LA NECESIDAD DE NUEVAS ALIANZAS

primero de mayoQueremos compartir con ustedes un artículo publicado por Radio Progreso con ocasión del primero de mayo. Nos parece importante reflexionar porque no podemos seguir añorando y celebrar las luchas pasadas sin perspectivas. Buena lectura!

El equipo de redacción

La realidad es mucho más profunda que la que aparenta el primero de mayo. La realidad es mucho más que las consignas y una caminata festiva en las calles. El sindicalismo se ha reducido a muy pocas organizaciones con dirigencias burocratizadas y en pleno contubernio con la patronal. No sólo se ha debilitado por los giros que ha dado el capital y sus empresas, sino que sus dirigentes se han quedado estancados en un discurso trasnochado, con consignas vacías, con acuerdos entre cúpulas y muy alejadas de sus bases, y más alejadas todavía de las realidades de explotación tan diversas en estos tiempos complejos del siglo veintiuno.

De igual manera, en estos años que corren del presente siglo, han surgido nuevas fuerzas de trabajadores y trabajadoras que han roto con el molde tradicional de clase obrera salarial y que tiene como contrapartida un patrón que lo explota. Hoy la gente trabajadora se ha diversificado y la patronal se ha difuminado en ese extenso y complejo mundo de la economía informal y subterránea.

Han surgido en estos tiempos nuevas fuerzas y nuevos escenarios de lucha, que demandan una lectura actualizada, vigorosa y creativa por parte de los sectores académicos, intelectuales y políticos para saber interpretar las nuevas y profundas explotaciones, los rasgos que adquiere en la actualidad la clase trabajadora y las instancias organizativas que se han de impulsar para que expresen las nuevas realidades y demandas de los sectores explotados.

En el pasado se habló de la alianza obrero campesina, ¿qué es esa alianza que hemos de impulsar como prioritaria? ¿Acaso no se pueden ensayar e impulsar nuevas alianzas, por ejemplo entre obreras y pobladores, entre juventudes estudiantiles con juventudes de barrios y colonias marginales? ¿No habría que pensar en alianzas entre organizaciones sociales campesinas e indígenas con organizaciones de migrantes en el exterior? ¿No es necesario pensar en alianzas entre las organizaciones de mujeres de diversos sectores urbanos, campesinos, indígenas?

No hay duda entonces que la clase trabajadora tiene que redefinir su identidad en nuestro tiempo. Ya dejó de ser la clase obrera tradicional con sus aliados naturales los campesinos. Hoy se tiene que definir la nueva alianza popular y trabajadora, que hemos de construirla a partir de los migrantes, los trabajadores informales, los pobladores, las trabajadoras de la maquila y los campesinos pobres. Estos sectores sociales son los llamados a constituirse en los actores de la alianza popular y política para la lucha por las transformaciones sociales, económicas y políticas. En la capacidad de lograr esta nueva alianza y en la capacidad de articular un proyecto de país se definirá el futuro del país que soñamos y queremos.

 

“La justicia y la paz se besan”

r.p

El encabezado del comentario de hoy está tomado de uno de los salmos de la Biblia, el 85 versículo 11. Y lo hemos tomado del comunicado-pronunciamiento que ha hecho la Pastoral Social – Cáritas de Honduras a propósito de la problemática socio-política que vive el país. Es una de las instituciones que, aunque provenga del ámbito religioso, quiere hacerse presente, decir su palabra y que su planteamiento tenga incidencia para que haya un cambio de la tan deteriorada institucionalidad que tenemos. El mismo subtítulo es indicativo de esta toma de posición: “un nuevo sistema de justicia es una necesidad impostergable”.

Comienza describiendo la realidad con bastante realismo: “en este nuevo año el pueblo hondureño espera una elección trasparente de la próxima Corte Suprema de Justicia para evitar que se erosione aún más la credibilidad del estado y del sistema democrático. Es impostergable despolitizar el poder judicial y frenar el tráfico de influencias económicas para lograr su total independencia, establecer los procedimientos adecuados para la pronta aplicación equitativa de las distintas leyes, recuperar los valores morales, especialmente el amor a la verdad”.

