Sínodo Jóvenes: es esto lo que dice el Documento Final

Tres partes, doce capítulos, ciento sesenta y siete parágrafos y 60 páginas: así se presenta el Documento final de la XV Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, sobre el tema “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. El texto fue aprobado por los dos tercios del Aula, la tarde del 27 de octubre. El Documento ha sido entregado en las manos del Papa, que luego, ha autorizado su publicación
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Es el episodio de los discípulos de Emaús, narrado por el evangelista Lucas, el hilo conductor del Documento Final del Sínodo de los Jóvenes. Leído en el Aula en voces alternas por el Relator General, Card. Sérgio da Rocha, los Secretarios Especiales, Padre Giacomo Costa y Don Rossano Sala, junto con Mons. Bruno Forte, miembro de la Comisión para la Redacción del texto, el Documento es complementario al Instrumentum laboris del Sínodo, del que retoma la división en tres partes. Acogido con aplausos, el texto -dijo el Cardenal da Rocha- es “el resultado de un verdadero trabajo de equipo” de los Padres sinodales, junto con los demás participantes en el Sínodo y “en modo particular con los jóvenes”. El Documento contiene, pues, los 364 modos, es decir, las enmiendas, que se han presentado. “La mayoría de ellos -añadió el Relator General- fueron precisos y constructivos”.

 “Caminaba con ellos”

En primer lugar, pues, el Documento final del Sínodo examina el contexto en el que viven los jóvenes, destacando sus puntos de fuerza y sus desafíos. Todo comienza con una escucha empática que, con humildad, paciencia y disponibilidad, permita dialogar verdaderamente con la juventud, evitando “respuestas pre confeccionadas y recetas ya preparadas”. Los jóvenes, intactos, quieren ser “escuchados, reconocidos, acompañados” y desean que su voz sea “considerada interesante y útil en el campo social y eclesial”. La Iglesia no siempre ha tenido esta actitud, reconoce el Sínodo: a menudo los sacerdotes y los obispos, sobrecargados por muchos compromisos, tienen dificultad  para encontrar tiempo para el servicio de la escucha. De ahí la necesidad de preparar adecuadamente a los laicos, hombres y mujeres, que sean capaces de acompañar a las jóvenes generaciones. Además, ante fenómenos como la globalización y la secularización, los chicos se encaminan hacia un redescubrimiento de Dios y de la espiritualidad, y esto  debe ser un estímulo para que la Iglesia recupere la importancia del dinamismo de la fe.

La escuela y la parroquia

Otra respuesta de la Iglesia a las interpelaciones de los jóvenes proviene del sector educativo: las escuelas, universidades, colegios, oratorios, permiten una formación integral de los chicos, ofreciendo al mismo tiempo un testimonio evangélico de promoción humana. En un mundo donde todo está conectado – familia, trabajo, tecnología, defensa del embrión y del migrante – los obispos definen como irremplazable el papel que desarrollan las escuelas y universidades, en donde los jóvenes transcurren mucho tiempo. En particular, las instituciones educativas católicas están llamadas a afrontar la relación entre la fe y las exigencias del mundo contemporáneo, las diferentes perspectivas antropológicas, los desafíos científicos y técnicos, los cambios en las costumbres sociales y el compromiso por la justicia. La parroquia también tiene su papel: “Iglesia en el territorio”, necesita volver a pensar su vocación misionera, porque a menudo es poco significativa y poco dinámica, especialmente en el ámbito de la catequesis.

