Homilía del Papa Francisco, Ceremonia de Bienvenida de la JMJ 2019

¡Qué bueno volver a encontrarnos y hacerlo en esta tierra que nos recibe con tanto color y calor! Juntos en Panamá, la Jornada Mundial de la Juventud es otra vez una fiesta de alegría y esperanza para la Iglesia toda y, para el mundo, un enorme testimonio de fe. Me acuerdo que, en Cracovia, algunos me preguntaron si iba a estar en Panamá y les contesté: “yo no sé, pero Pedro seguro va a estar. Pedro va a estar”.

Hoy me alegra decirles: Pedro está con ustedes para celebrar y renovar la fe y la esperanza. Pedro y la Iglesia caminan con ustedes y queremos decirles que no tengan miedo, que vayan adelante con esa energía renovadora y esa inquietud constante que nos ayuda y moviliza a ser más alegres y disponibles, más “testigos del Evangelio”. Ir adelante no para crear una Iglesia paralela un poco más “divertida” o “cool” en un evento para jóvenes, con algún que otro elemento decorativo, como si a ustedes eso los dejara felices. Pensar así sería no respetarlos y no respetar todo lo que el Espíritu a través de ustedes nos está diciendo.

¡Al contrario! Queremos reencontrar y despertar junto a ustedes la continua novedad y juventud de la Iglesia abriéndonos a un nuevo Pentecostés (cf. SÍNODO SOBRE LOS JÓVENES, Doc. final, 60). Eso solo es posible, como lo acabamos de vivir en el Sínodo, si nos animamos a caminar escuchándonos y a escuchar complementándonos, si nos animamos a testimoniar anunciando al Señor en el servicio a nuestros hermanos; servicio concreto, se entiende.

Sé que llegar hasta aquí no ha sido nada fácil. Conozco el esfuerzo, el sacrificio que realizaron para poder participar en esta Jornada. Muchos días de trabajo y dedicación, encuentros de reflexión y oración hacen que el camino sea en gran medida la recompensa. El discípulo no es solamente el que llega a un lugar sino el que empieza con decisión, el que no tiene miedo de arriesgar y ponerse a caminar. Esa es su mayor alegría, estar en camino. Ustedes no tuvieron miedo de arriesgar y caminar.

Hoy podemos “estar de rumba”, porque esta rumba comenzó hace ya mucho tiempo en cada comunidad.  Venimos de culturas y pueblos diferentes, hablamos lenguas diferentes, usamos ropas diferentes. Cada uno de nuestros pueblos ha vivido historias y circunstancias diferentes. ¡Cuántas cosas nos pueden diferenciar!, pero nada de eso impidió poder encontrarnos y sentirnos felices por estar juntos. Eso es posible porque sabemos que hay algo que nos une, hay Alguien que nos hermana. Ustedes, queridos amigos, han hecho muchos sacrificios para poder encontrarse y así se transforman en verdaderos maestros y artesanos de la cultura del encuentro.

Con sus gestos y actitudes, con sus miradas, sus deseos y especialmente con su sensibilidad desmienten y desautorizan todos esos discursos que se concentran y se empeñan en sembrar división, en excluir o expulsar a los que “no son como nosotros”. Y esto porque tienen ese olfato que sabe intuir que «el amor verdadero no anula las legítimas diferencias, sino que las armoniza en una unidad superior» (BENEDICTO XVI, Homilía, 25 enero 2006).

Por el contrario, sabemos que el padre de la mentira prefiere un pueblo dividido y peleado, a un pueblo que aprende a trabajar juntos.  Ustedes nos enseñan que encontrarse no significa mimetizarse, ni pensar todos lo mismo o vivir todos iguales haciendo y repitiendo las mismas cosas, escuchando la misma música o llevando la camiseta del mismo equipo de fútbol. No, eso no. La cultura del encuentro es un llamado e invitación a atreverse a mantener vivo un sueño en común.

Sí, un sueño grande y capaz de cobijar a todos. Ese sueño por el que Jesús dio la vida en la cruz y el Espíritu Santo se desparramó y tatuó a fuego el día de Pentecostés en el corazón de cada hombre y cada mujer, en el tuyo y en el mío, a la espera de que encuentre espacio para crecer y desarrollarse. Un sueño llamado Jesús sembrado por el Padre con la confianza que crecerá y vivirá en cada corazón. Un sueño que corre por nuestras venas, estremece el corazón y lo hace bailar cada vez que los escuchamos: «Ámense los unos a los otros.