Y prosigue diciendo que “en Honduras va prevaleciendo un clima de desconfianza, dudas y escepticismo ante la posibilidad de enderezar el rumbo del país. El pesimismo se ha apoderado de la mayoría de la población, poniendo en tela de juicio la capacidad institucional para dar salida creíble a los grandes problemas como la violencia, la impunidad y el combate a la corrupción, narcotráfico y qué no decir de la pobreza y de otros males ancestrales. La justicia es tarea primordial de la política. El orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política. Un estado que no se rigiera según la justicia se reduciría a una gran banda de ladrones, dijo en una ocasión San Agustín”.

Ante esta falta de legitimidad de las instituciones, especialmente del poder Judicial, que elegirá nuevos magistrados la próxima semana, “es una imperiosa tarea recuperar la credibilidad, tanto a nivel nacional como internacional, mediante la correcta, transparente y ágil aplicación de la justicia”. Y en unión con el “pensar y sentir” de la sociedad civil propone los siguientes puntos.

1.- Fortalecer el sistema democrático mediante la separación de poderes, el respeto a la Constitución y los valores democráticos y la promoción de los derechos humanos como guía para la ciudadanía y gobernantes.

2.- Lograr la autonomía e independencia del Poder Judicial de cualquier partido o grupo de poder asegurando la elección transparente de los nuevos magistrados.

3.- Recuperar la confianza en el Poder Judicial, la credibilidad de sus funcionarios jurisdiccionales quienes deben empeñarse en hacer prevalecer la justicia sobre todos los ciudadanos, eliminando la impunidad que cobija a personas corruptas sin distinción social o política.

4.- Promover el profesionalismo y la ética de los operadores de justicia.

5.- Fortalecer los procesos de transparencia y rendición de cuentas mediante el debate ciudadano sobre todo para la reforma o derogación de la ley de Secretos Oficiales y la solución a los problemas del sistema judicial.

Y concluye diciéndonos que “hagamos posible la despartidización de la Corte Suprema de Justicia, la recuperación del imperio de la ley y la vigencia de los valores éticos en el ejercicio de la justicia. Cambiemos la historia de la justicia en Honduras”.

Hacemos nuestro, compartimos y nos alegramos por el comunicado y su contenido. Además es altamente positivo que instancias, grupos, comunidades o instituciones religiosas se distancien críticamente del “totalitarismo político reinante” que no solamente quiere dominar a la sociedad entera sino también a las iglesias y creyentes de todas las confesiones que se niegan rotundamente a identificar el Reino de Dios con el proyecto socio-político gobernante.

Radio Progreso y el ERIC.

Usar el nombre de Dios

r.p

La manera más eficaz de ocultar la ausencia de Dios en nuestras vidas, es poner su nombre como reparo para justificar todo lo que hacemos o lo que vamos a hacer. El nombre de Dios es lo más manipulable que hay en nuestro tiempo, y para ciertos grupos es el nombre más eficaz para hacer negocio. En varios círculos se jura en nombre de Dios para que unos cuantos líderes religiosos vivan como faraones, como nos recuerda en estos días el papa Francisco.

Esto hace recordar lo que dice el Evangelio, cuando Jesús advierte a sus discípulos que no deben jurar en vano, ni por Dios, ni por la Biblia, ni por el templo ni por nada sagrado. Con ello Jesús relativiza y le quita valor a la sacralización en la que se sustentaban las autoridades religiosas de su tiempo, las cuales basaban en Dios y en la religión todo su poder, su dinero y sus privilegios.

En nuestros ambientes religiosos o eclesiásticos hay dos palabras que solemos usarlas con frecuencia. El nombre de Dios y el nombre de los pobres. Hay algunas autoridades religiosas que son especialmente amigas de gentes muy ricas. Y las defienden. Sin embargo, nunca dejan de hablar en nombre de los pobres. Usan esos nombres en vano, porque a Dios se le usa para rituales y liturgias que dan legitimidad a sus prácticas insolidarias, y a los pobres se les usa para prácticas de beneficencia para aparecer como personas generosas. Hacen obras caritativas a los pobres pero nunca defienden sus derechos y sus luchas ante la gente más rica.

El nombre de Dios se usa para todo en sociedades con tanto ateísmo práctico como el de las élites nuestras. Se usa para dar legitimidad divina a los gobiernos y se usa para calmar a los pobres con unas esperanzas eclesiales que en la realidad terrena se les niega. Algunos países ponen el nombre de Dios en su dinero, al tiempo que existen líderes religiosos que llegan al extremo de bendecir bancos y negocios oscuros. Los diputados nuestros invocan el nombre de Dios para sellar la aprobación de leyes injustas y hasta lo usaron cuando años atrás sellaron un golpe de Estado.

