrir oportunidades permanentes para su realización personal y familiar, creando fuentes de trabajo para todos.

Ahora es momento de brindar salidas humanitarias a la población que va en caravana, pero también es hora de que tanto el Gobierno, el sector financiero, empresarial, trabajadores, campesinos y la sociedad en general emprendamos la tarea de establecer un nuevo pacto social que aborde profunda y definitivamente la solución a este drama social hondureño. La migración es sólo una punta de este volcán, pero, la pobreza, la inequidad y la falta de oportunidades son sus otros componentes. Los sectores dirigentes no pueden ser insensible ante el clamor de la población. ¡Ya no se valen más remiendos en esta sociedad hondureña!

Pero hoy también es la oportunidad para que nuestras autoridades civiles reorienten sus políticas y establezcan programas sociales verificables, reorientando el Presupuesto general de la República con esa finalidad. Es tarea urgente revisar el gasto público y los sueldos y salarios que devengan todos los funcionarios de Gobierno, la mayoría de las veces son sueldos escandalosos, frente a la miseria y pobreza del pueblo.

También es una necesidad que los países desarrollados y los mismos Estados Unidos dejen de fomentar la xenofobia y condenar a los migrantes señalándolos como criminales, lacras sociales. Es muy conveniente que revisen sus políticas migratorias y asuman la propuesta humanista del Papa Francisco en su mensaje del año del 2018, sobre las migraciones, es obligatorio: acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y refugiados.

Rogamos a los países hermanos, por donde van transitando los migrantes hondureños, que se les respeten sus derechos fundamentales y se les ayude, por motivos humanitarios, para que ellos logren desarrollarse como personas.

Agradecemos a los pueblos de Guatemala y México, que han acogido con ejemplar solidaridad a nuestros hermanos atendiendo a los miembros de la Caravana Migrante. Agradecemos también a la Conferencia Episcopal de Guatemala y a la Conferencia del Episcopado Mexicano, en particular modo a nuestros Hermanos Obispos de las Diócesis de Tapachula y de San Cristóbal de las Casas, por su petición a las comunidades cristianas para abrir las puertas de sus casas, ofrecer opciones útiles y velar por el bien de quienes buscan una vida mejor para sus familias. A todos nos preocupa la seguridad y protección de los migrantes, especialmente de las mujeres, los niños y de la tercera edad. ¡En nombre de Dios, muchas gracias!

Igualmente, es justo y oportuno agradecer a tantos hermanos y hermanas que colaboran diariamente en la Pastoral de Movilidad Humana de nuestro país, ofreciendo puntualmente a los migrantes retornados todas las atenciones necesarias de orden médico, psicológico, con rehabilitaciones, prótesis, transporte, etc.; todo esto, sin contar con las atenciones que brindan a la población desplazada por la violencia interna del país.

Los Obispos de Honduras les decimos que cuentan con nuestro apoyo y rogamos a Dios, por intercesión maternal de la Virgen Santísima “Nuestra Señora de Suyapa”, que los proteja en su caminar, los sostenga con su gracia y su amor y les conceda el gozo de ver realizadas todas sus esperanzas.

 

Ciudad de Tegucigalpa. 20 de Octubre de 2018.

 

 

En busca de un sueño

Según cifras de la Pastoral de Movilidad Humana de Honduras, unos 300 hondureños y hondureñas emigran cada día con rumbo al norte, nos hemos ido acostumbrando a escuchar a diario que tal vecino se fue a los Estados, o que la otra no pasó, pero quedó en México, o el de mas allá fue deportado y en unos días mas nos enteramos que se volvió  a ir, son goteras,  silenciosamente parten, regresan y vuelven a partir, llevando ilusiones, esperanzas, sueños de vida mejor (pero en serio), a la vez que cargan con el dolor de dejar su tierra, la incertidumbre, el miedo. Es una realidad que nos duele y en la que poco podemos hacer.

Estos días hemos sido testigos de un éxodo masivo de hondureños y hondureñas que huyen de la  pobreza, la violencia y de la falta de oportunidades que les impiden vivir en condiciones dignas, hemos visto su marcha a través de la tv y las redes sociales,  imágenes que dejaron de ser goteras aisladas, para convertirse en un gran chaparrón, imágenes de un pueblo que camina …un pueblo que busca en esta vida la gran liberación…

Este lunes miles cruzaron la desbordada frontera de Guatemala, luego de pasar horas frente a un puesto fronterizo militarizado, cargando sus escasas pertenencias. Hoy han reanudado la marcha, en medio de amenazas de los gobiernos de origen, tránsito y destino.

