Oscar Romero, el Santo de América

De Francisco de Ferari

Hoy el Papa Francisco firmó el decreto que canoniza a Oscar Romero a finales de octubre. Si bien el pueblo sencillo ya lo había declarado santo desde antes de que lo asesinaran, esta es una noticia muy importante para los pobres y excluídos de América Latina (y del mundo entero). Es el reconocimiento institucional a aquella iglesia comprometida en la promoción y defensa del pueblo, una “iglesia pobre y para los pobres”, aquella que nos anima a organizarnos y nos inyecta terca esperanza.

Les comparto este precioso poema de Dom Pedro Casaldáliga:

Romero de la Pascua Latinoamericana
(Pedro Casaldáliga)

El ángel del Señor anunció en la víspera…

El corazón de El Salvador marcaba
24 de marzo y de agonía.
Tú ofrecías el Pan,
el Cuerpo Vivo
-el triturado cuerpo de tu Pueblo;
Su derramada Sangre victoriosa
-¡la sangre campesina de tu Pueblo en masacre
que ha de teñir en vinos de alegría la aurora conjurada!

El ángel del Señor anunció en la víspera,
y el Verbo se hizo muerte, otra vez, en tu muerte;
como se hace muerte, cada día, en la carne desnuda de tu Pueblo.

¡Y se hizo vida nueva
en nuestra vieja Iglesia!

Estamos otra vez en pie de testimonio,
¡San Romero de América, pastor y mártir nuestro!
Romero de la paz casi imposible en esta tierra en guerra.
Romero en flor morada de la esperanza incólume de todo el Continente.
Romero de la Pascua latinoamericana.
Pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa.

Como Jesús, por orden del Imperio.
¡Pobre pastor glorioso,
abandonado
por tus propios hermanos de báculo y de Mesa…!
(Las curias no podían entenderte:
ninguna sinagoga bien montada puede entender a Cristo).

Tu pobrería sí te acompañaba,
en desespero fiel,
pasto y rebaño, a un tiempo, de tu misión profética.
El Pueblo te hizo santo.
La hora de tu Pueblo te consagró en el kairós.
Los pobres te enseñaron a leer el Evangelio.

Como un hermano herido por tanta muerte hermana,
tú sabías llorar, solo, en el Huerto.
Sabías tener miedo, como un hombre en combate.
¡Pero sabías dar a tu palabra, libre, su timbre de campana!

Y supiste beber el doble cáliz del Altar y del Pueblo,
con una sola mano consagrada al servicio.
América Latina ya te ha puesto en su gloria de Bernini
en la espuma-aureola de sus mares,
en el retablo antiguo de los Andes alertos,
en el dosel airado de todas sus florestas,
en la canción de todos sus caminos,
en el calvario nuevo de todas sus prisiones,
de todas sus trincheras,
de todos sus altares…
¡En el ara segura del corazón insomne de sus hijos!

San Romero de América, pastor y mártir nuestro:
¡nadie hará callar tu última homilía!

1°Domingo de Adviento. 

Iniciamos este período de Adviento en este momento difícil de nuestra historia. La Palabra de Dios de este domingo nos invita a velar. Hoy más que nunca necesitamos estar vigilando. No podemos vivir como si no pasara nada o hacer como el avestruz que ante un problema pone la cabeza bajo la arena. Preparándonos a la Navidad, hay que despertar a una esperanza viva y ella se manifiesta como indignación moral ante el abuso de poder, la violencia institucional y la mentira erigida en sistema.

“La injusticia me subleva, ciertamente. Y pienso que debería sublevar a todos los hijos de Dios” Pedro Casaldaliga

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Centroamérica Nuestra

CentroamericaHonduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica conmemoran este día su 195 aniversario de independencia, una fecha que revive aquel histórico 15 de septiembre de 1821 que significó la libertad de los pueblos centroamericanos.

Hoy mas que nunca urge reivindicar esta LIBERTAD, Honduras y sus hermanas y hermanos de Centroamérica, debe seguir soñando con hondear la Bandera de la Justicia y la paz que la harán un pueblo libre.

Les compartimos un poema de Pedro Casaldáliga a nuestra Centroamérica.

Un abrazo lleno de esperanza de parte de todos y todas los miembros y asociados-as a la SME a este pueblo que nos ha acogido.

CENTROAMÉRICA NUESTRA

Como un volcán en ti,
la paz de la Justicia.
Bandera de los Pobres,
como un viento de luchas,
la Libertad, en ti.

¡Centroamérica nuestra!,
toda en dolor de parto,
futura como el Reino,
diaria como el llanto.