Jesús advierte a cada uno de sus seguidores que no se puede jugar con el nombre de Dios cuando las motivaciones de fondo son de insolidaridad. Mucha gente que dice creer en Dios y que expresa una piedad externa, con sus hechos de injusticia, corrupción e impunidad está mostrando su idolatría y su ateísmo práctico. Usar el nombre de Dios para sostener privilegios y usar el sagrado nombre de los pobres para sacar ventajas personales o de grupo, es una idolatría. Ningún privilegio, poder y dinero se pueden justificar en nombre de Dios. Con Dios no podemos jugar sin caer en idolatrías que nos deshumanizan y destruyen.

Solo con el testimonio de vida sencilla, entregada en defensa de la gente oprimida podemos ser llamados hombres y mujeres seguidores de Jesucristo. El compromiso desde el mundo de los pobres, en la defensa de sus derechos ante quienes se los aplastan, es el lugar y el modo privilegiado para amar a toda la sociedad y para evitar la manipulación del nombre de Dios.

Radio Progreso y el ERIC.

Demandas populares

r.pHonduras está viviendo uno de los capítulos más difícil de su historia política. Cuenta con un gobierno cuyo presidente ha demostrado una y otra vez, que no entiende de amistades, de aliados, de colegas, cuando se trata de defender sus intereses personales. Pero lo que es peor, se somete a las líneas dictatoriales de los Estados Unidos a tal grado de solo obedecer los mandatos y cumplir al pie de la letra sin derecho al pataleo. Y la situación es tan grave que tampoco manejan información de primera mano de todo lo que está acontecimiento por ejemplo en el caso Rosenthal.

Mientras eso pasa y nos mantienen muy entretenidos con el Seguro Social y el caso Rosenthal más los temas de extradiciones de narcos, curiosamente temas que en un gobierno normal no saldrían sino por satisfacer los intereses norteamericanos, la población se está muriendo de hambre. No hay empleo, no hay salud y la educación es cada vez más deficiente y excluyente.

Frente a este panorama, el gobierno ofrece el circo pero se olvida del pan. La gente está desesperada. Y la expresión de ese descontento se puede contar desde la ruta de los migrantes. Basta con hablar con los que van en el camino. Muchos se van en busca de un trabajo pero hay hombres y mujeres, niños y niñas, familias completas que se van huyendo de la violencia, y frente a esas realidades hay un silencio gubernamental que prefiere entretener al país con noticias que generan un gran impacto mediático, pero los problemas y las demandas populares no sólo se mantienen intactas sino que llevan a una tendencia de agudizarse.

Hay otros sectores que llaman al país a la reconciliación nacional, pero todos lo entienden de distintas maneras. Es cierto que la reconciliación nacional es una tarea pendiente. Pero debemos ser claros que los disgustos de la población hondureña hacia el sistema político y la forma de como se ha gobernado al país no vienen del Golpe de Estado. Fue con el rompimiento constitucional que se agudizó ese rechazo, por lo tanto la reconciliación nacional es una tarea que desde hace varios años se viene arrastrando en el país.

Y los sondeos de opinión pública del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación, ERIC, ratifican que hay una creciente desconfianza ciudadana en las instituciones del Estado y particularmente en los partidos políticos tradicionales. Además, la opinión de la gente es clara, la población pide más trabajo, salarios dignos, menos violencia, menos delincuencia y más seguridad en las calles de los barrios, colonias, aldeas y caseríos. Pero por ahora lo único que tenemos es un presidente desconocido que no se ha sabido ganar el respeto de la gente, surgido de elecciones cuestionadas.

Para lograr que se cumplan las demandas populares se necesita la unidad de todos y todas, una unidad que nazca desde abajo, desde lo territorial y no desde arriba, desde las cúpulas. Y desde allí definir un plan serio que cambie el rumbo del país privilegiando la búsqueda de la paz y la justicia social.

Radio Progreso y el ERIC

Luchar contra la violencia

 r.p

Titulares como “asesinan a tres jóvenes”, “jóvenes pierden la vida violentamente”, “menor pierde la vida en manos de delincuentes”, los leemos, vemos y oímos a diario en nuestro país. Éstas son solo consecuencias del mal rumbo por el que han estado llevando a Honduras quienes han estado en frente del país, antes y en el presente.