Así como yo los he amado, ámense también ustedes. En eso todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13,3435). A un santo de estas tierras le gustaba decir: «el cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, o de prohibiciones. Así resulta muy repugnante. El cristianismo es una Persona que me amó tanto, que reclama y pide mi amor.

El cristianismo es Cristo» (cf. S. OSCAR ROMERO, Homilía, 6 noviembre 1977); es desarrollar el sueño por el que dio la vida: amar con el mismo amor que nos ha amado.  Nos preguntamos: ¿Qué nos mantiene unidos? ¿Por qué estamos unidos? ¿Qué nos mueve a encontrarnos? La seguridad de saber que hemos sido amados con un amor entrañable que no queremos y no podemos callar y nos desafía a responder de la misma manera: con amor. Es el amor de Cristo el que nos apremia (cf. 2 Co 5,14).  Un amor que no “patotea” ni aplasta, un amor que no margina ni calla, un amor que no humilla ni avasalla. Es el amor del Señor, amor cotidiano, discreto y respetuoso, amor de libertad y para la libertad, amor que sana y levanta.

Es el amor del Señor que sabe más de levantadas que de caídas, de reconciliación que de prohibición, de dar nueva oportunidad que de condenar, de futuro que de pasado. Es el amor silencioso de la mano tendida en el servicio y la entrega que no se pavonea.  ¿Creés en este amor? ¿Es un amor que vale la pena? Fue la misma pregunta e invitación que recibió María. El ángel le preguntó si quería llevar este sueño en sus entrañas y hacerlo vida, hacerlo carne. Ella dijo: «He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). María se animó a decir “sí”.

Se animó a darle vida al sueño de Dios. Y es lo mismo que el ángel te quiere preguntar a vos, a vos, a mí: ¿querés que este sueño tenga vida? ¿Querés darle carne con tus manos, con tus pies, con tu mirada, con tu corazón? ¿Querés que sea el amor del Padre el que te abra nuevos horizontes y te lleve por caminos jamás imaginados y pensados, soñados o esperados que alegren y hagan cantar y bailar al corazón? ¿Nos animamos a decirle al ángel, como María: he aquí los siervos del Señor, hágase? Queridos jóvenes: Lo más esperanzador de esta Jornada no será un documento final, una carta consensuada o un programa a ejecutar. Lo más esperanzador de este encuentro serán vuestros rostros y una oración. Cada uno volverá a casa con la fuerza nueva que se genera cada vez que nos encontramos con los otros y con el Señor, llenos del Espíritu Santo para recordar y mantener vivo ese sueño que nos hermana y que estamos invitados a no dejar que se congele en el corazón del mundo: allí donde nos encontremos, haciendo lo que estemos haciendo, siempre podremos levantar la mirada y decir: Señor, enséñame a amar como tú nos has amado —¿se animan a repetirlo conmigo?—. Señor, enséñame a amar como tú nos has amado.

No podemos terminar este primer encuentro sin agradecer. Gracias a todos los que han preparado con mucha ilusión esta Jornada Mundial de la Juventud. Gracias por animarse a construir y hospedar, por decirle “sí” al sueño de Dios de ver a sus hijos reunidos. Gracias Mons. Ulloa y todo su equipo por ayudar a que Panamá hoy sea no solamente un canal que une mares, sino también canal donde el sueño de Dios siga encontrando cauces para crecer y multiplicarse e irradiarse en todos los rincones de la tierra. Amigos, que Jesús los bendiga y Santa María la Antigua los acompañe siempre, para que seamos capaces de decir sin miedo, como ella: «Aquí estoy. Hágase».

II JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

2018_jornada_mundial_pobres_banner-300x300Este pobre gritó y el Señor lo escuchó (Sal 34,7)

(Ex. 3, 7) El Señor escucha a los pobres que claman a él y es bueno con aquellos que buscan refugio en Él con el corazón destrozado por la tristeza, la soledad y la exclusión. Escucha a todos los que son atropellados en su dignidad y, a pesar de ello, tienen la fuerza de alzar su mirada al cielo para recibir luz y consuelo. Escucha a aquellos que son perseguidos en nombre de una falsa justicia, oprimidos por políticas indignas de este nombre y atemorizados por la violencia; y aun así saben que Dios es su Salvador. Lo que surge de esta oración es ante todo el sentimiento de abandono y confianza en un Padre que escucha y acoge.