Los migrantes, paradigma de nuestro tiempo

El Documento sinodal se detiene luego en el tema de los migrantes, “el paradigma de nuestro tiempo” como fenómeno estructural y no como emergencia transitoria. Muchos migrantes son jóvenes o menores no acompañados que huyen de la guerra, violencias, persecuciones políticas o religiosas, desastres naturales, pobreza, y terminan siendo víctimas del tráfico, de las drogas, abusos psicológicos y físicos. La preocupación de la Iglesia es sobre todo por ellos -dice el Sínodo- en la perspectiva de una auténtica promoción humana que pase a través de la acogida de los refugiados y prófugos, y sea punto de referencia para los muchos jóvenes separados de sus familias de origen. Pero no sólo: los migrantes -recuerda el Documento- son también una oportunidad de enriquecimiento para las comunidades y sociedades a las que llegan y que pueden ser revitalizadas por ellos. Resuenan pues, los verbos sinodales “acoger, proteger, promover, integrar”, indicados por el Papa Francisco para una cultura que supere la desconfianza y los miedos. Los obispos piden también un compromiso mayor en el garantizar a quien no querría migrar, el derecho efectivo de permanecer en su propio país. La atención del Sínodo se dirige también a las Iglesias que son amenazadas, en su existencia, por las migraciones forzadas y las persecuciones sufridas por los fieles.

Compromiso firme contra todo tipo de abuso. Luz en la verdad y pedido de perdón

Luego hay una amplia reflexión sobre los “diferentes tipos de abusos” (de poder, económicos, de conciencia, sexuales) cometidos por algunos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos: en las víctimas –se lee en el texto- causan un sufrimiento que “puede durar toda la vida y que ningún arrepentimiento puede remediar”. De ahí el llamamiento del Sínodo a “un firme compromiso a la adopción de rigurosas medidas de prevención que eviten su repetición, a comenzar de la selección y la formación de aquellos a quienes se les confiarán tareas de responsabilidad y educación”. Por lo tanto, será necesario erradicar aquellas formas -como la corrupción o el clericalismo- en las que se injertan estos tipos de abusos, contrarrestando también la falta de responsabilidad y transparencia con la que se han gestionado muchos casos. Al mismo tiempo, el Sínodo expresa su gratitud a todos aquellos que “tienen el valor de denunciar inmediatamente el mal”, porque ayudan a la Iglesia “a tomar conciencia de lo que ha ocurrido y de la necesidad de reaccionar con decisión”. “La misericordia, de hecho, exige justicia”. No deben olvidarse, sin embargo, los numerosos laicos, sacerdotes, consagrados y obispos que se dedican cada día, con honestidad, al servicio de los jóvenes, quienes pueden ofrecer realmente “una ayuda preciosa” para una “reforma de envergadura histórica” en este ámbito.

La familia “Iglesia doméstica”

Otros temas presentes en el Documento tienen que ver con la familia, principal punto de referencia para los jóvenes, primera comunidad de fe, “Iglesia doméstica”: el Sínodo recuerda, en particular, el papel de los abuelos en la educación religiosa y en la transmisión de la fe, y advierte sobre el debilitamiento de la figura paterna y de los adultos que asumen estilos de vida “juveniles”. Además de la familia,  para los jóvenes cuenta mucho la amistad con sus coetáneos porque les permite compartir su fe y ayudarse mutuamente en su testimonio.

Promoción de la justicia “contra la cultura del descarte”

El Sínodo se detiene seguidamente, en algunas formas de vulnerabilidad de los jóvenes en diversos ámbitos: en el trabajo, donde la desocupación juvenil empobrece a las jóvenes generaciones, socavando su capacidad de soñar; las persecuciones hasta la muerte; la exclusión social por razones religiosas, étnicas o económicas; la discapacidad. Frente a esta “cultura del descarte”, la Iglesia debe hacer un llamamiento a la conversión y a la solidaridad, convirtiéndose en una alternativa concreta a las situaciones de malestar. En el lado opuesto, no faltan en cambio los ámbitos en los que el compromiso de los jóvenes se expresa con originalidad y especificidad: por ejemplo, el voluntariado, la atención a los temas ecológicos, el empeño en política para la construcción del bien común, la promoción de la justicia, para lo cual los jóvenes piden a la Iglesia “un compromiso firme y coherente”.