El ambiente que se respira en los barrios y colonias es tenso porque vivimos sumergidos en una realidad violenta que de a poco nos ha ido robando la tranquilidad, y el miedo nos hace que hagamos de nuestros hogares pequeñas cárceles.

Honduras registra 3.7 millones de habitantes menores de 18 años, es decir, son niños, niñas y adolescentes, muchos de ellos en riesgo social tomando en cuenta que viven en un país de desigualdades dónde la brecha entre los ricos y los pobres se agranda cada vez más con un sistema político atrapado en la corrupción y la violencia, y que se lleva de encuentro a la niñez y la familia.

La realidad de la niñez en Honduras es cruel y alarmante. Según Casa Alianza Honduras, un millón de niños y niñas no van a la escuela, son excluidos, medio millón son explotados laboralmente, 24 de cada 100 adolescentes salen embarazadas en contra de su voluntad, son niñas entre 15 y 19 años de edad. Cada noche duermen 8 mil niños y niñas en las calles, y otros miles se han ido este año fuera del país.

Según Casa Alianza, y va en sintonía con los resultados de los sondeos de opinión que cada año realiza el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación, Eric de la Compañía de Jesús, el fenómeno de violencia ha aumentado su incidencia en Honduras hasta el grado de convertirse en un problema de primer orden a la par de la pobreza, la corrupción, el desempleo y la conflictividad política.

Pero también la violencia contra la niñez y la juventud se ve reflejada en la prevalencia y agudización de grandes problemas, como el maltrato infantil, la trata de niños y niñas con fines de explotación sexual comercial, y el incremento de ejecuciones y muertes violentas de niños, niñas y jóvenes que generalmente se quedan en la impunidad.

Honduras es el país de la zozobra, la sospecha y el miedo. Y esto no es vida. Necesitamos romper con esa lógica para abrirnos a una nueva oportunidad. Necesitamos cambiar nuestros hábitos como evitar alimentar el interés por la violencia en el espacio doméstico. Una familia que alienta a sus niños a jugar con armas de juguete, es una familia que alimenta la violencia y la amenaza. Necesitamos, además, que en el país se generen políticas públicas que tengan en el centro de atención a nuestras niñas, niños y jóvenes que merecen un presente y un futuro con muchas oportunidades de desarrollo donde su vida no le sea arrebata por la violencia.

Radio Progreso y el ERIC

Hablemos también de la riqueza extrema

r.p¿Es ético que existan ultramillonarios exitosos en sociedades completamente fracasadas como en Honduras?

Es tan escandaloso que haya decenas de miles de niñas y niños que salen todos los días a rebuscarse en las calles, y por eso mismo, sin oportunidad para estudiar, como que en el mismo territorio existan unas cuantas personas que tienen individualmente fortunas que están muy por encima de los cien millones de dólares. ¿Es esto normal? ¿Esto ocurre por la suerte de unos y la mala suerte de otros, o porque Dios bendice a unas personas y maldice a millones de gente?

Leyendas y mitos aparte. Lo que hay en esto es una sociedad que la hemos organizado sobre relaciones de inequidad, creadas y sostenidas por los que tienen poder y dinero. La extrema riqueza y la extrema pobreza son dos polos de un sistema estructuralmente injusto. Son polos que nunca se juntan, se repelan, se confrontan y uno existe en contraposición al otro, uno no puede existir sin ser corresponsable del otro. Es imposible que exista una extrema pobreza sin tener como contrapartida una extrema riqueza. En Honduras hay personas que ganan sesenta lempiras diarios mientras otras ganan 960 mil lempiras en el mismo día.

¿Por qué si nos preocupamos en reducir la extrema pobreza y destinar fondos para mejorar la calidad de vida de la gente más empobrecida, no nos preocupamos y tomamos decisiones para reducir drásticamente la extrema riqueza? Hay personas, incluso de muy buena voluntad, que dedican esfuerzos y recursos –incluso con apoyo de los supermillonarios– para ayudar a gente que está en la extrema pobreza.