El salmo 34 describe con tres verbos la actitud del pobre y su relación con Dios. Ante todo, gritar”. Su grito atraviesa los cielos y llega hasta Dios. Podemos preguntarnos: ¿Cómo es que este grito, que sube hasta la presencia de Dios, no consigue llegar a nuestros oídos, dejándonos indiferentes e impasibles?

Necesitamos hacer silencio para escuchar y reconocer su voz.  Para esto, necesitamos descentrarnos de nosotros mismos para no caer en complacernos con nuestras iniciativas sino en la acogida del clamor del pobre. Estamos tan atrapados por una cultura que obliga a mirarse al espejo y a preocuparse excesivamente de sí mismo, que pensamos que basta con un gesto de altruismo para quedarnos satisfechos, sin tener que comprometernos directamente.

No podemos cerrarnos a la voz del pobre porque la sentimos como reproche.  Con frecuencia el rechazo está alimentado por una fobia hacia los pobres, a los que se les considera no solo como personas indigentes, sino también como gente portadora de inseguridad, de inestabilidad, de desorden para las rutinas cotidianas y, por lo tanto, merecedores de rechazo y exclusión.

Nuestro modo de vivir y el del mundo… elogia, sigue e imita a quienes tienen poder y riqueza, mientras margina a los pobres, considerándolos un desecho y una vergüenza.

El segundo verbo es “responder”. El Señor no solo escucha el grito del pobre, sino que le responde. Su respuesta es una participación comprometida y llena de amor en la condición del pobre.  La respuesta de Dios es también una invitación a que todo el que cree en él obre de la misma manera, dentro de los límites humanos.

El tercer verbo es “liberar”. La pobreza no es algo buscado, sino que es causada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia. Males tan antiguos como el hombre, pero que son siempre pecados, que afectan a tantos inocentes, produciendo consecuencias sociales dramáticas…. «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo» (Exhort. ap. E.G.187).

Nuestro compromiso

Como cristianos, nos mueve la fe y el imperativo de la caridad, aunque sabemos reconocer otras formas de ayuda y de solidaridad que, en parte, se fijan los mismos objetivos; pero no descuidemos lo que nos es propio, a saber, llevar a todos hacia Dios y hacia la santidad. Una respuesta adecuada y plenamente evangélica que podemos dar es el diálogo entre las diversas experiencias y la humildad en el prestar nuestra colaboración sin ningún tipo de protagonismo.

En relación con los pobres, no se trata de jugar a ver quién tiene el primado en el intervenir, sino que con humildad podamos reconocer que el Espíritu suscita gestos que son un signo de la respuesta y de la cercanía de Dios. Cuando encontramos el modo de acercarnos a los pobres, sabemos que el primado le corresponde a él, que ha abierto nuestros ojos y nuestro corazón a la conversión. Lo que necesitan los pobres no es protagonismo, sino ese amor que sabe ocultarse y olvidar el bien realizado. Los verdaderos protagonistas son el Señor y los pobres. Quien se pone al servicio es instrumento en las manos de Dios para que se reconozca su presencia y su salvación.

La colaboración en iniciativas que no vienen de nosotros, que no están motivadas por la fe sino por la solidaridad humana, nos permite brindar una ayuda que solos no podríamos realizar. Reconocer que, en el inmenso mundo de la pobreza, nuestra intervención es también limitada, débil e insuficiente, nos lleva a tender la mano a los demás, de modo que la colaboración mutua pueda lograr su objetivo con más eficacia.

Los pobres ponen en crisis nuestra indiferencia, fruto de una visión de la vida excesivamente inmanente y atada al presente.

Del mensaje del santo Padre Francisco en la  II Jornada Mundial de los Pobres

Texto completo:MENSAJE PAPA FRANCISCO II JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

Otros textos de interés:

 Opción por los pobres Jon Sobrino

La Iglesia pobre con la opción por los pobres Agustin Ortega

IV Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación

Hoy, 1 de septiembre celebramos la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, la cual da inicio al Tiempo de la Creación. El Papa Francisco ha presentado una nueva declaración para la jornada de oración, haciendo un llamado a una “renovada y sana relación entre la humanidad y la creación” y nos pide poner especial atención al problema del agua. LEE LA DECLARACION DEL PAPA

Hoy en todo el planetael mundo cristiano  se une en oración y te invitamos a decir esta oración de la Laudato Si’.