Arte, música y deporte, “recursos pastorales”

También el mundo del deporte y de la música ofrece a los jóvenes la posibilidad de expresarse lo mejor posible: en el primer caso, la Iglesia les invita a no subestimar las potencialidades educativas, formativas e inclusivas, de la actividad deportiva; en el caso de la música, en cambio, el Sínodo se centra en su ser “un recurso pastoral” que interpela también a una renovación litúrgica, porque los jóvenes tienen el deseo de una “liturgia viva”, auténtica y alegre, un momento de encuentro con Dios y con la comunidad. Los jóvenes aprecian las celebraciones auténticas en las que la belleza de los signos, el cuidado de la predicación y el compromiso comunitario hablen realmente de Dios”: por tanto, se les debe ayudar a descubrir el valor de la adoración eucarística y a comprender que “la liturgia puramente expresión de sí misma, sino una acción de Cristo y de la Iglesia”. Las jóvenes generaciones, además, quieren ser protagonistas de la vida eclesial, aprovechando sus propios talentos, asumiéndose responsabilidades. Sujetos activos de la acción pastoral, ellos son el presente de la Iglesia, deben ser animados a participar en la vida eclesial, y no obstaculizados con autoritarismo. En una Iglesia capaz de dialogar de una manera menos paternalista y más directa, de hecho, los jóvenes saben ser muy activos en la evangelización de sus semejantes, ejerciendo un verdadero apostolado que debe ser apoyado e integrado en la vida de las comunidades.

“Se abrieron los ojos”

Dios habla a la Iglesia y al mundo a través de los jóvenes, que son uno de los “lugares teológicos” en los que el Señor se hace presente. Portadora de una sana inquietud que la hace dinámica – se lee en la segunda parte del Documento – la juventud puede estar “más adelantada que los pastores” y por eso debe ser acogida, respetada, acompañada. Gracias a ella, de hecho, la Iglesia puede renovarse, sacudiéndose de encima “la pesadez y lentitudes”. De ahí el llamado del Sínodo al modelo de “Jesús joven entre los jóvenes” y al testimonio de los santos, entre los cuales hay muchos jóvenes, profetas de cambio.

Misión y vocación

Otra “brújula segura” para la juventud es la misión, don de sí mismo que conduce a una felicidad auténtica y duradera: Jesús, en efecto, no quita la libertad, sino que la libera, porque la verdadera libertad es posible sólo en relación con la verdad y la caridad. Estrechamente ligado al concepto de misión, está el de vocación: cada vida es una vocación en relación con Dios, no es fruto de la casualidad o un bien privado que se gestiona por sí mismo -afirma el Sínodo- y toda vocación bautismal es una llamada a la santidad para todos.  Por eso, cada persona debe vivir su propia vocación específica en cada ámbito: profesión, familia, vida consagrada, ministerio ordenado y diaconado permanente, que representa un “recurso” que debe ser desarrollado plenamente aún.

El acompañamiento

Acompañar es una misión que la Iglesia debe llevar a cabo a nivel personal y de grupo: en un mundo “caracterizado por un pluralismo cada vez más evidente y una disponibilidad de opciones cada vez más amplia”, buscar junto con los jóvenes un recorrido específico para hacer elecciones definitivas es un servicio necesario. Destinatarios son todos los jóvenes: seminaristas, sacerdotes o religiosos en formación, novios y jóvenes esposos. La comunidad eclesial es lugar de relaciones y ámbito en el cual, en la celebración eucarística, uno es tocado, instruido y sanado por el mismo Jesús. El Documento Final destaca la importancia del sacramento de la Reconciliación en la vida de fe y anima a los padres, enseñantes, animadores, sacerdotes y educadores a ayudar a los jóvenes, a través de la Doctrina Social de la Iglesia, a asumir responsabilidades en el campo profesional y socio-político. El desafío en sociedades cada vez más interculturales y multirreligiosas es indicar en la relación con la diversidad, una ocasión de enriquecimiento mutuo y comunión fraterna.

No a moralismos y falsas indulgencias, sí a la corrección fraterna

El Sínodo promueve, por tanto, un acompañamiento integral centrado en la oración y en el trabajo interior que valora también la aportación de la psicología y de la psicoterapia, en cuando están abiertas a la trascendencia. “El celibato por el Reino” – se exhorta – debe ser entendido como “un don que debe ser reconocido y verificado en la libertad, la alegría, la gratuidad y la humildad”, antes de la elección final. Se busque acompañantes de calidad: personas equilibradas, de escucha, fe y oración, que se han medido con sus propias debilidades y fragilidades y que, por ello sean acogedoras “sin moralismos ni falsas indulgencias”, sabiendo corregir fraternalmente, lejos de actitudes posesivas y manipuladoras. “Este profundo respeto – se lee en el texto – será la mejor garantía contra los riesgos de plagio y abusos de cualquier tipo”.