¿Qué será más efectivo? ¿Los programas para reducir la extrema pobreza o tomar decisiones para parar realmente la extrema riqueza? ¿O no será mejor hacernos la pregunta de cómo tocar las raíces del sistema productor de extremos? La polarización profunda no es ni la política ni la ideológica. La polarización de fondo es la que existe entre los ultramillonarios y los millones de empobrecidos. Esta polarización es la productora de escándalos y angustias cuyos lamentos suben hasta el cielo, y encararla a fondo es la máxima obligación ética, política y cristiana, si es que queremos vivir sin la violencia, la corrupción, la impunidad, la indignación y los odios que, con sobrada razón, pero sin faltar la dosis de hipocresía, preocupa en extremo a los moralistas, piadosos y personajes públicos de nuestro tiempo.

Radio Progreso y el ERIC

Hablemos de armas

r.pEn el mes de octubre, desde el oficialismo, se hace honor a las fuerzas del orden público, llámese policías, soldado, Fuerzas Armadas. Por eso hablemos de armas. En los últimos 5 años Honduras ha estado entre los países más violentos del mundo, ha tenido, según instancias internacionales, dos de sus principales ciudades como las más violentas del planeta. Los propios datos de la Secretaría de Seguridad para el 2014 se registraban 16 muertes diarias. Cifra que sigue siendo una de las más altas del mundo.

En el país se estima cerca de un millón de armas en manos de hondureños y hondureñas, esto para un país como el nuestro es tener la vida “bala en boca”. El 95 por ciento de los crímenes en Honduras se cometen con armas de fuego.

La ley permite que una persona tenga la posibilidad de registrar hasta cinco armas, ¿por qué razón pasa esto?, ¿estamos asintiendo que debemos hacer culto al armamentismo? Imaginemos que en una casa hay cinco personas que pueden registrar cinco armas, allí ya tenemos un arsenal de 25 armas de fuego.

Ante todo este panorama nos preguntamos: ¿Quiénes son los grandes beneficiarios en el negocio de armas?, ¿por qué Honduras no ha firmado el tratado internacional de armas?, ¿qué se habla en el legislativo hondureño alrededor del tema?

En el hospital Escuela Universitario se atienden al año 2,800 personas heridas por armas de fuego. Según una investigación realizada en el mismo hospital el costo diario de atención de un paciente herido por arma de fuego es de casi 11 mil Lempiras.

¿Cuánto es el costo del sistema IBIS, qué pasó con el equipo de marcaje de armas donado por la OEA al gobierno de Honduras, qué juego hubo con el Grupo Visión que llevaba el registro de armas en el país?

¿Qué pasó con los más de 8 millones de dólares donados por Eurojusticia para apoyar los sistemas estadísticos en el país?

Existen muchas preguntas a las que les faltan respuestas. Sin duda alguna, debe existir un claro control y registro de las armas, pero además una reglamentación para el control de las municiones.

Desgraciadamente, como dijo el poeta Heliodoro Valle, “la historia de Honduras se puede escribir en una lágrima”, ojalá esa misma historia ya no la sigamos escribiendo al filo del cañón de una arma.

Radio Progreso y el ERIC

La verdadera crisis económica

r.pLa situación difícil de las finanzas del Estado pusieron de rodillas al país frente a organismo financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional, que en su reciente visita al país, se fue contento porque las cifras macroeconómicos están sanas contrastando con la dura realidad que enfrentan las familias pobres de Honduras que sobreviven en una economía en constante crisis. Los golpes de las malas decisiones surten su efecto en la economía familiar.

Nadie entiende cómo es posible que el gobierno celebre dichos resultados apretándoles las tuercas a los más pobres que son los que al final de cuentas pagan más impuestos. Se entiende que si el gobierno goza de la confianza del Fondo Monetario Internacional puede tocar las puertas de los financiadores internacionales y adquirir más deudas con el fin de dar un respiro económico a esta tan agobiada economía del país.

Pero lo frustrante de todo es que dichos fondos son mal utilizados. Veamos cómo eso se expresa en la apuesta del gobierno de Juan Orlando Hernández analizadas desde el borrador de presupuesto para el ejercicio fiscal 2016 que ya entregó al Congreso Nacional.

La apuesta es clara: seguir con los procesos de militarización de la sociedad hondureña. Los primeros análisis señalan que se reporta un raquítico aumento de un 11% y un 9%, para Salud y Educación respectivamente frente a un desproporcionado aumento del 58% para gastos en defensa y seguridad.