Oración por nuestra tierra

Dios omnipotente, que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas
sin dañar a nadie.
Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo
y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.
Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa,
a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos
con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días.
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha
por la justicia, el amor y la paz.

 

 

“Historia de los CAMs COMLAs”

Camino al #VCAMBolivia, un poco de historia

Creamos novedades

¿Qué será de este año 2018? Tenemos motivos para preocuparnos. En nuestro país, no sólo nos inquieta lo desconocido. También nos habita el fantasma de los conflictos que se han originado desde un poder absoluto que se impone a la fuerza.

Sin embargo, lo nuevo no sólo inquieta, también nos atrae porque está lleno de posibilidades:  posibilidades de abrir caminos nuevos e inéditos, posibilidades de ejercer nuestra creatividad, posibilidades de crecer en humanidad venciendo lo que la amenaza y la destruye, posibilidades de acercarnos a Dios con un corazón renovado.

2018

Este año será lleno de pequeños y grandes acontecimientos tanto a nivel personal como colectivo. En cada uno de ellos, se nos ofrecerá la posibilidad de transformar estos hechos en oportunidades para vivir nuestra vocación como hombre/mujer y como discípulo(a) de Jesús, y para abrirnos a la única “Novedad” que Él nos trae.

¡Que Dios les permita realizar sus mejores deseos, satisfacer sus necesidades y encontrar respuesta a sus búsquedas! ¡Que este año que comienza sea realmente nuevo y bueno para todos ustedes!

¡Muchas Felicidades!

 

2° Domingo de Adviento

El profeta Isaías y Juan el Bautista nos invitan a abrir caminos de luz.

Consuelen, consuelen a mi pueblo; hablen al corazón de Jerusalén, grítenle, que … está pagado su crimen… “Una voz grita: “En el desierto prepárenle un camino al Señor; allanen en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos, porque ha hablado la boca del Señor. Isaías 40:3-5

CAMINO DE LUZ

¡Qué mensaje tan hermoso y lleno de esperanza para un pueblo que vive cautivo en tierra extranjera y que está sometido a los poderes déspotas de rey de Babilonia!

 

Preparemos hoy un camino de liberación, que las honduras se rellenen, que las alturas se nivelen, que las curvas se enderecen, que las desigualdades se igualen y que la corrupción sea eliminada. “Ha hablado la boca del Señor”

1°Domingo de Adviento. 

Iniciamos este período de Adviento en este momento difícil de nuestra historia. La Palabra de Dios de este domingo nos invita a velar. Hoy más que nunca necesitamos estar vigilando. No podemos vivir como si no pasara nada o hacer como el avestruz que ante un problema pone la cabeza bajo la arena. Preparándonos a la Navidad, hay que despertar a una esperanza viva y ella se manifiesta como indignación moral ante el abuso de poder, la violencia institucional y la mentira erigida en sistema.

“La injusticia me subleva, ciertamente. Y pienso que debería sublevar a todos los hijos de Dios” Pedro Casaldaliga

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Teresita, Humana y Santa

Como todo ser humano, Teresa estuvo sujeta a condicionamientos inconscientes en su vida. Vivió la experiencia de un proceso liberador desde el punto psicológico que la condujo a la aceptación de sí misma y por tanto, le dio  capacidad de integrar  de forma madura todas las limitaciones de su historia personal. La santa enseña aprovechar todo para crecer y madurar. Ella asume su propia vida limitada, imperfecta, condicionada por el ambiente familiar, religioso y social, de este modo, se libera de su dominio para convertirse, con la gracia de Dios y por la confianza en EL, en una persona libre que descubre el DIOS  de Jesucristo, fiel y Misericordioso. Tuvo que luchar para superar todo aquello que le impedía ser ella misma. El amor de Dios y la amistad con Él despertaron en ella el dinamismo liberador capaz de orientar todos los condicionamientos hacia la integración psicológica y afectiva.