El arte del discernimiento

“La Iglesia es el ambiente para discernir y la conciencia – escriben los Padres sinodales – es el lugar donde se capta el fruto del encuentro y de la comunión con Cristo”: el discernimiento, a través de “una confrontación regular con un guía espiritual”, se presenta, por tanto, como un trabajo sincero de conciencia, “sólo puede entenderse como una auténtica forma de oración” y “requiere el valor de comprometerse en la lucha espiritual”. La prueba de las decisiones tomadas es la vida fraterna y el servicio a los pobres. De hecho, los jóvenes son sensibles a la dimensión de la diaconía.

“Se fueron sin demora”

María Magdalena, primera discípula misionera, sanada de sus heridas, testigo de la Resurrección, es el icono de una Iglesia joven. Los esfuerzos y la fragilidad de los jóvenes “nos ayudan a ser mejores, sus preguntas – se lee – nos desafían, las críticas son necesarias porque muchas veces a través de ellas la voz del Señor nos pide conversión y renovación”. Todos los jóvenes, incluso aquellos con diferentes visiones de vida, sin excepción, están en el corazón de Dios. Los Padres subrayan el dinamismo constitutivo de la sinodalidad, es decir, caminar juntos: el final de la Asamblea y el documento final son sólo una etapa, porque las condiciones concretas y las necesidades urgentes son diferentes entre países y continentes. De ahí la invitación a las Conferencias Episcopales y a las Iglesias particulares a continuar el proceso de discernimiento con el fin de desarrollar soluciones pastorales específicas.

Sinodalidad, estilo misionero

“La sinodalidad” es un estilo de misión que nos anima a pasar del yo al nosotros y a considerar la multiplicidad de rostros, sensibilidades, proveniencias y culturas. En este horizonte hay que valorar los carismas que el Espíritu dona a todos, evitando el clericalismo que excluye a muchos de los procesos de toma de decisiones y la clericalización de los laicos que frena el impulso misionero. La autoridad – es la esperanza – se vive en una perspectiva de servicio. Sinodal también sea el enfoque del diálogo interreligioso y ecuménico, orientado al conocimiento mutuo y a la ruptura de prejuicios y estereotipos, así como a la renovación de la vida comunitaria y parroquial para acortar la distancia entre los jóvenes-Iglesia y muestre la íntima conexión entre la fe y la experiencia concreta de vida, debe ser también sinodal. Se formalizó la petición reiterada en el Aula de establecer, a nivel de las Conferencias Episcopales, un “Directorio de pastoral juvenil en clave vocacional” que pueda ayudar a los responsables diocesanos y a los agentes locales a cualificar su formación y su acción “con y para los jóvenes”, ayudando a superar una cierta fragmentación de la pastoral de la Iglesia. Reafirmada la importancia de la JMJ, así como la de los centros juveniles y de los oratorios que, sin embargo, deben ser replanteados.

El desafío digital

Hay algunos desafíos urgentes que la Iglesia está llamada a asumir. El Documento Final del Sínodo trata de la misión en el entorno digital: parte integrante de la realidad cotidiana de los jóvenes, una “plaza” donde pasan mucho tiempo y donde se encuentran fácilmente, un lugar esencial para llegar e involucrar a los jóvenes en las actividades pastorales, la web presenta luces y sombras. Si, por un lado, permite el acceso a la información, activa la participación sociopolítica y la ciudadanía activa, por otro, presenta un lado oscuro – el llamado dark web – en el que se encuentran la soledad, la manipulación, la explotación, la violencia, el cyberbulismo y la pornografía. De ahí la invitación del Sínodo a habitar en el mundo digital, promoviendo las potencialidades comunicativas con vistas al anuncio cristiano, y a “impregnar” de Evangelio sus culturas y dinámicas. Se espera que se creen Oficinas y organismos de cultura y evangelización digital que, además de “fomentar el intercambio y la difusión de buenas prácticas, puedan gestionar sistemas de certificación de los sitios católicos, para contrarrestar la difusión de noticias falsas sobre la Iglesia”, emblema de una cultura que “ha perdido su sentido de la verdad”, fomentando la promoción de “políticas y herramientas para la protección de los menores en la red”.