Hay que destacar que la partida que más fondos se lleva en esta propuesta de presupuesto es la destinada al pago del servicio de la deuda que supera los 32 mil millones de lempiras. La deuda interna y externa del país cada vez van en aumento. Ya suman 80 mil millones de lempiras. Como bien lo señalaba un analista esta semana, la población está endeudada, cada hondureño y hondureña incluidos los niños y las niñas que están por nacer, traen ya una deuda que supera los 23 mil lempiras.

Hasta que el presupuesto deje de verse como un mecanismo meramente político y se vea como un camino al desarrollo y bienestar para la población, no habrá verdaderas apuestas que busquen una mejor calidad de vida para la ciudadanía.

Radio Progreso y el ERIC

Sobre odios e indignaciones

r.p

Existen sectores que con mucha fuerza se atreven asegurar que la sociedad hondureña carga un odio que es necesario arrancar para poder enrumbar el país. Muchos otros tienen la claridad de afirmar que el sentimiento es de indignación. Hablemos de esas cosas que se están diciendo estos días.

Las cosas como las vemos: mucha gente carga con una indignación acumulada por décadas. Hace muchos años hubo familias que vieron desaparecer a sus familiares como parte de una política de Estado. Siguen esperando justicia, y nadie les ha dado respuesta. Esas mismas familias, y muchísimas más, han visto y vivido muchas otras violaciones y arbitrariedades, y nada parece indicar que haya cambio en quienes toman las decisiones desde las instituciones del Estado. ¿Es odio reclamar justicia en un país donde los mismos de siempre deciden para beneficio de ellos mismos, a espaldas y en contra de muchísima gente a la que le dicen que todos somos iguales ante la ley?

Muchísima gente se hartó de ver a políticos abusando del poder, y prometiendo las mismas cosas, mientras la riqueza se va concentrando en menos personas, se privatizan los servicios públicos, incluyendo los bienes naturales comunes como el agua, los bosques y las playas. La gente se ha cansado de que nadie la defienda, o de que las voces que debían defenderlas, bendicen a los grandes ricos, bendicen a los gobernantes al tiempo que califican de odio los reclamos que se expresan en las calles. ¿Quiénes son los que verdaderamente odian? ¿Los que reclaman justicia y exigen castigo a quienes saquean las instituciones del Estado o privatizan los servicios públicos o dejan en harapos y desabastecidos los hospitales? ¿O los que se toman el Estado en nombre de la democracia para hacer negocios, se roban los bienes que son de todos y al mismo tiempo dan limosnas y realizan actos filantrópicos para parecer que son bienhechores?

Si hay odio en la sociedad hondureña, ¿quiénes son los verdaderos promotores? ¿Los que salen indignados a las calles ante la cínica acción de una mafia que mientras roba y protege corruptos hace publicidad que estamos en una vida mejor? ¿O los que son indiferentes ante lo que ocurre, o que sabiendo que hay corrupción prefieren mantener la amistad con los ricos, bendiciendo sus fechorías o se callan por prudencia?

Mucha gente se hartó de la práctica corrupta y cínica de los políticos y de quienes los protegen. Hay un nudo de indignación en la garganta y en el corazón de mucha gente sencilla y honrada de diversos sectores de la sociedad. Es una indignación con propuesta, no es solo resentimiento. Pide justicia, que venga la CICI-H, que se vayan los fiscales, que vayan a la cárcel todos los que robaron el Seguro Social. Esa indignación es sana. Lo que no es sano es el silencio oficial y la indiferencia de quienes protegen la oficialidad. Ese es un odio silencioso, hipócrita. Es un odio que se vende como honorabilidad, como moralidad e incluso como piedad. Cuanto más odio se tiene, más se disimula con frases y expresiones que hasta parecen celestiales.

La indignación es un derecho que tiene la gente, no solo de sentir, sino de expresar y canalizar en las calles.

La mayor arma de la protesta indignada siempre será la lucha pacífica, y no se debe caer nunca en la tentación de la violencia, ni de justificar actos violentos. Esa lucha pacífica desarma a la mente y las acciones de los violentos. Y tiene la hermosa capacidad de contrarrestar, tanto el odio de los pudientes y corruptos como el odio fariseo de quienes los protegen, porque la indignación que nace de la injusticia y de la solidaridad con las víctimas, siempre llevará una fuerte carga de amor, porque es una indignación esperanzada.

Radio Progreso y el ERIC .