Maíz de tierra y sangre, madura, la Esperanza.
Amor en cada piedra, tatuada de Historia.
Tortilla compartida, la Pascua verdadera.

¡Eje del Mundo Nuevo,
Centroamérica nuestra!

Calladla, eruditos, fariseos.
Dejadla en paz, los grandes, invasores.
Veladla, de rodillas, los pequeños.
(Dios la tenga en sus manos, día y noche,
como un pájaro en vuelo).

Que nadie aborte el sueño que late en la montaña.
Que nadie apague el fuego que dora de Promesa
las tiendas del exilio.

Que nadie vista el día
desnudamente nuestro
nace de la noche en Centroamérica.

HONDURAS CLANDESTINA

Honduras, dulce Honduras,
calladamente nuestra,  hermana clandestina,  tus hermanas te llaman.
Todas las caracolas,  todas las garzas libres,  todos los muertos fieles  te llaman al abrazo.
(¡Centroamérica unida, Morazán,  «nuestro amor que no muere»!
¡Por amor de tu vida,  Centroamérica nuestra,  no callaremos más  hasta que rompa  la aurora en tu mirada,
hasta que estalle el sol de la Justicia  en mitad de tu pecho!).

Lempira, yergue el duro  pedernal de tu rostro  contra los invasores.
(Los traidores, Lempira, tú lo sabes,  cabalgan en la grupa del imperio).
Sea otra vez consigna  el Peñón de Cerquín.
Convoca en la unidad  a todos los rebeldes.

Sobre tu paz, Honduras,  la orquídea morada  oficia un prolongado Viernes Santo.
La sangre de Pavón y Landaverde  chorrea de tu boca, reciente de martirios.

Chorrea de tu cuerpo  mucha sangre sin nombre,  Honduras desangrada.
(Las malas Compañías  te han desangrado siempre).
Las bases del imperio, como clavos,  hierran tu pobre carne,  Honduras ocupada, Palmerola,
¡corazón ocupado de América Latina!

… Y, sin embargo, Honduras,
limpias bajan tus aguas  como el alma del Pueblo.
Duros, como verdades, perseveran  los guijarros desnudos, en tu cauce.
La niebla, como un código,  protege tus pinares
y el ritmo cauteloso  de tus hijos mejores.
Cimarrones alzados,  montaraces del día,
en las minas de Olancho  los esclavos despiertan
Los mártires de Olancho  vibran al sol sus palmas.
Tercos de rebeldía,  los huesos de Zelaya  levantan su trinchera.
Guadalupe, el testigo,  ha escrito en muchos ojos  sus huellas solidarias.

Llamas de Dios, unidas,  ocotes de la Iglesia,  crecen tus campesinos.
La Palabra germina en sus silencios.

Forjan los sindicatos  los brazos del futuro.
Campesinos y obreros  entrelazan sus pasos,  «taulabés» de la Historia,  «acortando el camino».

Hondureños, hermanos, ¡sed vosotros!
Grabad en cada piedra  de todos vuestros montes y quebradas  esta sola palabra: Dignidad.
Ponte de pie, en la noche,  y urge la madrugada,
Honduras clandestina.
Sean tuyos los montes,  limpios de mercenarios.
Tuyo sea el maíz,  libre de Compañías.
Sea tuya la vida, liberada.

Sobre tu boca, rota  de miseria y de espanto,  el Padre de los pobres  pondrá un guacal de Pascua,  leche y miel de alegría.
Cosecharás cantando  tu siembra de dolores.
No dirán más de ti «la que no es Pueblo».

La Virgen pequeñita de Suyapa  ha recorrido como una paloma  toda la patria herida, y con su vuelo  ha suscitado un aire de promesas.
¡En el Nombre de Dios,  contra todos los dioses,  amanece en tus cerros la esperanza!

Poema del libro ” todavía estas palabras” de Pedro Casaldáliga,hoy tiene  87 años, Obispo Emérito de San Félix de Araguaia,  Brasil. Conocido como el obispo de los pobres, la voz de los indios, los sin tierra y los más pobres de Brasil. Sus palabras trascienden la Amazonia, su mirada viaja por toda la América empobrecida, su lucha es la paz, la justicia y la esperanza, su vida, El evangelio.

“A los que conmigo dicen de rodillas la Palabra,

a cuantos gritan conmigo  -quizá contra los que callan,  siempre contra los que mienten-,

a los que conmigo emplazan  la lenta aurora del Reino, … todavía estas palabras”.

pedro casaldaliga