Reconocer y valorar a la mujer en la sociedad y en la Iglesia

El documento evidencia también la necesidad de un mayor reconocimiento y valoración de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, porque su ausencia empobrece el debate y el camino eclesial: hay una urgente necesidad de cambio por parte de todos – se lee – incluso a partir de una reflexión sobre la reciprocidad entre los sexos. Se espera que “haya una presencia femenina en los organismos eclesiales a todos los niveles, incluso en las funciones de responsabilidad” y que “haya una participación femenina en los procesos de toma de decisiones eclesiales con respecto al papel del ministerio ordenado”. “Es un deber de justicia” – afirma el documento – que encuentra su inspiración en Jesús y en la Biblia.

Cuerpo, sexualidad y afectividad

El Documento se detiene sobre el tema del cuerpo, de la afectividad, de la sexualidad: ante los avances científicos que plantean cuestiones éticas, fenómenos como la pornografía digital, el turismo sexual, la promiscuidad, el exhibicionismo en línea, el Sínodo recuerda a las familias y a las comunidades cristianas la importancia de hacer descubrir a los jóvenes que la sexualidad es un don. A menudo la moral sexual de la Iglesia se percibe como “un espacio de juicio y condena”, mientras que los jóvenes buscan “una palabra clara, humana y empática” y “expresan un deseo explícito de confrontación sobre cuestiones relacionadas con la diferencia entre la identidad masculina y la femenina, la reciprocidad entre hombres y mujeres, la homosexualidad”. Los Obispos reconocen el esfuerzo de la Iglesia por transmitir en el contexto cultural actual “la belleza de la visión cristiana de la corporeidad y de la sexualidad”: es urgente buscar “caminos más apropiados, que se traduzcan concretamente en la elaboración de caminos formativos renovados”. “Es necesario proponer a los jóvenes una antropología de afectividad y sexualidad capaz de dar el justo valor a la castidad” para el crecimiento de la persona, “en todos los estados de vida”. En este sentido, es necesario prestar atención a la formación de agentes pastorales creíbles y maduros desde el punto de vista afectivo-sexual. El Sínodo constata también la existencia de “cuestiones relativas al cuerpo, a la afectividad y a la sexualidad que requieren una elaboración antropológica, teológica y pastoral más profunda, que debe llevarse a cabo de la manera más adecuada y en los niveles más adecuados, desde lo local hasta lo universal”. Entre ellas surgen las relacionadas con la diferencia y la armonía entre la identidad masculina y femenina y las inclinaciones sexuales. “Dios ama a cada persona y también a la Iglesia al renovar su compromiso contra toda discriminación y violencia por motivos sexuales”. Igualmente – continúa el Documento – el Sínodo “reafirma la importancia antropológica decisiva de la diferencia y de la reciprocidad entre hombre-mujer y considera reductivo definir la identidad de las personas a partir de su orientación sexual”. Al mismo tiempo se recomienda “fomentar” los “caminos de acompañamiento en la fe, ya existentes en muchas comunidades cristianas”, de “personas homosexuales”. En estos caminos las personas son ayudadas a leer su propia historia; a adherirse libre y responsablemente a su propia llamada bautismal; a reconocer el deseo de pertenecer y contribuir a la vida de la comunidad; a discernir las mejores formas de alcanzarla. De esta manera ayudamos a cada joven, sin excluir a nadie, a integrar cada vez más la dimensión sexual en su personalidad, creciendo en la calidad de las relaciones y caminando hacia “el don de sí”.