Para el hombre y mujer de hoy,  atormentados psicológicamente por tantas experiencias negativas en el ambiente familiar y social y que llevan a la angustia y a la inseguridad frente al futuro, Teresa muestra que el miedo ante la incertidumbre de cada día se resuelve abriéndose al amor de Dios y del prójimo. Es así como se va adquiriendo la paz y la alegría de saber que hay un Dios Padre misericordioso que acompaña con su amor y providencia a todos sus hijos e hijas. La santa presenta al mundo enfermo de miedo y de angustia la terapia del amor y la confianza en Dios, servicio y entrega a los demás. Santa Teresita ha descubierto y nos transmite la verdad profunda de un Dios de misericordia que quiere comunicarse plenamente a todos y todas  los que se abran a ÉL. Podemos vivir nuestro cielo en la tierra haciendo el bien a los que nos rodean. Actuar con bondad siempre, buscando lo mejor para los demás. Esa es una manera de alcanzar el cielo.

¡Feliz Fiesta de Santa Teresita del niño Jesús!

SantaTeresitaDelNinoJesus-1-OCTUBRE

 

Envío Misionero de Gabriela Judith McCarthy

El día de ayer 18 de Julio, fue un día de mucha felicidad para nuestra familia misionera en Honduras y en todos los paises donde tenemos presencia, ya que todos desde nuestro lugar acompañamos a nuestra nueva compañera Gaby quien recibió su envío misionero para ir a Brasil, donde ha sido nombrada por cuatro años como misionera laica asociada a la Sociedad de Misiones Extranjeras de Quebec. Gaby pertenece a la Arquidiócesis de Tegucigalpa e irá a trabajar en la Arquidiócesis de Manaos en Brasil, hacia donde pronto emprenderá su vuelo para vivir su vocación. Nuestro Grupo de la SME en Honduras le desea lo mejor en esta etapa del camino que comienza a vivir, a la distancia la acompañamos y esperamos recibir tus noticias, BIENVENIDA!!!

Homilía en la misa de envío misionero de Gabriela McCarthy 

Como obispo, tengo un defecto profesional: me gusta la Biblia. Por eso, le pongo a la Palabra de Dios mucha atención en las homilías, sobre todo cuando hay un acontecimiento especial y cuando la persona implicada ha escogido las lecturas, como Gaby lo ha hecho para hoy.

 La primera lectura contiene el segundo cántico del Siervo del Señor, que puede llevar como título: la misión. Antes de realizar la misión, el Siervo ha sido llamado desde el seno de su madre. No fue consciente de ello hasta que llegó a ser joven, pero en la mente de Dios estaba presente. Dios lo transforma para hacer de él su mensajero. “Hizo de mi boca una espada afilada, me hizo flecha puntiaguda.” Y me dijo: “Tú eres mi siervo – Israel – de quien estoy orgulloso.” De seguro Gaby, te sientes muy pequeña al momento de ser enviada por la Iglesia como misionera. Como dice san Pablo: “El poder de Dios se realiza en la debilidad.” No somos dignos de ser enviados; sin embargo es Jesucristo que nos envía y nos da fuerza para realizar su misión. “Mi Dios fue mi fuerza”, dice Isaías. Hay que volver siempre a la raíz de nuestra vocación misionera. Uno no se la da a sí mismo, sino que la recibe de Dios. La misión no nos pertenece, es la misión de Dios. Tenemos que ser fieles a Dios y ser responsables de esa misión ante Dios. No se trata de hacer en la misión lo que a uno le da la gana. Además es una misión que supera nuestro entendimiento y nuestras capacidades humanas. A menudo hablamos de ser profetas: no es nada fácil. Se aprende en la escuela de la oración y del diálogo. Además la misión es universal. “Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.” Es una misión sin fronteras, sin límites. Gaby, serás testigo de esa misión en Brasil. Te preguntarán los amazonenses: ¿por qué viniste aquí? Tu respuesta siempre deberá estar en relación con Jesús, el misionero del Padre.

En el salmo responsorial, el salmista no sabe cómo será su propio futuro. Está seguro, sin embargo, de que si los peligros son grandes, la mano de Dios lo salvará porque su amor es eterno. Dios no abandona nunca la obra de sus manos. Puedes estar segura, Gaby, que Dios no te abandonará nunca.