Mientras seguimos viendo imágenes desgarradoras de este éxodo, nos solidarizamos con el pueblo que camina por la liberación,  a la vez que expresamos nuestra preocupación por la situación que vive nuestro país y nos sumamos a las voces que exigen un serio abordaje de los conflictos que tienen sumido al país en la miseria y la inseguridad, no se puede tapar el sol con un dedo “El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido.” (Evangelii Gaudium, Nº 226)

 

El Pueblo te hizo Santo

¡Viva Monseñor Romero! Santo de América.  En un ambiente de alegría,  entre rezos y alabanzas,  así despertamos este sábado, al igual que todos los feligreses algunos católicos otros no, pero todo El Salvador se unía para vivir la vigilia en honor de San Romero. Imagen 1En el Santuario Nuestra Señora del Rosario de la Diócesis de Santa Ana,  fuimos partícipes de la vigilia que se llevó a cabo, en donde se realizaron diversas actividades, cantos, temas impartidos por sacerdotes sobre la vida de Monseñor Romero, etc.,  todos estábamos con una enorme dicha por el acontecimiento que sucedería dentro de un par de horas, de igual manera en la capital del país, San Salvador,  en la Catedral Metropolitana se llevó a cabo la vigilia además de una marcha en donde los feligreses,  entre ellos niños, jóvenes, adultos y ancianos llevaban pancartas, banderas, luces, alfombras y algarabías para Monseñor Romero, luego transmitieron en vivo a través de pantallas gigantes la canonización , la imagen 2noche del sábado trascurrió en ambiente festivo.

Dieron las 2:40 de la madrugada,  hora de Centro América, 10:40 de la mañana Roma, cuando el Papa Francisco pronunciaba la canonización  de los nuevos Santos de la Iglesia,  en especial a Monseñor Romero, entonces la felicidad inundó al pueblo que añoraba dicho momento que viene a ser como un analgésico para los tiempos que vivimos, tiempos de violencia y violaciones al derecho de la vida en nuestra amada América especialmente en nuestro querido pulgarcito El Salvador.

 

Reflexionamos que San Romero siempre nos invita a luchar como pueblo leal y convencidos que la unión de los pueblos nos llevará a la liberación de las cadenas que por años ha unido esta América sufrida, hoy tenemos un santo que conoció y vivió las violaciones a los derechos humanos , derechos que se siguen violando en día de hoy de una manera disfrazada.

Hoy pedimos bajo la intercesión de San Oscar Romero que nos ayude a salir adelante con esta sociedad distorsionada, donde perdimos el respeto al prójimo y  que nos de la esperanza de que vendrán buenos tiempos .

Les compartimos la frase que más nos resonaba en nuestro interior “El pueblo te hizo santo”

imagen 3

Un abrazo fraternal desde El Salvador Yessenia Blanco y Joel Andino

San Romero, testigo de Jesús

ROMERO

La Iglesia hoy declara que Monseñor Romero es santo. Pero, el pueblo de Dios lo ha celebrado como mártir y santo desde hace mucho tiempo.

A través de sus homilías, podemos ver el contenido de su trayectoria pastoral y la evolución que ha tenido entre una concepción tradicional del ministerio episcopal hasta su compromiso social progresivamente radical frente a las injusticias de su país. Se siente paso a paso el dolor del pastor, quien descubre el sufrimiento de su pueblo y se identifica con él hasta su muerte. Una profunda emoción invade al lector al descubrir al mismo tiempo los horrores de un sistema económico y político que oprime a los pobres y la acción de un obispo preocupado por conjugar el Evangelio, su filiación a la Iglesia y su identificación a los oprimidos. Se observa a través de una intensa vida espiritual, la conciliación difícil entre estos tres objetivos.

Monseñor Romero nunca perdió confianza en el ser humano que Dios habita.  Semana tras semana denunció torturas, asesinatos y encarcelamientos perpetrados por un ejército al servicio de los ricos deseosos de conservar y aumentar su poder económico, político y cultural. El mismo decía que “El ser humano no se caracteriza por la fuerza bruta, sino por la razón y el amor”.

Monseñor Romero estaba consciente de la existencia del mal y del pecado, y esto le impedía caer en un optimismo beato e ingenuo. Su rechazo de la violencia era el fruto de la convicción profunda de la dignidad del ser humano, aun del que ha cometido un crimen. Esta actitud lo llevó constantemente a querer establecer un diálogo con todos los actores del drama, pero al mismo tiempo era claro y despiadado cuando condenaba la injusticia y la represión. Se entiende por qué la oligarquía lo haya odiado y que la mayoría de sus colegas en el episcopado lo hayan renegado.