Acompañamiento vocacional

Entre los otros desafíos señalados por el Sínodo está también el económico: la invitación de los Padres es a invertir tiempo y recursos en los jóvenes con la propuesta de ofrecerles un período destinado a la maduración de la vida cristiana adulta que “debe permitir un alejamiento prolongado de los ambientes y de las relaciones habituales”. Además, mientras esperamos un acompañamiento antes y después del matrimonio, se alienta la creación de equipos educativos, incluyendo figuras femeninas y matrimonios cristianos, para la formación de seminaristas y personas consagradas, también con el fin de superar las tendencias al clericalismo. Se requiere una atención especial en la acogida de los candidatos al sacerdocio, que a veces tiene lugar “sin un conocimiento adecuado y una relectura profunda de su historia”: “la inestabilidad relacional y afectiva, y la falta de raíces eclesiales son signos peligrosos. Descuidar las normas eclesiales a este respecto – escriben los Padres sinodales – constituye un comportamiento irresponsable, que puede tener consecuencias muy graves para la comunidad cristiana”.

Llamados a la santidad     

“Las diversidades vocacionales – concluye el Documento Final del Sínodo de los Jóvenes – están reunidas en la única y universal llamada a la santidad. Lamentablemente, el mundo está indignado por los abusos de algunas personas de la Iglesia, más que animado por la santidad de sus miembros”, por eso la Iglesia está llamada a “un cambio de perspectiva”: a través de la santidad de tantos jóvenes dispuestos a renunciar a la vida en medio de la persecución para permanecer fieles al Evangelio, puede renovar su ardor espiritual y su vigor apostólico.

El regalo del Papa a los participantes del Sínodo

Finalmente, como recuerdo del Sínodo de los Jóvenes, el Santo Padre ha regalado a todos los participantes una baldosa de bronce en bajorrelieve que representa a Jesús y al joven discípulo amado. Se trata de una obra del artista italiano Gino Giannetti, acuñada por el Estado de la Ciudad del Vaticano, emitida en sólo 460 ejemplares.

Fuente www.vaticannews.va

Hacia el mes misionero extraordinario 2019

Durante el mes de mayo pasado, la Asamblea General de las Obras Misioneras Pontificias presentó una sesión dedicada al Octubre Misionero 2019, revisando el camino recorrido desde la aprobación de la iniciativa por parte del Papa Francisco y subrayando las 4 dimensiones que caracterizan el evento:
1. El encuentro personal con Jesucristo vivo en su Iglesia: Eucaristía, Palabra de Dios, oración personal y comunitaria.
2. El testimonio de los santos y mártires de la misión (canonizados o no).
3. La formación bíblica, catequética, espiritual y teológica para la misión.
4. La caridad misionera como un compromiso de todos para sostener los “costes” de proclamar el Evangelio y de la formación en la fe y la misión, especialmente en las Iglesias más necesitadas.
Luego de que el  domingo 22 de octubre de 2017, Jornada Mundial de las Misiones, el Papa Francisco enviara  una carta al Cardenal Fernando Filoni, Prefecto de la CEP, encomendándole “la tarea de comenzar la preparación de este evento, en particular a través de una amplia concienciación de las Iglesias particulares, de los Institutos de vida consagrada y de las sociedades de vida apostólica, así como asociaciones, movimientos, comunidades y otras realidades eclesiales”. En el Ángelus del mismo domingo, el Papa anunció su deseo de convocar el Mes Misionero Extraordinario en octubre de 2019 para celebrar los 100 años  de la Carta Apostólica “Maximum illud” del Papa Benedicto XV, “para despertar aún más la conciencia de la misión ad gentes y reanudar con renovado entusiasmo la transformación misionera de la vida y de la pastoral”.
El  V Congreso Americano Misionero que acaba  de finalizar en Santa Cruz, Bolivia, dió cuenta del  ánimo formativo y celebrativo para las Américas, en preparación para el Mes misionero extraordinario de octubre 2019 y el Sínodo especial sobre la evangelización en la Amazonía.
En la Misa de clausura del V CAM Bolivia, se realizó la entrega de  banderas con el logo del MME 2019 a los directores nacionales de OMP para que sean llevadas a los paises de las Américas, con el lema “bautizados y enviados”,sencillo gesto que nos deja en sintonía con la Iglesia Universal en proyección al MME 2019.

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Yanira Arias M.