San Lucas en su Evangelio dice a sus discípulos, que eran sólo doce al principio: “No temas, pequeño rebaño.” Me gusta esta expresión. Nos hace ver que la Iglesia es muchas veces una minoría, pero una minoría calificada, que debe ser sal de la tierra y luz del mundo. Además quien dice rebaño dice pastor. Jesús es el pastor de ese pequeño rebaño. Y las ovejas tienen que ser pastoras como su pastor. Los pioneros de la Sociedad que nos precedieron en la China, en Filipinas, en Cuba, en Japón y en Honduras fueron trabajadores infatigables y creativos, que pusieron el Evangelio al alcance de todos.

Gaby, como nueva misionera, deberá priorizar el Evangelio, entre todas las actividades que realizará. Si un día no tienes tiempo para ir al internet, o para ver las redes sociales, o si no hay señal para tu celular, tranquila, no te preocupes! Sólo Dios basta. No debes contentarte tampoco con cumplir sólo lo que te pidan o regirte por la ley del mínimo esfuerzo. No puedes sufrir de pereza apostólica. Se debe notar en ti tu fervor misionero, tu pasión por la misión y por el Señor de la misión. Cada día pregúntate: ¿Cómo voy a ser presente hoy en medio del pueblo brasileño? ¿Cómo voy a hacer presente hoy a Jesús en medio del pueblo brasileño?

“No temas, pequeño rebaño, porque el Padre de ustedes ha decidido darles el reino.” Gaby, Jesús te invita a no tener miedo. El miedo paraliza. El miedo nos impide actuar. El miedo es lo contrario de la confianza. Pon tu confianza en Dios, que te va a dar el Reino. Con Dios todo es posible.

Luego Jesús nos exhorta a no poner nuestro corazón en las riquezas, sino a compartirlas con los necesitados. “Donde está tu tesoro, allí también estará tu corazón.” (Lc 12,34). Es un gran sacrificio dejar su familia, su país, su profesión, sus bienes, para salir como lo hizo Abraham, sin saber a dónde iba. Es un gran sacrificio también para tus papás, tus familiares, tus amigos. Pero Jesús te hace más fácil ese sacrificio cuando puedes llevar en tu corazón a Brasil a tus seres queridos familiares. Son tus mejores aliados.

En su carta a los Romanos, san Pablo establece normas de vida cristiana. Entre ellas prevalecen la unidad y la armonía en la comunidad. Las relaciones humanas dentro de una comunidad o de un pequeño grupo misionero son siempre un desafío. Cuando estaba en la Probación en Quebec, yo sufrí porque uno de mis compañeros nunca respondía a mi saludo. Un día hablé de eso con otro compañero y me dijo: “No te preocupes, él es así con casi todo el mundo.” Me sentí aliviado. Creo que el mayor reto en la vida misionera de cada día es la vida dentro un equipo misionero. La misión es al mismo tiempo una conversión. Si cada uno hace un esfuerzo para vencer su egoísmo, su individualismo, su indiferencia, la vida comunitaria deja de ser un infierno y se vuelve un signo para la gente de afuera que nos ve actuar y que detecta fácilmente si algo no va bien en el equipo. Gaby, te invito a vivir de buena gana esa vida de equipo en el grupo local de Brasil y en tu pequeño equipo misionero.

En la segunda lectura, san Pablo recomienda una serie de actitudes que son una consecuencia de la vivencia del Evangelio. No voy a desarrollar aquí cada una. Basta decir que el amor cristianas tiene muchas facetas y que el testimonio cristiano es el primer medio para evangelizar. Gaby, sé una fiel y alegre testigo de Cristo.

La Eucaristía es el sacramento privilegiado de todo cristiano y de todo misionero. Es la fuente y la cumbre de toda evangelización. Que sea tu alimento, Gaby, en la comunidad cristiana del área misionera de Manaus donde estarás viviendo. ¡Que María Santísima, la Virgen de Suyapa, te acompañe como Madre tuya y discípula fiel de Jesús!

Vamos ahora a pasar, hermanos, al compromiso misionero que Gaby va a pronunciar, dentro de la gran familia de la Sociedad de Misiones Extranjeras de Quebec. Les pido a ustedes que oren por ella, no sólo ahora, sino cada día, y a quedar en contacto con ella. Hoy hay tantos medios baratos y fáciles para hacerlo. No la olvidemos cuando ella esté lejos.

Monseñor Guido Charbonneau, Obispo de Choluteca.