Para monseñor Romero es imposible concebir una Iglesia abstracta y reivindicar la unidad artificial de la institución, puesto que en su seno existen verdaderas contradicciones. Para él, la fidelidad a la Iglesia de Jesucristo exige la verdad.

Como pastor acompañó al pueblo salvadoreño recordándole constantemente que el amor al prójimo debe prevalecer sobre los intereses de los más fuertes y que la esperanza debe inspirar los momentos más oscuros de la existencia

La persona de monseñor Romero refleja la de Jesucristo mismo en nuestra época. Como Él, Mons. Romero ejecutado porque sus prédicas y práctica recordaban los valores del reino de Dios oponiéndose a los poderes temporales: colonial y local, político y económico, social y religioso. Los separan dos mil años, pero los une el mismo espíritu.

Lea el Artículo completo en:

http://www.cubadebate.cu/opinion/2015/05/17/el-mensaje-de-monsenor-oscar-arnulfo-romero/#.W8IC9GhKhPY

El mensaje de monseñor Óscar Arnulfo Romero: Autor: François Houtart

 

SAN ROMERO DE AMÉRICA, PASTOR Y MÁRTIR NUESTRO,

POEMA DE PEDRO CASALDÁLIGA

El ángel del Señor anunció en la víspera…

El corazón de El Salvador marcaba
24 de marzo y de agonía.
Tú ofrecías el Pan,
el Cuerpo Vivo
-el triturado cuerpo de tu Pueblo;
Su derramada Sangre victoriosa
-¡la sangre campesina de tu Pueblo en masacre
que ha de teñir en vinos de alegría la aurora conjurada!

El ángel del Señor anunció en la víspera,
y el Verbo se hizo muerte, otra vez, en tu muerte;
como se hace muerte, cada día, en la carne desnuda de tu Pueblo.

¡Y se hizo vida nueva
en nuestra vieja Iglesia!

Estamos otra vez en pie de testimonio,
¡San Romero de América, pastor y mártir nuestro!
Romero de la paz casi imposible en esta tierra en guerra.
Romero en flor morada de la esperanza incólume de todo el Continente.
Romero de la Pascua latinoamericana.
Pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa.

Como Jesús, por orden del Imperio.
¡Pobre pastor glorioso,
abandonado
por tus propios hermanos de báculo y de Mesa…!
(Las curias no podían entenderte:
ninguna sinagoga bien montada puede entender a Cristo).

Tu pobrería sí te acompañaba,
en desespero fiel,
pasto y rebaño, a un tiempo, de tu misión profética.
El Pueblo te hizo santo.
La hora de tu Pueblo te consagró en el kairós.
Los pobres te enseñaron a leer el Evangelio.

Como un hermano herido por tanta muerte hermana,
tú sabías llorar, solo, en el Huerto.
Sabías tener miedo, como un hombre en combate.
¡Pero sabías dar a tu palabra, libre, su timbre de campana!

Y supiste beber el doble cáliz del Altar y del Pueblo,
con una sola mano consagrada al servicio.
América Latina ya te ha puesto en su gloria de Bernini
en la espuma-aureola de sus mares,
en el retablo antiguo de los Andes alertos,
en el dosel airado de todas sus florestas,
en la canción de todos sus caminos,
en el calvario nuevo de todas sus prisiones,
de todas sus trincheras,
de todos sus altares…
¡En el ara segura del corazón insomne de sus hijos!

San Romero de América, pastor y mártir nuestro:
¡nadie hará callar tu última homilía!

COMUNICADO Conferencia Episcopal de Honduras


Los Obispos de la Iglesia Católica de Honduras, reunidos en Asamblea ordinaria, queremos compartir con nuestros hermanos y hermanas las reflexiones realizadas durante estos días de oración frecuente, de análisis y discernimiento, con el ánimo de contribuir a la búsqueda de bienestar para toda la población que habita esta CASA COMÚN que es nuestra Patria.