 

“Historia de los CAMs COMLAs”

Camino al #VCAMBolivia, un poco de historia

Honduras en misión, el Evangelio es Alegría

Desde 1 al 3 de junio, en el Centro de Retiros Caná en Tegucigalpa se realizó el Congreso Nacional Misionero. Este evento que tuvo como tema central profundizar la realidad misionera de Honduras y potenciar la dimensión misionera en nuestra Iglesia hondureña, fue también la antesala al V Congreso Americano Misionero (CAM) a realizarse en Bolivia el próximo mes de julio.

En el III Congreso Nacional, organizado por la CONAMI (Comisión Nacional de Misiones) y las OMP, estuvieron presentes todas la diócesis, a través de distintos agentes pastorales y también nuestra compañera Grisel Cabrera quien participará en el V CAM Bolivia.

“AMERICA EN MISIÓN, EL EVANGELIO ES ALEGRÍA”

“Niños, Niñas, Semilla de Esperanza”

El trabajo con la Infancia Misionera que el equipo de animadores está realizando en la parroquia Santa Rita, diócesis de Yoro se está llevando a cabo con la colaboración de los padres de familia. Ellos han sido nuestros colaboradores en todas las actividades que se han hecho. La Infancia misionera está presente en cinco aldeas del sector 3 de nuestra parroquia (Guanchía Cerro, Urraco, Agua Blanca, Sarrosa y Bálsamo) y en cinco comunidades del sector 2 ( Cangrejales, Vertiente, Crucitas, Placido, Capulin).

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El 4 de noviembre se realizó la segunda Asamblea de los niños de la IM del sector 3. Todos los niños fueron recibidos por la comunidad de la Sarrosa. Se inició con una caminata en la cual los anfitriones recibían con una calurosa bienvenida a los demás niños y niñas de las diferentes comunidades, con cantos, lemas que distinguían cada grupo, pancartas, instrumentos de percusión que los mismos niños crearon. De esta manera, se les hizo sentir que son protagonistas de la actividad.  Los padres de familia y los animadores los animaron para que pongan en práctica su creatividad.

El lema de esta asamblea fue: “Niños, Niñas, Semilla de Esperanza”

Este lema hace resaltar que ellos, desde su pequeña edad, están evangelizando a su familia. Por eso, son “Semilla de Esperanza” en este mundo tan convulsionado. Confiamos que gracias el acompañamiento que se les está dando, podrán dentro de poco ser adolescentes que harán la diferencia para un mundo mejor.

Esta actividad es muy importante para los niños y niñas. Es una oportunidad para que puedan compartir, conocer a otros niños y niñas de su misma edad o similar; También ellos van aprendiendo que cuando se trabaja en conjunto se puede lograr muchas cosas y que no se podría estando solos.  Aprenden también a ser tolerantes y a poner en práctica todo lo que se les enseña.

Por fin, ellos y ellas se alegraron con el saludo de los niños y niñas de Perú y de Filipinas correspondiéndoles con un saludo desde Honduras. Así van haciendo realidad el lema de la IM: “DE LOS NIÑOS DEL MUNDO SIEMPRE AMIGOS”

niños Infancia, sector 3

DSC00197.JPGGrisel Cabrera, Misionera Laica asociada a la Sociedad de Misiones Extranjeras de Quebec desde enero de 2017, es originaria de Costa Rica.

 

 

 

La misión en familia

En estos dos últimos años, mi esposa Runy y yo, hemos estado acompañando un grupo de Infancia Misionera en la aldea de Urraco de la Parroquia Santa Rita, Yoro. Lo hemos nombrado  “Misioneros de Cristo” con su lema “Siempre Listos”. Como familia , este trabajo nos ha llevado por un camino lleno de  muchos retos,  muchas tristezas y  también satisfacciones. Hemos aprendido a conocer cada una de las realidades de estos niños y niñas que viven  en situaciones de mucha  pobreza. La mayoría vienen de hogares con un alto grado de desintegración familiar. Muchos de ellos no viven con sus dos padres, algunos  viven  sólo con su madre y otros con algún pariente cercano. Quiero comentarles que hay niños que por el trabajo y ocupaciones  de las personas con quienes viven quedan prácticamente solos en sus hogares. Así es el caso de dos de una niña de   9 años que  va a la escuela por la mañana, mientras su  hermano de 5  años queda solo hasta el mediodía hasta que le llega la hora de  ir a clases en el kinder de la comunidad. En otra familia, la mamá tiene que dejar a cargo de su hija de 7 años a  los dos más pequeños cuando ella debe ir a trabajar o realizar cualquier otro mandado e ir al médico. No todos los niños de Infancia Misionera cuentan con esta realidad, pero estos casos son los  más relevantes y hemos decidido compartirlos ya que esto nos llena de mucha compasión y sobre todo nos impulsa a seguir con la misión.

Contamos con el apoyo del consejo de la Iglesia Católica Virgen del Carmen que se ha convertido en esa alianza fuerte para llevar a cabo este proceso de la infancia en esta comunidad.

Para nosotros como animadores, no ha sido fácil debido a la variedad de  compromisos con los que ya contamos, como lo son: los compromisos  familiares, de trabajo y eclesial.

En algunos  momentos hemos sentido cansancio y desánimo. Pero al ver la acogida de los niños y niñas en nuestra llegada a cada encuentro. Al verlos cuando salen corriendo hacia nosotros con mucha emoción,  mencionando nuestros nombres, nos llenamos de mucha alegría, satisfacción  y deseos de seguir acompañándoles, motivándoles para que sean pequeños grandes colaboradores de la Iglesia y puedan crecer en amistad con Jesús.

Agradecemos a Dios, a los padres y madres de familia, por dejar que acompañemos a sus hijos e hijas, a las jóvenes que se encargan de ir a traer y dejar a los niños en sus casas el día del encuentro, al padre Andrés,  a las misioneras Yanira y Grisel que siempre nos apoyan y acompañan en este importante trabajo y hermoso proceso misionero.

antonio y runyAntonio Cruz y Runy Banegas, matrimonio que trabaja en colaboración con los misioneros de la Sociedad de Misiones Extranjeras en la Parroquia Santa Rita,  viven junto a sus dos hijos en la comunidad de El Bálsamo. Antonio  acompaña a la comunidad de Urraco  como Delegado de la palabra, allí junto a Runy y con la colaboración de algunos jóvenes  animan los encuentros de Infancia Misionera.

 

Teresita, Humana y Santa

Como todo ser humano, Teresa estuvo sujeta a condicionamientos inconscientes en su vida. Vivió la experiencia de un proceso liberador desde el punto psicológico que la condujo a la aceptación de sí misma y por tanto, le dio  capacidad de integrar  de forma madura todas las limitaciones de su historia personal. La santa enseña aprovechar todo para crecer y madurar. Ella asume su propia vida limitada, imperfecta, condicionada por el ambiente familiar, religioso y social, de este modo, se libera de su dominio para convertirse, con la gracia de Dios y por la confianza en EL, en una persona libre que descubre el DIOS  de Jesucristo, fiel y Misericordioso. Tuvo que luchar para superar todo aquello que le impedía ser ella misma. El amor de Dios y la amistad con Él despertaron en ella el dinamismo liberador capaz de orientar todos los condicionamientos hacia la integración psicológica y afectiva.

Para el hombre y mujer de hoy,  atormentados psicológicamente por tantas experiencias negativas en el ambiente familiar y social y que llevan a la angustia y a la inseguridad frente al futuro, Teresa muestra que el miedo ante la incertidumbre de cada día se resuelve abriéndose al amor de Dios y del prójimo. Es así como se va adquiriendo la paz y la alegría de saber que hay un Dios Padre misericordioso que acompaña con su amor y providencia a todos sus hijos e hijas. La santa presenta al mundo enfermo de miedo y de angustia la terapia del amor y la confianza en Dios, servicio y entrega a los demás. Santa Teresita ha descubierto y nos transmite la verdad profunda de un Dios de misericordia que quiere comunicarse plenamente a todos y todas  los que se abran a ÉL. Podemos vivir nuestro cielo en la tierra haciendo el bien a los que nos rodean. Actuar con bondad siempre, buscando lo mejor para los demás. Esa es una manera de alcanzar el cielo.

¡Feliz Fiesta de Santa Teresita del niño Jesús!

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