1.- LOS CONFLICTOS AMBIENTALES
En medio de la incertidumbre por el impacto de las lluvias y los huracanes, ambos fenómenos naturales, oramos por aquellos que han perecido y vemos con preocupación la situación de las familias afectadas. Pero lo que mayor dolor nos causa es que esta incertidumbre y sufrimiento se repite año con año, porque lo que agrava el impacto de los fenómenos naturales es la vulnerabilidad en que vivimos, fruto del cambio climático a nivel global, pero también fruto de las malas políticas ambientales que irresponsablemente se siguen aplicando.
Como Iglesia, y junto con muchos sectores de la población que se dedican a la defensa y protección del ambiente, vemos con seria preocupación la proliferación de conflictos ambientales por la explotación irracional de los recursos naturales. Así está sucediendo con empresas mineras en los Municipios de Tocoa (Colón), El Corpus (Choluteca), La Unión (Copán), Socoro de la Peñita , Siguatepeque (Comayagua), El Negrito, Yoro, Victoria (Yoro) en la destrucción sistemática de la Biósfera del Río Plátano (Gracias a Dios), etc.
De esta situación tiene la mayor responsabilidad el modelo económico que privilegia el afán desmedido por la riqueza por encima de la vida de las personas y los pueblos. Nos preocupa esta lógica economicista “que se sostiene en el principio de que toda actividad humana no tiene otra finalidad que la de producir y consumir, fijar un precio y obtener beneficios monetarios; desplazando a un segundo plano el derecho de toda persona a una vida digna basada en la justa distribución de los bienes, materiales y espirituales”, (“Discípulos misioneros custodios de la Casa Común”. Nº 29. Carta Pastoral del CELAM. 25 enero 2018).
Una aplicación malsana y clientelista de la Ley, aunada a un frágil Estado de Derecho, permite que en nuestro País se emitan concesiones mineras e hidroeléctricas, sin el cumplimiento de los pasos que la misma Ley señala; que se entreguen zonas protegidas en parques nacionales; explotaciones sin los registros ambientales correspondientes; manoseo de los permisos otorgados por las Municipalidades; la ausencia de la consulta ciudadana obligatoria para aprobar o desaprobar la explotación de los bienes naturales ubicados en los territorios de las comunidades. Y todo para satisfacer a inversionistas y empresarios sin ética ni conciencia social.
La lucha de las Comunidades afectadas por estas concesiones es una lucha legítima, basada en el derecho humano al AGUA, al AIRE y al SUELO. Cuando las autoridades estatales y las empresas extractivas se dedican a criminalizar a la población y a las entidades ciudadanas que defienden estos derechos; cuando compran el silencio o la falsedad de los medios de comunicación, cuando amenazan y preparan desalojos y detenciones utilizando a las fuerzas del orden en
contra de quienes son víctimas del desorden moral y legal del Estado, lo hacen en nombre de un egoísmo utilitarista y falto de amor a la Patria.
El desarrollo tiene que estar subordinado a criterios éticos. Una ética ecológica implica el abandono de una moral utilitarista e individualista, postula la aceptación del principio del destino universal de los bienes de la creación y promueve la justicia y la solidaridad como valores indispensables para la convivencia.
“De ahí nuestro llamado a los empresarios, inversionistas y gobernantes para que revisen el alcance de las actividades económicas basadas en el extractivismo, de modo que se priorice la sustentabilidad de la vida de los territorios y sus pobladores por encima de cualquier otro interés financiero”, (“Discípulos misioneros custodios de la Casa Común”. Nº 17. Carta Pastoral del CELAM”. 25 enero 2018).
2.- A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS
Para nosotros, la Palabra de Dios es luz que ilumina todas las realidades que vivimos. El peligro está en malinterpretarla a fin de reforzar con ella nuestros intereses egoístas. Las palabras de Gn 1, 28 dirigidas al varón y la mujer “llenen la tierra y sométanla”, no pueden interpretarse como un permiso para explotarla indebidamente. Y las palabras de Gn 2, 15 “Yahvé Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara”, no significan convertir al ser humano en el dueño absoluto, sino para que haga que el mundo progrese, se transforme, avance y siga evolucionando (Cfr. Laudato Si, Nº 67).
Como Conferencia Episcopal de Honduras, queremos acompañar a las comunidades afectadas por la explotación irracional de sus recursos naturales, con la intención de que los conflictos que viven se resuelvan pacíficamente, pero con justicia y respeto a los derechos humanos; que se garantice el derecho de consulta, consentimiento y veto. A la vez, instamos al Estado de Honduras, al Gobierno Central y a los Gobiernos Municipales a que cumplan con el deber de llevar a cabo consultas previas e informadas en condiciones transparentes y con la posibilidad de un diálogo sincero entre las partes en conflicto.
3.- DESARROLLO HUMANO INTEGRAL
Desde hace muchas décadas, la Iglesia Católica está empeñada en un desarrollo que sea integral: compatible con el ambiente en lugar de degradarlo; sostenible y, por tanto, que no consuma más recursos naturales de aquellos que la tierra pueda regenerar; con base legal y respetando los Derechos Humanos. “Un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso”, (Laudato Si, Nº 194).
El desarrollo en el que creemos es aquel que permite el paso de condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida más humanas, para todos y cada uno de los seres humanos (Cfr. Populorum Progressio. Nº 20). Esta creación en que vivimos es herencia gratuita que debemos proteger para que siga siendo habitable, tanto para nosotros como para el prójimo que vendrá después de nosotros. “Ya no puede hablarse de desarrollo sostenible sin una solidaridad intergeneracional… No estamos hablando de una actitud opcional, sino de una cuestión básica de justicia, ya que la tierra que recibimos pertenece también a los que vendrán… ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?”, (Laudato Si, Nº 159-160).
4.- DIÁLOGO POLÍTICO
Todo esto, y otros tantos problemas que dificultan la convivencia a nivel nacional, nos obligan a esforzarnos por crear una cultura del diálogo como forma de encuentro y búsqueda de consensos y de acuerdos. Y, precisamente, debemos lamentar en estos días los problemas que han surgido en las mesas del diálogo que se viene realizando a nivel nacional con el apoyo de Naciones Unidas; dichos problemas sólo pueden superarse si la clase política abandona las viejas prácticas de negociaciones interpartidarias que, lejos de ser ejercicio democrático en favor del Honduras, han conducido el diálogo a una fase crítica. El cálculo político y las posturas personales de los líderes jugando al pactismo está boicoteando cualquier intento de impulsar reformas profundas y permanentes en el Estado de Honduras como fruto de un diálogo más amplio, maduro, inteligente, transparente e inclusivo.
A la clase política queremos recordarle la reflexión del Papa Francisco: “El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada. Cuando nos detenemos en la coyuntura conflictiva, perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad”, (Evangelii Gaudium, Nº 226). Por eso el Papa afirma el principio de que “la unidad es superior al conflicto”, (Evangelii Gaudium Nº 228).
5.- NUESTRA ESPERANZA: COMPROMISO POR HONDURAS
Necesitamos superar individualismos, rivalidades y divisiones para dedicarnos a la búsqueda de respuestas profundas que transformen la sociedad, aspiración colectiva que queda expresada en la firma del diálogo: “Compromiso por Honduras, reconciliación y transformación”. Porque es necesario establecer de una vez por todas un sistema democrático fuerte, pluralista, que construya un sistema social justo y equitativo.
No dejamos de reconocer algunos avances en materia de justicia, lucha contra la corrupción y la impunidad que se han logrado en los últimos meses; las acusaciones a figuras del ámbito de la política y la economía que antes eran intocables ayudan a recuperar la confianza en las instituciones. Y este es el camino que el Gobierno debe seguir: restablecer la justicia, el derecho, la legalidad y la paz.
Nuestra palabra de aliento para el Ministerio Público, el Consejo Nacional Anticorrupción, la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad por sus aportes en el establecimiento de la justicia en Honduras.
No queremos terminar este Comunicado sin invocar la protección maternal de Nuestra Madre la Virgen de Suyapa y acudir a un modelo que puede motivarnos: el ejemplo de San Francisco de Asís, cuya fiesta recientemente hemos celebrado, como la opción por una ecología integral vivida con alegría y autenticidad. “En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior”, (Laudato Si, Nº 10).

Ciudad de Tegucigalpa. 11 de Octubre de 2018.
CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS

Testigos alegres de la Buena Noticia

En su ponencia del pasado 11 de julio,  Mons. Guido Charbonneau destacó la actitud y el tono profético del misionero que vive la alegría del Evangelio.

“En nuestro mundo lleno de malas noticias, el anuncio del Evangelio es el anuncio gozoso de la muerte y resurrección de Jesucristo. Es también fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree”, explicó.

Señaló que la alegría de los cristianos encuentra su razón de ser en la certeza de que “no estamos solos y tenemos dentro de nosotros un tesoro que es Jesús, quien viene a darnos vida y en abundancia”.

Monseñor Guido  indicó que esta alegría está hecha para comunicarla, transmitirla, reflejarla e irradiarla con las personas, “por nuestro testimonio de vida, por nuestro silencio de acompañamiento o por nuestra palabras, por las distintas situaciones que vivimos”.

“Comuniquemos esta alegría del Evangelio a todos los que nos rodean, nuestras familias, amigos, a nuestro pueblo que necesita más y más de este amor de Cristo”, exhortó Mons. Charbonneau.